El júbilo de la política
Por Ernesto Alonso Sánchez Carbajal.
Al leer la correspondencia entre Luis H. Álvarez y Manuel Gómez Morin se despierta un profundo interés por entender más del entorno político y el trabajo que los panistas realizaron durante décadas, las cuales eran complejas para la participación de una fuerza política con ideas que se contraponían al oficialismo, es en este intercambio en el que se sustenta “La política: júbilo y esperanza”, bajo la autoría de Luis H. Álvarez.
La esperanza como un referente de la vida política y la utilización del término en diversas campañas ha sido reiterativa; no obstante, ver a la política como una causa definida por la alegría en su acción es un ingrediente, que podría aseverar, pocas veces ha sido retomado.
Es por ello que el libro de uno de los hombres más trascendentales en la historia del Partido, como lo es Luis H. Álvarez, sumado a las ideas del fundador del PAN, Manuel Gómez Morin, dan forma a un texto que presenta una perspectiva distinta de la política, visto desde sus entrañas, de un panorama más personal y muy enriquecedor.
La forma en que el autor narra cómo un ciudadano sin participación en la vida política conoció a Manuel Gómez Morín, cuando asistía a una reunión donde se elegiría a los precandidatos a la gubernatura de Chihuahua, en 1956, y como este hombre bien conocido por su prestigio, como Don Luis lo cuenta, le hace el ofrecimiento de ser uno de los precandidatos que contenderían para ser el abanderado del PAN en la gubernatura; nos acerca a la visión ciudadana de Acción Nacional.
En este texto, Luis H. Álvarez nos introduce a la correspondencia que se llevó a cabo en distintas etapas; iniciando con su candidatura a la gubernatura y posteriormente al ser candidato a la Presidencia de México; misivas de suma relevancia definen interesantes momentos dentro de la campaña presidencial de don Luis en 1958. Posteriormente, nos lleva a leer parte de la acción cívica de los panistas en un contexto complejo, lleno de abusos, persecución y señalamientos por parte de la hegemonía partidista.
En esta constante comunicación entre Manuel Gómez Morin y Luis H. Álvarez se disfruta el real y genuino compromiso de dos ciudadanos, que son parte esencial del Partido para abrir brecha en la incipiente democracia mexicana de ese tiempo.
El intercambio de ideas despierta un interés intelectual, invita a que podamos saber más de la biografía de estos hombres definitorios en la vida del Partido y otros a los cuales se hace referencia.
Es enriquecedor leer como dos grandes ideólogos intercambiaban ideas que serían impresas posteriormente en las páginas del órgano informativo oficial del Partido.
En estas cartas que Luis H. Álvarez nos acerca, se despierta de nuevo la esperanza que todo ciudadano debe tener para buscar siempre lo mejor para su país, pero acompañada de un elemento que muchas veces nos hemos olvidado tomar en cuenta en el entorno político: el júbilo, la satisfacción por el deber cumplido.