El fracaso económico del PRI: inflación con devaluación
Por Salomón Guzmán.
No cabe duda, los gobiernos del PRI se caracterizan, a parte de la corrupción y demagogia, por crisis económicas, inflación sin control, devaluación y endeudamiento. Peña Nieto no es la excepción en ningún caso.
Actualmente, el INEGI utiliza 283 conceptos de consumo para la elaboración del INPC, éstos se agrupan en ocho renglones por objeto del gasto, que a su vez se clasifican en subyacente y no subyacente. En la clasificación de subyacente, el cual tiene una ponderación de 77 por ciento, se encuentran las mercancías y servicios, y dentro del no subyacente, el cual tiene una ponderación de 23 por ciento, se encuentran los agropecuarios, energético y tarifas del gobierno.
En 2017, la economía mexicana ocupa el segundo lugar de entre 35 economías de la OCDE con la mayor tasa de inflación. En enero y febrero, tanto para el consumidor como para el productor, el incremento de precios es el más alto desde 2011, se ubican en 4.86 y 9.46 por ciento. Desde 2015 hasta febrero de 2017, la velocidad en el incremento de precios para los productores es mayor al incremento de precios para los consumidores, es probable que esta situación sea reflejo de los efectos negativos de la devaluación del peso sobre los insumos necesarios para la producción, entre ellos la gasolina y las tarifas eléctricas.
Por otra parte y de acuerdo con los niveles de ingreso de la población, en febrero la inflación para los hogares que ganan hasta un salario mínimo, de entre 1 y 3, de entre 3 y 6, y más de 6 salarios mínimos se ubicó en 4.10, 3.9, 4.5 y 5.2 por ciento. Los efectos negativos de la inflación recaen en su mayoría sobre aquellos hogares cuyo ingreso familiar es mayor a los 6 salarios; esta situación es grave si se recuerda que estos hogares son los que poseen mayores posibilidades de acceder a la compra de bienes duraderos, por ejemplo, refrigeradores.
Por si fuera poco, los precios de la canasta básica de consumo para la población incrementaron 7.65 por ciento, tasa mayor desde inicios de la crisis de 2008. Además, las principales ciudades fronterizas del país experimentan las mayores tasas inflacionarias en el mes de febrero. Por ejemplo, Ciudad Juárez y Mexicali con porcentajes del 5.7 y 6.95 por ciento, señal clara de los efectos negativos de la devaluación del peso, la cual encarece los productos importados del exterior y reduce el poder adquisitivo de la moneda.
También se muestra, con información de CONEVAL, que desde la llegada de Peña Nieto a Los Pinos hasta enero de este año, el incremento acumulado del costo de la canasta alimentaria, de las zonas urbanas y rurales, es cercano al 19 por ciento, es decir cerca del 5 por ciento anual, cifra por encima del incremento de los precios de la economía en su conjunto.
En el gráfico 1 puede observarse la relación de la devaluación del peso con el incremento de precios. Durante 2014, el tipo de cambio promedio fue 13 pesos por dólar, mientras que la tasa de inflación promedio del consumidor y productor fue de 4 y 2.6 por ciento. Por su parte, desde inicios de 2015 el tipo de cambio promedio fue de 17.54 pesos y las tasas de inflación promedio del consumidor y productor fue del 2.93 y 4.71 por ciento.
Al depreciarse de un periodo a otro 32 por ciento el peso frente al dólar, la velocidad con la que incrementaron los precios para el productor fue mayor el aumento de precios para el consumidor. En consecuencia, en los últimos meses la devaluación del peso afecta más a los productores que a los consumidores, de ahí el traspaso hacia mayores incrementos de los precios para los consumidores, sin que el gobierno de Peña Nieto haga algo para contener dicha situación.
Si la devaluación del peso no cede y sigue en ascenso, es probable que en periodos posteriores se presente una espiral inflacionaria con mayor velocidad, que va del productor al consumidor, riesgo grave para la dinámica de la economía mexicana en su conjunto y para los hogares con menores ingresos.
En otro aspecto, durante la segunda quincena de febrero de este año, de entre los principales alimentos que consumen los mexicanos, el precio de la tortilla de maíz y la leche pasteurizada incrementaron con relación al mismo periodo de 2016, 8.4 y 5.05 por ciento. El costo de la vivienda, los precios del gas LP y natural incrementaron el 9 y 31 por ciento, situación difícil para los hogares mexicanos. Los medicamentos, los precios de los antibióticos, para la diabetes y los antiinflamatorios, incrementaron 10.2, 11.5 y 9 por ciento. Los precios de las gasolinas, la de bajo y alto octanaje incrementaron 26 y 31 por ciento. Los gastos en educación, los precios de los artículos necesarios incrementaron poco más del 7 por ciento y, por último, los precios de los muebles para cocina en cerca del 17 por ciento, aproximadamente.
El problema de la devaluación del peso tiene impactos negativos sobre los productores, en los costos de la vivienda, en las gasolinas, en las medicinas y en los hogares ubicados en las principales ciudades fronterizas.