El fracaso de la política económica de Peña Nieto
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Por Sergio Rodriguez
Por Hugo Venancio Castillo.
Al inicio del periodo de la administración de Peña Nieto en el año 2013, la expectativa futura entre los principales actores nacionales e internacionales por una nueva realidad económica iba en ascenso. Se creía que la economía, el ingreso de los hogares mexicanos y la brecha de la pobreza seguiría mejorando de manera sostenida con la aprobación futura de las reformas estructurales que el país requería, es decir, lo único que se necesitaba eran nuevas reglas de competitividad para que la economía tomara un nuevo cambio estructural creciente y positivo.
En ese mismo tenor de esperanza a ciegas por el regreso del PRI a Los Pinos, se creía que las inversiones extranjeras inundarían la economía mexicana en un periodo relativamente corto y, en consecuencia, pasaríamos directamente a ser una economía como la de los tigres asiáticos en sus mejores épocas, con tasas de crecimiento económico promedio por encima del cinco por ciento anual.
De esa forma, el nuevo presidente contaba, por si fuera poco, con todo el respaldo de la estabilidad macroeconómica heredada por parte de la administración del presidente Calderón, la cual permitió sortear la mayor crisis de los últimos setenta años, así como de los principales programas sociales que poco a poco fueron haciendo frente al rezago de la pobreza de los hogares.
Sin embargo, la preocupación por la aprobación de las reformas estructurales, las cuales permitirían el crecimiento de largo plazo en teoría, cegaron la visión por el crecimiento económico de corto y mediano plazo, y en el andar de la administración de Peña Nieto, dos principales hechos desviaron la trayectoria del crecimiento económico durante 2013 y 2014: el freno del gasto público y la política fiscal tóxica.
Si bien la política monetaria y cambiaria venían operando de manera eficiente frente a shocks internos y externos, inflación cercana a la meta del tres por ciento con una ligera subvaluación del peso frente al dólar americano, y la economía, al final de la administración del presidente Calderón, había experimentado una tasa de crecimiento económico promedio cercana al cinco por ciento anual, una política fiscal responsable que permitiera incentivar el gasto de los hogares y las empresas era lo esperado para que la economía mexicana siguiera creciendo en el corto plazo, es decir, en los siguientes dos años.
Pero lo anterior no sucedió, sino todo lo contrario. Con cifras de la Secretaría de Hacienda, el subejercicio del gasto público durante el primer trimestre de 2013 fue el de menor nivel desde 1994, es decir, el gasto público disminuyó 10.4 por ciento entre enero y marzo, para después mantenerse este mismo comportamiento hasta el cierre del año.
Por su parte, para el año 2014, se aprobaron una serie de incrementos de impuestos para las familias y empresas mexicanas que impactaron negativamente la dinámica del mercado interno. Los resultados económicos finales al cierre de 2014 son una muestra clara de que las cosas se han hecho mal y que la visión del crecimiento económico de corto y mediano plazo no se tuvo en cuenta, aún con las reformas aprobadas en 2014 y que el panorama se ha tornado más complicado frente a los desequilibrios en los mercados financieros y cambiarios internacionales.
Haciendo un recuento comparativo entre los años 2014, 2013 y 2012, se puede verificar la gravedad de los efectos de la política fiscal tóxica de Peña Nieto. De acuerdo al INEGI, la tasa de desempleo promedio anual, tanto nacional como urbana durante 2013 fue del 4.91 y 5.72 por ciento, mientras que en el periodo de enero-noviembre de 2014, de 5.72 y 6.0 por ciento, respectivamente.
La tasa de crecimiento promedio de la actividad económica total (IGAE) en 2012 fue de 4.6 por ciento, mientras que de enero a noviembre de 2014 de 1.7, aproximadamente; la variación anual acumulada del indicador mensual del consumo privado en el mercado interior en 2012 fue de 7.12 y durante el periodo mencionado del año 2014 de 1.93 por ciento.
La inversión fija bruta en 2012 creció 5.6, mientras que en el año 2014, la caída fue de -0.8 por ciento; la confianza del consumidor durante todo el 2014 experimentó una caída de -4.7; la inflación promedio durante 2014 fue del 4.02 muy por encima de la meta del 3.0 por ciento del Banco Central Mexicano; la volatilidad del peso frente al dólar (interbancario) aumentó en el último trimestre de 2014, 7.4 por ciento y los requerimientos financieros del sector público incrementaron cinco puntos porcentuales del PIB en apenas dos años de gestión de Peña
Por su parte, al tercer trimestre de 2014, la inversión extranjera directa disminuyó 60 por ciento, en relación al mismo trimestre de 2013, aproximadamente.
En resumen, las condiciones económicas del país son preocupantes: estancamiento económico, desconfianza de los consumidores, mayores impuestos, menor inversión productiva, inflación alta, mayor volatilidad cambiaria, mayores niveles de deuda y menor entrada de inversión extranjera directa son las principales características económicas que dominaron la realidad económica al cierre de 2014. Las cosas se han venido haciendo mal, aun con todo el paquete de reformas estructurales aprobadas, principalmente apoyadas por el PAN y que ahora el PRI no sabe que hacer.
