Opinión

El debate panista: hay que reforzarlo

MA
Por Maricarmen Rizo
debate panista ln Por Salvador I. Reding Vidaña. Por diversas razones, algo fue perdiendo el panismo hasta llegar a prácticamente nada. Es el debate. En este partido político y de parte del mismo, el debate parece desaparecer en la política mexicana. Y no hablamos de confrontaciones o discusiones estériles, sino de verdadero intercambio de posiciones intelectuales y doctrinales. De cuando en cuando alguien lo menciona: en el PAN ya no hay debate. Cierto. Y tampoco debate el Partido en los medios donde se debería de debatir, en particular en las legislaturas, en las Cámaras. Esta sana costumbre se ha perdido desde arriba hacia abajo, empezando por el Consejo Nacional. Hace buen tiempo, una reunión del Consejo era la oportunidad para que diferentes consejeros expusieran sus puntos de vista sobre temas torales para el panismo, y se discutían hasta largamente para llegar a alguna conclusión o acuerdo. Para que eso sucediera, las reuniones duraban suficientes horas, en dos días de trabajo consecutivos. Pero ahora eso no existe, las reuniones del Consejo Nacional se han convertido en casi un “escuchas y te vas”. Se presentan informes, acuerdos tomados, votaciones sin discusión y todos a su casa. De hecho, los consejeros foráneos ya llegan el sábado con su boleto de regreso para el mismo día, no hay “mañana seguimos”. Eso no debe continuar. Y lo mismo a fin de cuentas sucede en las Cámaras legislativas, federales y locales. Las brillantes exposiciones de panistas que ahora son en mucho historia y que asombran a los jóvenes que llegan a leerlas, o traen gratos recuerdos a exdiputados y exsenadores, ya no existen. Y en este caso no es asunto solamente panista, lo es del sistema de partidos en general. Las iniciativas de ley ya no se debaten en la tribuna parlamentaria. En las sesiones plenarias se presentan en realidad acuerdos inter-partidos y se someten a votación, con algunas salvedades. Todo, en general, ya está previamente acordado, qué se votará y cómo se votará por fracciones de partido. Y si le sumamos una malentendida “disciplina de partido”, los legisladores llegan a votar por lo que se les ha convencido u ordenado, so pena de estigmatización. Y esto va por todos los partidos. Todavía hace poco se criticaba la práctica de acordar “en lo oscurito”, pero ya no se critica eso en general, pues los líderes en las Cámaras, con grupos de privilegiados, se reúnen y se ponen de acuerdo, ya sea en favor o en contra según el caso. De “lo oscurito” pasan a comisiones o a plenarias y votan. ¿Dónde quedaron las posiciones en tribuna de grupo o de los legisladores en particular? En el pasado. ¿Excepciones? hay eso, excepciones. Si un observador, analista o periodista “de la fuente” asiste a una plenaria, sólo será testigo, en la mayoría de los casos, de votaciones sin debate. No es siempre lo mismo, claro, pues cuando hay posiciones encontradas en asuntos sin acuerdo previo, sí se presentan opiniones en tribuna, pero el verdadero debate ya había sido sustituido por las discusiones en comisiones o frente a un cafecito. Y así, difícilmente esas intervenciones en tribuna modificarán el voto de los legisladores. ¿Y en los comités estatales y municipales, allí sí se conserva el debate? Las múltiples quejas de sus integrantes nos dan la respuesta: muy poco debate, muchas imposiciones de la cúpula dirigente. Esta es una de las necesarias renovaciones partidarias, de esas que ofrecen los candidatos a presidir. Es más, los llamados debates entre candidatos simplemente no lo son, ni siquiera un remedo de debate. Simplemente, y por cierto orden de turnos, cada candidato expone sus ofertas o propuestas de gobierno o de legislación, pero ya no debaten, no intercambian puntos de vista. Por eso los votantes casi no los ven ni escuchan, porque son aburridos, y si se repiten esos “debates” también la gente espera que repitan lo que ya dijeron. Nos podemos preguntar: ¿los candidatos que van ya electos a las Cámaras de diputados, debatieron entre sí para ser nominados? ¿Alguien tiene casos que relatar? El Partido conserva cursos y concursos de debate parlamentario, pero ¿cómo se llevan a las diversas tribunas, internas y externas, si se ha anulado la práctica de debatir? Frustración para los jóvenes que han participado en ellos. Hace unos meses, en una reunión con panistas de Tlalpan, una panista de larga trayectoria, Cecilia Romero, nos sacó el tema: en el PAN se ha perdido el debate. No comenté nada en ese momento, pues pensé que no era el lugar, pero el tema es inevitable: el PAN debe volver a debatir internamente y en las tribunas parlamentarias, en los foros que se le ofrezcan y hasta en mesas redondas en los medios, principalmente en la televisión. Curiosamente, en estas últimas sí se llega a debatir. La formación, la reflexión y la buena oratoria que tenía el panismo, muy bien demostrado todo en sus reuniones hechas para discutir y en las intervenciones en tribuna, que son modelo de oratoria parlamentaria, deben regresar a la vida del Partido y éste llevarlas a todas las tribunas políticas.   Salvador I. Reding V. es Coordinador del Consejo de Plumas Azules.
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Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.