El acto de la invisibilidad e invalidación
SE
Por Sergio Rodriguez
Por Mishelle Miranda García.
Ser ignorada o ignorado: la terrible sensación de que no existes, no vales, no estás o no representas nada ante la vida de alguien más.
Sigmund Freud decía que lo contrario del amor no era el odio, sino la indiferencia, porque es un castigo que carcome el alma y crea resentimiento.
Desde la psicología es traducido como la indiferencia afectiva, la frialdad con el otro y es catalogada como una agresión y manifestación que forma parte del grupo de indicadores que moldean la ya conocida violencia psicológica.
La mayoría asume la violencia, en mucho mayor grado, desde una perspectiva que denote afectaciones visuales, tangibles o físicas. El golpe en el brazo se observa, se palpa, duele al tocarlo, se puede apreciarle oscuro y mallugado.
El ser ignorado lastima, angustia y genera ansiedad. La secuela de ser violentado psicológicamente hace su anuncio cuando desde adentro, desde las concepciones propias, se comienza a disminuir el valor por uno mismo y la vulnerabilidad individual se ve trastocada.
“Se observa la presencia de indiferencia como la expresión más habitual de violencia psicológica”, reveló un estudio hecho en México por la Universidad de Extremadura, España.
En nuestro país, el 39 por ciento de los jóvenes de ambos sexos, de entre 15 y 24 años de edad que tienen una relación de noviazgo, sufren violencia emocional.
La intimidación se incrementa conforme aumentan la edad, pues de los 20 a los 24 el porcentaje crece a 41 por ciento, afirman Roberto Castro e Irene Casique, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM.
La palabra ignorar por su etimología deriva del término ignorant?a y a su vez de la palabra gnocere (saber) del latín, más el sufijo -in- que luego derivó en –i– (negación), lo que significaría “sin sabiduría”.
“Sin saber”, si alguna vez caemos en la maravillosa tentación de vengar a alguien desestimándolo y desconociéndole, desaprobando su existencia y haciendo caso omiso de sus acercamientos, señas o llamados.
Quién disfruta del observar al otro u otra sumiso y puesto a su disposición con tal de recibir una respuesta, cualquiera que está fuera, palabra, mirada, emoticon (gráfico emitido desde redes sociales) o hasta dos palomitas azules, debe llevarlo a usted a reflexionar.
Sin embargo, dado el contexto de la comunicación digital e instantánea no podemos determinar como indiferencia la respuesta instantánea a mensajes. El planteamiento aquí presente determina el acto de ignorar, cuando durante un periodo de tiempo el desconocimiento es frecuente bajo una cantidad de tiempo amplio y sin respuesta alguna.
Un acto de cobardía, un acto de omisión a la comunicación entre dos personas que tienen vínculos previamente construidos.
En el marco del mes de la erradicación a la violencia a la mujer, te invito a agudizar la mirada respecto a lo que acontece a diario en nuestro entorno con relación a lo antes mencionado.
No es coincidencia que siete de cada diez mujeres hayan vivido algún suceso similar, muy seguramente tienes una amiga, prima o conocida que ha sufrido o ejercido algún rasgo de violencia psicológica del que, sin duda, al ser víctimas comenzarán a permitir que se acreciente y en muchos de los casos llegar a consecuencias que lamentemos.
La ley considera cinco tipos de violencia contra las mujeres: psicológica, física, patrimonial, económica, sexual y de último tiempo, política.
Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.
La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, revela: “como cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad psicológica, que puede consistir en: negligencia, abandono, descuido reiterado, celotipia, insultos, humillaciones, devaluación, marginación, desamor, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la autodeterminación y amenazas, las cuales conllevan a la víctima a la depresión, al aislamiento, a la devaluación de su autoestima e incluso al suicidio”.
Aceptar que eres víctima de quién asume su poder y control a través de tus emociones, miedos, inseguridades y vulnerabilidad, es un paso para avanzar en el conocimiento de los indicadores que generan una vida sin diálogo, conciliación y asertividad, una vida libre de violencia, no importa de qué tipo sea: el llamado es detectarla, conocerla y trabajar con ella.
Se requiere ser conscientes de la gravedad de que el desconocimiento, rechazo, indiferencia y descarte son armas que sofocan las emociones y consiguen construir un círculo de violencia del que tal vez sea muy difícil salir.
Una guerra fría que por más que busque una tregua no conseguirá ceder ante la sensatez. Por otro lado, entender que, tal y como en los procesos de comunicación apreciamos, ante el silencio de alguien más, también tenemos una respuesta.