
Por Miguel Ángel López Lozano.
Poca gente se esperaba que un
outsider como Trump, conocido por sus desarrollos inmobiliarios, sus salas de juego y su promoción de los concursos “Miss Mundo” fuera a alcanzar la nominación republicana.
Una de las principales claves del auge de Trump y del inesperado apoyo que ha recibido hasta el momento se debe a que el votante americano se asemeja cada vez más al europeo. El fenómeno del indignado (
angry) ha cruzado el Atlántico, lo que explica el por qué un
outsider como Trump se encuentre disputando la presidencia ante una
establishment como Hillary Clinton.
Los electores se han cansado de los viejos discursos políticamente correctos, de los candidatos apadrinados por las grandes corporaciones y los grandes
Lobbies de poder, de los candidatos fabricados a medida en los medios de comunicación. Ahora, buscan candidatos que se enfrenten a la realidad
face to face. Probablemente este sea uno de los grandes activos de Trump, y fuera el impulsor de Bernie Sanders.
Pero en el caso de Trump, su talante políticamente incorrecto ha superado los límites tolerables, pudiendo llevarle a perder el crédito inicial que le dieron los estadunidenses que apostaron por un candidato libre de ataduras. Ha basado su campaña en la radicalización de su mensaje, haciendo de la confrontación el eje de su programa político: ha reeditado la vieja idea del “muro de la vergüenza”, ha prometido impedir el acceso a los musulmanes en territorio americano, deportar hispanos, abandonar el Tratado de Libre Comercio, revisar los acuerdos con la OTAN y un largo etcétera de improperios dignos de un inconsciente que se calienta a impulsos, pero no de un hombre de Estado que pretende liderar el país referente en las sociedades occidentales.
Pero su osadía no tiene límites. ¿Quién en su sano juicio sería capaz de enfrentarse en territorio americano al padre de un estadunidense muerto en Irak, aunque fuera musulmán?, ¿quién sería capaz de afirmar públicamente que el Presidente de los Estados Unidos es el fundador del Estado islámico, o que su contrincante es una desequilibrada? A pesar de estas cuestiones, llama la atención el que únicamente haya caído levemente en las últimas encuestas, manteniéndose vivo en la lucha por la victoria.
¿Quién iba a pensar hace un año que un candidato que ha recibido el apoyo expreso del Ku Klux Klan iba a disputar la Presidencia? ¿Se imagina un Presidente apoyado por las minorías racistas tras el primer Presidente negro? En Estados Unidos todo puede pasar…
Conociendo el candidato, entendemos que la elección no es un asunto baladí, las consecuencias pueden suponer un duro golpe de dimensiones insospechadas. En el caso de México, Trump dio comienzo a su campaña focalizando un odio irracional hacia todo lo que oliera a hispano, concretando su amenaza en la población mexicana, no sólo anunciando deportaciones y el “muro de la vergüenza”, sino afirmando como hemos dicho más arriba, que de llegar a la presidencia desconocerá el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), imponiendo aranceles a los productos hechos en México.
El impacto a la economía mexicana puede ser demoledor, puesto que del total de exportaciones de México en el primer trimestre de 2016, 69.547 mmdd tuvieron como destino EE.UU, representando el 81.7 por ciento del total. La balanza comercial de México con EE.UU en el mismo periodo dio un superávit en favor de México por valor de 25.614 mmdd, superávit que permite financiar los déficits comerciales con las naciones asiáticas.
Estas cifras denotan la dependencia de México con EE.UU, representando las exportaciones que México hizo a Estados Unidos el 27.0 por ciento del PIB nacional en el año 2015. Si finalmente decide aumentar los aranceles en un 20 por ciento, provocarían una caída del volumen de comercio exterior, afectando gravemente al PIB, elevando el tipo de cambio hasta niveles de 25 pesos por dólar y aumentando la inflación por encima del 10 por ciento, lo que provocaría un duro golpe a las expectativas de crecimiento interno.
Pero por otro lado, su agresiva campaña está provocando una brecha en el Partido Republicano que dejará heridas difíciles de cicatrizar a corto y medio plazo. Recientemente, más de 50 ex altos cargos republicanos, entre los que se encontraban secretarios de Estado y altos mandos de la inteligencia del país, firmaron un documento alertando del peligro que supone para la Seguridad Nacional que Donald Trump llegue a la Casa Blanca. Día tras día, se conoce un nuevo senador o congresista republicano que anuncia públicamente que votará por Hillary Clinton. La familia Bush se encuentra dividida, en un claro reflejo de la división que ha provocado dentro de las filas republicanas. Unicamente observamos un aliado fiel, la poderosa Asociación Nacional del Rifle a los que ha prometido concesiones que devolverían a EE.UU al salvaje oeste.
Entramos en la recta final de la elección y los norteamericanos tienen una difícil papeleta: ¿apoyar a un candidato que supone un peligro para la Seguridad Nacional y mundial, o una candidata que a pesar de su talante políticamente correcto está financiada por
lobbies como el Planned Parenthood y es una firme defensora de la ideología de género que tanto daño está haciendo a las familias de occidente?
Miguel Ángel López Lozano es analista político. Twitter: @malopezlozano