Diferencias de las crisis económicas 2008-2009 vs 2016-2017
Por Salomón Guzmán.
La economía mexicana experimenta una de las etapas más prolongadas de estancamiento económico desde inicios de 2013, es decir, por debajo de su trayectoria natural de largo plazo como lo señala el INEGI con su herramienta del reloj de los ciclos económicos.
Cerca de ocho años pasaron desde la crisis de 2009 y la economía mexicana parece no recuperarse de dicho fenómeno. Como planteamiento contradictorio, la economía de estos años no es la misma en comparación a la que se observó durante el periodo de 2009-2010. Aun cuando el mundo enfrentaba distorsiones graves en materia de productividad, el ritmo de crecimiento de la economía fue cercano al cinco por ciento, situación contradictoria cuando la economía de hoy se caracteriza, a diferencia de otras en el mundo, por contar con el mayor número de reformas económicas aprobadas, con tasas de interés bajas, como nunca antes en la historia económica, y menor ritmo de crecimiento anual de precios.
En el año 2009, la economía disminuyó cerca de cinco por ciento y el gasto público incrementó cerca del 16 por ciento, este incremento del gasto generó que la economía en el año siguiente incrementará poco más del 5 y mantenerse por encima del 4 por ciento hasta 2012.
La dirección del gasto explica en su mayoría la evolución de la economía. Frente a la crisis de 2009, el mejor remedio para salir rapidamente fue incrementar el gasto en economía, lo cual permitió tasas de crecimiento por encima del cuatro por ciento en los siguientes años. ¿Por qué el gobierno actual tiene menor preferencia por incrementar el gasto que detona crecimiento económico cuando tiene enfrente un conjunto de factores externos negativos que dañan a la economía mexicana?
En 2017, el gasto neto aprobado es casi el doble de lo que fue en 2008, el motor del crecimiento es mayor, no obstante, el crecimiento económico es menor respecto al promedio de 2009-2012, casi la mitad. Desde 2013 a 2017, el gobierno cuenta con más recursos públicos para echar andar los motores de crecimiento, la diferencia es que aparte de gastar mucho, gasta mal, lo cual se refleja en el crecimiento económico.
En un mismo sentido, la política social que se enmarca en los programas sociales que tienen que ver con programas con otros subsidios, los que tienen que ver con la prestación de servicios públicos, la provisión de bienes públicos y aquellos sujetos a reglas de operación, cada vez, más que antes, tienen menor importancia dentro del gasto que detona desarrollo social, contradicción grave en el funcionamiento del gasto. En 2008, este conjunto de programas sociales tuvo una participación del 34 por ciento dentro del gasto que detona desarrollo social, para luego incrementar hasta 36 por ciento, a diferencia del 29 en 2017. De 2016 a 2017 la disminución del presupuesto en estos cuatro programas es cercana al -15 por ciento reales.
Por otra parte, en la gráfica 2 se muestra la evolución de la participación porcentual del gasto en los programas que tienen que ver con la inversión (K) dentro del gasto total que detona desarrollo económico. En forma contradictoria, los niveles de gasto en inversión dentro del total son similares al porcentaje al que se registró en el año 2008. México vive una grave crisis en materia de inversion, su importancia es parecida a como se observó en el año anterior a la crisis de 2009.
Como se nota en la gráfica 2, poco más del 40 por ciento del gasto que detona desarrollo económico fue inversión en el año de la crisis de 2009, mientras que en el año 2017 representa apenas el 27 por ciento. De 2016 a 2017 el gasto que reprenta la política de inversón disminuyó poco más del -13 por ciento, aproximadamente. El gobierno mexicano no escucha las recomendaciones de los principales organismos internacionales, por ejemplo, el FMI señala que “los gobiernos deberían incrementar el gasto en educación, tecnología e infraestructura para ampliar la capacidad productiva y al mismo tiempo tomar medidas para corregir la desigualdad”.
Por otra parte, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) menciona que: …“El gasto público debería proporcionar a toda la sociedad bienes y servicios de calidad, si se logra ese objetivo, el gasto fiscal tendría un impacto positivo en obstáculos para el desarrollo como son la reducción de la pobreza, la desigualdad y la exclusión”.
https://www.oecd.org/dev/41578326.pdf