Deja Juan Molinar un espacio imposible de llenar
Por Laura Vega.
Me identifico a medias con Rafael Preciado Hernández, porque él fue más tenaz que yo. Yo soy un viejo profesor retirado, metido a político. Él fue toda su vida un profesor, narró Juan Molinar Horcasitas en su última aparición pública el 29 de abril de este año, junto al Presidente Gustavo Madero Muñoz en un evento privado en la Fundación Rafael Preciado Hernández.
Pero lo cierto es que Juan Molinar siempre fue un profesor, o mejor dicho, “maestro” como lo llamaban un sinnúmero de personas en los pasillos del Comité Ejecutivo Nacional. Algunos le decía Juan, otros Molinar, pero casi todos “maestro”, como sinónimo del respeto que inspiraba.
Ese 29 de abril fue su último evento público. Días después, a las 6 de la mañana del 21 de mayo, el Dirigente Nacional informaría vía twitter: Con profundo dolor, comparto que nuestro compañero Juan Molinar Horcasitas acaba de fallecer. Un gran ser humano al quien el PAN tanto le debe.
Y es que Molinar Horcasitas no sólo participó con propuestas y estrategias que permitieron al PAN obtener grandes victorias electorales, sino que también ayudó a conformar la posición del Partido después de la pérdida de la Presidencia de la República en 2012, lo cual se oficializó en el documento Acción Nacional: Responsabilidad con México.
En ese documento se criticaron las “prácticas fraudulentas” que se habían presentado en la elección, al advertir el rebase de topes de gastos de campaña, de aportaciones privadas a partidos, empleo de mecanismos paralelos de financiamiento y participación indebida de gobiernos estatales, entre otros.
Pero también se fijó la responsabilidad con la esencia democrática del Partido, que derivó en la Reforma de Estatutos, pues desde un principio el documento planteaba una revisión de los procesos de afiliación y selección de candidatos y dirigentes, además de exponerse la agenda democrática del PAN.
En ese posicionamiento se emplazó al nuevo gobierno a construir una agenda reformadora; ahí, se empeñó la posición responsable como partido para construir acuerdos e impulsar reformas, algunas que se vieron establecidas en el Pacto por México, apuntó Madero Muñoz durante el homenaje luctuoso realizado en la sede nacional panista el 25 de mayo.
Pero sobre todo lo recordó como su “maestro, jefe y compañero de batallas”, así como un liberal de gran calado, de instituciones e incansable promotor de las libertades, que insistía en que la democracia debía crear mecanismos para proteger las libertades civiles y políticas como la de expresión, de asociación, de información y votar y ser votado.
Para describirlo, Germán Martínez durante el homenaje también rememoró una anécdota poco conocida ocurrida en una comida en Quiroga, Michoacán.
“Sin manchar el mantel ni las manos, Juan Molinar se paró de su lugar, se acercó a la cocina, se dirigió a la olla donde estaba la carne cocida, metió la mano, sacó la cabeza del borrego, la colocó sobre una tablita y con un gran cuchillo de un golpe certero le partió la cabeza para disfrutar un taco de sesos. Ese era Juan Molinar, un hombre de golpes súbitos y brillantes”.
En el auditorio Manuel Gómez Morin todos los ponentes e invitados lo inmortalizaron por su talento, su vocación y su alto sentido gastronómico, pues era común que todos los domingos subiera mediante su Facebook recetas de cocina. Pero sobre todo lo recordaron por su lealtad como amigo y compañero.
“El amigo fiel” diría Madero en el homenaje del PAN, donde “nos deja un espacio imposible de llenar”.
Y para terminar con un rictus de nostalgia, dijo frente a sus cenizas presentes en la ceremonia, una frase de Nelson Mandela: “La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber, para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad. Descansa en paz, querido amigo. Duerme por toda la eternidad”.