Crónicas de Salud y Política. Desde la Curul 083, de Éctor Jaime Ramírez Barba
Crónicas de Salud y Política. Desde la Curul 083 (2026) arranca, en realidad, mucho antes de su primera columna: arranca en un consultorio, luego en una facultad de medicina, luego en dos secretarías de Salud de Guanajuato, y sólo después en la curul 083 de San Lázaro. Esa trayectoria importa porque explica el libro entero: Éctor Jaime Ramírez Barba —cirujano, doctor en Ciencias de la Salud, doctor en Administración Pública, hoy diputado federal por León— no escribe sobre política de salud desde la tribuna hacia el consultorio, sino al revés, y esa dirección de la mirada es lo que distingue a este libro de cualquier otra compilación de columnas políticas.
El volumen reúne cerca de ciento treinta textos publicados, casi semana a semana, en El Economista y en el Periódico AM entre octubre de 2023 y octubre de 2025, ordenados cronológicamente por año. No hay ahí una tesis única que se despliegue capítulo a capítulo —es, después de todo, una colección de columnas de coyuntura—, pero sí una obsesión que las recorre todas: la distancia entre lo que el gobierno dice sobre la salud de los mexicanos y lo que documentan los hospitales sin insumos, las estadísticas de mortalidad y los presupuestos ejercidos.
Esa obsesión se sostiene con un método reconocible. Ramírez Barba no acusa sin datos: cuando escribe sobre el desabasto de medicamentos, cita el precio unitario exacto que pagó el gobierno por pieza en 2018 y en 2023; cuando escribe sobre la gestión de la pandemia, recurre a los datos de exceso de mortalidad de la propia Organización Mundial de la Salud; cuando escribe sobre el traspaso de IMSS-Bienestar al régimen ordinario del Seguro Social, reconstruye, con el detalle de quien conoce la ley del Seguro Social por dentro, por qué esa decisión violenta las atribuciones del Consejo Técnico del instituto. El libro tiene, en ese sentido, más de expediente técnico que de proselitismo, aun cuando su autor no esconde en ningún momento su trinchera partidista.
Lo que sorprende, sin embargo, no es el rigor —esperable en un médico con dos doctorados— sino el recurso literario. Una de las columnas más logradas del libro construye su argumento sobre “El corazón delator” de Edgar Allan Poe para describir cómo el propio gobierno termina delatando, con su nuevo plan de compras, los errores que había querido ocultar. Otra recurre abiertamente al realismo mágico —resulta casi inevitable pensar en García Márquez mientras se cita a Monsiváis— para narrar los primeros cien días de un programa de salud domiciliaria que en el papel prometía todo y en el presupuesto recibió apenas 2 de los 918 mil millones de pesos asignados al sector. Son licencias que podrían sentirse impostadas en otro autor; aquí funcionan porque nunca sustituyen al dato, sólo lo hacen más difícil de olvidar.
El libro no es sólo denuncia. Vuelve, columna tras columna, al modelo de salud de Guanajuato —que el propio autor ayudó a construir como secretario de Salud del estado— como prueba de que existe una alternativa que ya se probó. Y cierra, en sus últimas páginas, con el informe de su primer año como diputado de la LXVI Legislatura: 33 iniciativas presentadas a título personal, 477 en conjunto con su grupo parlamentario, entre ellas el expediente clínico electrónico, la receta electrónica y la Ley General del Cáncer. Es un giro poco común: la columna de opinión que termina convertida en agenda legislativa verificable.
Si el libro tiene un límite, es el que comparte cualquier compilación de columnas de coyuntura: leído de corrido, se insiste en cifras, realidades y argumentos de una entrega a otra —el desabasto, la crítica a López-Gatell, la comparación con la OCDE regresa varias veces con distintas palabras—, y el lector puede ver esto como desventaja, pero también como ventaja: no es un texto que exija una lectura de corrido, funciona incluso como volumen de consulta.
Debo declarar aquí, por transparencia, que escribí el prólogo de este libro y que su edición estuvo a cargo de la Fundación Rafael Preciado Hernández. Lo hice porque conozco a Éctor Jaime desde hace años y porque comparto completamente su diagnóstico sobre lo que el sistema de salud mexicano ha perdido en este sexenio. Pero también porque creo que el ejercicio que propone —escribir con datos, sin abandonar la trinchera, y rendir cuentas de lo que se legisla a partir de lo que se denuncia— es poco frecuente en la política mexicana, y merece leerse por eso, más allá de si se comparte o no cada una de sus conclusiones.