Construir la buena reputación del PAN
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Eugenia Islas.
George Eastman decía que “una buena reputación se mide en función de cuánto puedes mejorar las vidas de otros”. Frase y concepto son vigentes aún en la era digital, pues Kodak, la empresa fundada por él en 1888 ha sido considerada en diversas ocasiones una de las 25 empresas estadunidenses con mejor reputación.
Para una figura pública, organización o para nosotros mismos, la reputación no consiste en vestirnos de determinada forma o publicar en redes sociales buenas fotografías con identidad gráfica. Va más allá del diseño de estrategias de relaciones públicas y marketing para un momento determinado y mucho depende de qué y cómo nos comunicamos.
Los esfuerzos realizados para ganar la confianza a través de muchos años, aunados a la consistencia o entrega, ya sea en la visión de una organización, en el producto o servicio, así como con la gente, son los elementos que consolidan día a día una buena reputación.
Históricamente, y a diferencia del resto, Acción Nacional ha gozado de un amplio reconocimiento ciudadano como un partido con buena reputación, firmemente cimentada en el decir y actuar de sus fundadores y militantes de antaño.
La reputación de empresas y organizaciones se construye con los comentarios y opiniones emitidos por empleados y miembros acerca de ella. En el caso de nuestro Partido, por quienes aquí militamos.
Es por ello que todos, sin excepción y en igual grado de importancia, abarcando las dirigencias, a quienes aquí laboran y a los “militantes de a pie”, somos responsables de construir permanentemente la buena reputación tradicional y digital del PAN en dos niveles.
El primero es a través de la forma en que interactuamos con otros panistas, simpatizantes y ciudadanos. Hoy más que nunca debemos dialogar, criticar y disentir de manera inteligente y constructiva. Hay que darle altura al intercambio de opiniones con argumentos fundamentados en foros públicos o privados en que participemos, para que así el debate sea fortaleza frente a los otros partidos y no amenaza o debilidad.
El segundo nivel es qué tipo de embajadores somos. Un mal embajador dilapida la buena reputación de su organización con sus acciones y palabras. Para ser buenos embajadores panistas requerimos fortalecerlo conduciéndonos honorablemente y actuando en congruencia con los principios del PAN en nuestros actos cotidianos, tanto públicos como privados, pues de otro modo es inminente perder la buena reputación del Partido y personalmente imposible que lleguemos a tenerla.
Twitter: @EugeniaIslas