Conociendo otra cotidianeidad
Por Ernesto Sánchez Carbajal.
Entender, razonar y sentirnos ofendidos por las injusticias en diversas partes del mundo son voces percibidas a diario; leer y ver los llamados que buscan acabar con estos males de la sociedad no es ajeno, por lo cual aquellos que encabezan estas expresiones disidentes se vuelven líderes de esas luchas o causas.
Pero qué sucede cuando te adentras a una realidad desconocida, poco socializada, la cual no has escuchado y por lo tanto no la ves como algo que te sorprende o en general te importe.
Qué pasa cuando sólo la ves como una realidad alterna, la cual no críticas, no señalas, simplemente, la ves pasar a dos, tres, cuatro estaciones del metro de tu casa o sabes que existe y te parece peligrosa, porque has escuchado que cuando pasas por una avenida adentrada en esa colonia pasan motocicletas que rompen los cristales del coche y te roban; te han contado que en ese lugar todo está a la venta, todo tiene un precio.
Y esa realidad tan cercana, pero que parece mucho más lejana que una crítica a un sistema represor en otra latitud del mundo, es el barrio de Tepito.
Andar en esas motocicletas, las cuales en la cotidianeidad para ti son peligrosas; escuchar diversas historias, saborearlas, te hacen sentir un poder que no siempre se tiene, el poder de la empatía, el poder de culminar con la apatía y poder ver, pero desde un ángulo completamente distinto, lo que crees es Tepito.
Escuchar, ver y vivir historias que no hacen eco, que no son ensalzadas y no culminaran en grandes liderazgos, pero que nos dicen mucho de qué somos como mexicanos.
Eso es el Safari en Tepito, enfrentarse, con miedo, con incertidumbre, pero con una ápice de audacia a un entorno desconconocido. Un espacio donde los tepiteños te narran su historia siendo provocados, retados, apoyados y abrazados por actores que lograron penetrar una realidad supuestamente impenetrable, y que así ha sido para la gente de Tepito ante la necesidad de buscar fuerza y resistencia frente a un entorno complejo.
Este Safari no se presta a que pienses en las debilidades de las personas que viven en Tepito, no es un camino que se sustente en ver como débil a quien creció en un entorno distinto al de muchos, es entender por qué creció ahí y cómo eso le dio fuerza para enfrentar y sobrellevar historias de vida que pueden ser muy similares a las vividas por aquellos que no somos tepiteños.
La iniciativa de Teatro Milagro, a cargo de Daniel Giménez Cacho, se divide en cuatro rutas con diversas historias entre un actor y un pariente adoptivo; hombres y mujeres que nacieron y han vivido en Tepito, 15 días fueron el tiempo para romper una barrera, abrirle las puertas a personas desconocidas fue la apuesta tomada por los tepiteños.
Una ruta que se da entre puestos de metal con toldos de plástico, entre diableros que avanzan con gran rapidez, ir sorteando un camino el cual te das cuenta se basa en la introspección, en una lucha personal por tratar de entender al otro.
Se podría dar un pequeño vistazo de lo que sucede en este escenario urbano, de las historias contadas; no obstante, ese es el valor primordial de esta vivencia, nadie la experimentará de igual forma.
No es una historia que se pueda reseñar, guardando el factor sorpresa, porque este no existe. La cotidianeidad se aleja de ello, pero se acerca mucho más a la verdad de la naturaleza humana y eso es lo que realmente nos puede desgarrar.
La segunda temporada de Safari en Tepito terminó el 29 de marzo, pero se anunció que próximamente se realizará una tercera edición, la fecha está aún por definirse.