“Como una espina en la carne”
Por Maricarmen Rizo.
Los revisionistas de la historia de México y más los periodistas están obligados a leer La Nación de Acción Nacional, para tener una visión plural de la construcción de la democracia y la alternancia. Esta revista ofrece vetas muy interesantes, desde diversos ángulos, especialmente el de la conformación del pluralismo ideológico y la libertad de expresión, así lo consideró José Luis Ortiz Garza, doctor en Ciencias de la Información y director de la Escuela de Comunicación de la Universidad Panamericana en la Ciudad de México.
“Quienes ahí han participado, fotógrafos, caricaturistas y reporteros, merecen un reconocimiento y estudio, en algunos más casos más detallado. Me he centrado en analizar sobre todo los primeros años, su línea política e ideológica es muy clara, juicios contundentes, alta credibilidad e independencia del corrupto sistema existente”, externó en entrevista con La Nación.
Autor de libros sobre comunicación como México en Guerra, Una radio entre dos reinos, La guerra de las ondas e Ideas tormenta, detalló que durante la Segunda Guerra Mundial la revista panista, que era mucho más que un vocero de un organismo político, jugó un papel muy importante, ya que tenía gran influencia en el sector conservador de la clase media y los jerarcas de la Iglesia católica desdeñados por los órganos vinculados al anticlericalismo gubernamental.
Para el especialista en medios, La Nación, en aquellos tiempos, ideológicamente sintonizaba con Excélsior y Novedades. Su público era la clase media educada, ya que surgió en un contexto de periódicos con objetivos de propaganda política y beligerancia ideológica, sobre todo de izquierda: El Machete, del Partido Comunista Mexicano, Futuro de la CTM y El Diario Popular de Lombardo, financiados por Cárdenas con dinero público. El mismo dinero con el que había nacido el vocero del PNR El Nacional, así como su estación de radio y noticiero.
Subrayó el hecho de que la revista, fundada por Carlos Septién, compitiera con estos medios, aunque carecía de suficientes reporteros, servicios de agencias y fotógrafos. Sin embargo, tenía su abanico de secciones: Nacional, Opinión, La Ciudad, Arte, Ciencia, Economía, Trabajo, Campo, Mundo, Poesía, Teatro y otros, mediante las cuales ofrecía importantes reportajes, llegando alcanzar una circulación de 12 mil ejemplares.
En una amena plática en su oficina, Ortiz Garza señaló que el semanario panista sostuvo la política de neutralidad en la Guerra hasta que México se vio forzado a participar en la contienda. Pero a pesar de la guerra y de la política de la Unidad Nacional, no claudicó en su propósito de crítica al gobierno.
Para el Doctor en Ciencias por la Información en Navarra, una de las ediciones de La Nación que mayor impacto en los círculos oficiales mexicanos y estadunidenses tuvo fue la del 24 de octubre de 1942. “En su portada colocó una fotografía del Secretario de Relaciones Exteriores, Ezequiel Padilla, definiéndolo como el ´Laval Mexicano´. La comparación con el político Pierre Laval lindaba en la injuria, pues éste, en su función de jefe del régimen colaboracionista con los invasores nazis en Francia, había enviado a la muerte a miles de franceses, especialmente a judíos. El paralelismo surgía como respuesta a las declaraciones de Padilla en las que ofrecía un amplio y entusiasta apoyo a los Estados Unidos, que incluía la posibilidad de derramamiento de sangre de los soldados nacionales.
En su opinión, la réplica de la revista, ponía en evidencia que tras el vigoroso apoyo a Padilla se escondía el interés por construir su candidatura presidencial, apoyándose en sus buenas relaciones con el gobierno de Washington. Esto hizo enfurecer al embajador norteamericano en nuestro país, George Messersmith, quien escribió al departamento de Estado.
En esta carta, quedaba clara la autonomía operativa de la revista: “Estamos perplejos –decía- sobre cómo actuar porque no tenemos presiones qué aplicar, porque, en lo que a material informativo se refiere, esta revista lo puede adquirir de calidad suficientemente buena para sus objetivos en México”.
Para Messermith, como el mismo lo dijo, La Nación le resultaba “como una espina en la carne”, he ahí una muestra de la trascendencia de la revista que el próximo mes cumple 75 años de publicación ininterrumpida.