Chihuahua 86, treinta años después
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Fernando Rodríguez Doval.
¿Cuándo empezó la transición mexicana a la democracia? Si entendemos como transición el periodo que transcurre desde el inicio de las negociaciones que originan un cambio de reglas políticas y electorales hasta el momento en que estas reglas generan una nueva institucionalidad que funciona como fue planeada, entonces podemos decir que la transición mexicana a la democracia inició después de las elecciones presidenciales de 1988 y concluyó, en su aspecto meramente electoral, en 2000. Sin embargo, al igual que toda transición tuvo antecedentes que la precipitaron, uno de ellos fue Chihuahua 86.
Los años ochenta fueron de intensa politización en todo el país. El colapso económico de 1982 movilizó a cientos de empresarios medianos, así como a líderes comunitarios que ya estaban hartos del autoritarismo del régimen priista. Y es que en buena medida la bancarrota financiera que atravesaba el país se había producido como consecuencia de la falta de rendición de cuentas, de limitaciones al poder presidencial, de pesos y contrapesos, y de participación ciudadana. El momento más alto de esta espiral contestataria fue la elección para gobernador de Chihuahua en 1986. La maquinaria gubernamental, encabezada por el hoy militante de Morena, Manuel Bartlett, llevó a cabo un grotesco fraude contra el candidato del PAN, Francisco Barrio Terrazas, e impuso al del PRI, un tal Baeza. No fue ésa la novedad –México padecía un régimen autoritario en el que el fraude electoral era la regla y no la excepción— sino el movimiento social que se gestó a partir de tal trapacería.
Como nunca antes, la sociedad dejó de lado la indiferencia y salió a las calles a exigir respeto a su voto. Como nunca antes, los sectores intelectuales de este país dejaron de lado las cómodas aulas universitarias y alzaron su voz condenando el actuar del partido de Estado. Como nunca antes, políticos de diversas corrientes ideológicas se unieron para luchar por el objetivo común de democratizar a este país. Como nunca antes, el mundo volteó a ver a México y se dio cuenta que aquí había un régimen autoritario, una dictadura perfecta que incluso hablaba con todo cinismo de un “fraude patriótico” para impedir que la “reacción” panista pudiera gobernar en un estado fronterizo con Estados Unidos.
No puede dejarse de señalar la heroica huelga de hambre que llevó a cabo don Luis H. Álvarez. Este hombre, entonces alcalde de la capital del estado, contaba ya con 65 años de edad y no tuvo empacho en ayunar durante 41 días para exigir respeto al voto de los chihuahuenses. Los diarios de aquella época hablaban un día sí y otro también de su inminente fallecimiento, pero don Luis prefirió ofrendar la vida “en abonos y no de contado”, como le pidió su buen amigo Heberto Castillo, y levantó la huelga de hambre para convertirse no solamente en un símbolo de la democratización del país, sino también en un político tremendamente eficaz como Presidente Nacional del PAN un año más tarde.
Nada fue igual en México después de Chihuahua 86. La movilización ciudadana exigiendo democracia ya no se detuvo. Se comenzaron a explorar nuevas reglas electorales y se empezaron a abrir, si bien es cierto que tímidamente, los medios de comunicación que hasta entonces habían estado cerrados por completo a los partidos de oposición. Chihuahua 86 fue también el experimento nacional de nuevas técnicas de resistencia civil pacífica, como la mencionada de Luis Álvarez o las que espontáneamente y con gran creatividad llevaron a cabo miles de personas. Y dejó claro que el cambio político que México requería podía ser canalizado a través de un partido, Acción Nacional, que llevaba décadas construyendo ciudadanía.
Chihuahua 86 fue un parteaguas en la historia reciente de México. Hoy, 30 años después, esta entidad vuelve a ser paradigmática. Javier Corral, que en aquellos años era un joven periodista que participaba en la campaña de Barrio, ha sido capaz de vencer a un nuevo autoritarismo: el de los gobernadores de la “nueva generación” del priismo que comparten corrupción, frivolidad, inmadurez e irresponsabilidad.
Ahora, como entonces, Chihuahua vuelve a ser ejemplo para todo el país.
Fernando Rodríguez Doval es Secretario de Comunicación del CEN del PAN. Twitter: @ferdoval