Buen gobierno, legitimidad y eficiencia
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Javier Brown César.
Manuel Gómez Morin encarnó en grado superlativo la unión entre la mística y la técnica. En 1924, el maestro escribía en una carta que: “En las cosas humanas, mitad biológica y mitad espíritu, debe obrarse siempre con doble inspiración del amor y de la técnica que no son contradictorias”. Para Gómez Morin el buen gobierno debía basarse en el conocimiento objetivo de la realidad, lo que sólo podía lograrse con la técnica: “Conocimiento cuantitativo… No el escueto conocimiento de la realidad que para en el quietismo de leyes inmutables… Investigar disciplinadamente en nuestra vida, ahondando cada fenómeno hasta encontrar su exacta naturaleza tras los externos aspectos superficiales. Disciplinadamente, también, inventariar nuestros recursos y posibilidades”.
La unión virtuosa entre mística y técnica está en la base del buen gobierno: la mística por sí sola puede llevar a emprender actos heroicos, pero sin eficacia gubernativa; la técnica por sí misma lleva a gobiernos fríos y distantes, incapacitados para mover almas. Al referirse al maestro, Carlos Castillo Peraza decía: “aquel hombre con cualidades de apóstol de las que hablaban sus compañeros sabe que el espíritu apostólico no basta; que el apostolado sin técnica, fracasa: que se puede tener el mejor espíritu del mundo pero, sin organización y capacidad, no se triunfa en política, ni en negocios, ni en la vida personal… Gómez Morin es, en términos generales… un técnico con espíritu de apóstol, o… un apóstol con mente de técnico”.
La técnica le da contenido a la mística, la mística le da sentido a la técnica. De ahí que el buen gobierno deba recuperar el ideal de la mística, cuyo eje es luchar contra el dolor evitable y vincular esta lucha con la técnica, entendida como conocimiento de la realidad. Al final, esta unión virtuosa no sólo permite remediar males sociales sino garantizar un gobierno eficiente, un gobierno cuyo eje es el patriotismo del tiempo, tal como en su momento lo definió Castillo Peraza.
Dolor evitable
El 28 de diciembre de 1921 es una fecha histórica. En una carta dirigida a Roberto Casas Alatriste, Gómez Morin hablaba por primera vez de la necesidad de fundar una organización política basada en principios y criterios técnicos: “México se encuentra en posición de ser el más fecundo campo de experimentación para la vida social. Pero es necesario organizar una corriente verdaderamente fuerte, indiscutiblemente limpia y apoyada en propósitos concretos y en medidas técnicas”.
Pocos años después, en su ensayo 1915, el maestro distinguía entre el dolor inevitable originado por causas naturales y el dolor evitable que resulta de la inadecuada organización de los asuntos humanos. El primer dolor es el que procede de fenómenos como enfermedades, terremotos, inundaciones, mientras que el segundo tiene múltiples manifestaciones y se expresa como injusticia, marginación, pobreza, indiferencia, abandono, ignorancia y segregación. “El dolor de los hombres es la única cosa objetiva, clara, evidente, constante… el dolor que unos hombres causamos a otros hombres, el dolor que originan nuestra voluntad o nuestra ineficacia para hacer una nueva y mejor organización de las cosas humanas”.
El cometido de la política es remediar males cuyo origen es el dolor que proviene de los propios seres humanos, el que nos causamos unos a otros: “socialmente, por lo menos, nuestro deber es obrar, remediar males, mejorar la condición de los hombres”. Y más adelante el maestro escribía: “Que el fervor de la aspiración anime la búsqueda y la disciplina de la investigación reduzca el anhelo, porque es peor el bien mal realizado que el mal mismo. Lo primero, destruye la posibilidad del bien y mata la esperanza. El mal, por lo menos, renueva la rebeldía y la acción”.
Patriotismo del tiempo
En sus reflexiones sobre el buen gobierno Carlos Castillo Peraza introdujo la idea del patriotismo del tiempo: “los mexicanos tenemos el derecho y la obligación de exigirle a nuestro gobierno respeto por nuestro tiempo... ese ´patriotismo de la patria´ de que nos presumen, al que nos convocan y que nos prometen los políticos en temporada de campaña electoral, debe concretarse, ya que se llegue al poder y sobre todo de cara al siglo XXI, en algo que bien podría llamarse el patriotismo del tiempo”.
Y poco antes reflexionaba: “¿Cuál sería, desde la consideración del tiempo en tanto que único bien absolutamente no renovable, el mejor gobierno, el gobierno que los mexicanos, electores o no electores, deseamos para el siglo XXI? Sin duda aquel que fuese capaz de organizar y ordenar la vida en común de manera que cada uno de nosotros pierda el menos tiempo posible o, puesto en positivo, de modo que cada uno de nosotros pueda disponer de más tiempo para sí, para sus actividades productivas, educativas, familiares, culturales, de esparcimiento, de descanso y espirituales. Y ¿cuál sería el peor gobierno y, desde el mismo punto de vista, el más ladrón? Aquel cuya estupidez o cuya maldad constriñera a sus gobernados a desperdiciar o a perder más tiempo. Dime cuánto tiempo me obligas a perder para siempre y te diré cuán mal gobernante eres; dime cuánto tiempo me ayudas a tener para mí, para mis gentes, para mis asuntos personales o sociales, y te diré qué tan buen gobernante eres”.
Legitimidad y eficiencia
El ideal de una vida mejor y más digna para todos sólo se puede realizar a través del ejercicio de gobierno. De ahí que el Partido haya nacido a la vida pública como una organización política permanente, como un grupo selecto de personas en condiciones de perdurabilidad: ni mero apostolado político, ni apetito desmedido por el poder, pero tampoco la vana esterilidad de ser oposición permanente, ya que el objetivo primero, más no primordial, para lograr los fines superiores de construir el bien común, es la conquista del poder.
En la larga lucha por la edificación del bien común, el PAN ha tenido que aprender a vivirse como gobierno sin que el ejercicio del poder clausure su futuro y sin que el hecho de ganar el poder pierda al Partido. Hoy podemos decir que un buen gobierno se legitima haciéndole frente al dolor evitable y se hace eficiente cuando no le quita el tiempo a la ciudadanía. La unión virtuosa de legitimidad, cuyo eje es la lucha contra el dolor evitable, y eficiencia, como ahorro del tiempo, es la base para la construcción del bien común, y el cimiento firme y duradero para la construcción de la victoria cultural como antesala necesaria de la victoria electoral.
Twitter: @JavierBrownC