Cultura

Birdman o la Inesperada Virtud de la Ignorancia

MA
Por Maricarmen Rizo · 3 min de lectura
Por Mabel Salinas. Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu son los cineastas mexicanos más exitosos al momento. Mientras el primero nos llevó a un viaje espacial para hablar de la sobrevivencia (Gravedad) y el segundo a una batalla a lo profundo del mar para enfrentar una invasión alienígena (Titanes del Pacífico), el tercero invita a atestiguar los últimos toques previos al estreno de una obra teatral que enfrenta muchos problemas. A través de las decisiones de un actor fracasado, Riggan Thomson (Michael Keaton), que trata de recuperar a su familia y de montar una puesta en escena basada en una obra inadaptable (De qué Hablamos Cuando Hablamos del Amor, de Raymond Carver), el llamado “Negro” explora temas profundos. Por un lado, muestra el arrepentimiento por el fracaso familiar y los errores de Riggan como padre, precio de una carrera venida a menos. Antes famoso por interpretar al superhéroe Birdman, quiere revivir su fama con el nuevo proyecto, ¿pero realmente tiene algo que ofrecer? Por otro, habla de la importancia que le damos a la opinión de los otros, a la validación para insertarnos con éxito en una sociedad individualista e impresionable. ¿Qué tanto somos capaces de hacer por recibir el visto bueno de quienes nos rodean? Pero por si esto fuera poco, González Iñárritu también hace una crítica al star-system hollywoodense y a la necesidad de las celebridades por demostrar talento, versatilidad y arte, ello mediante la continua migración de personalidades de la Meca del Cine a Broadway. Otra faceta de la búsqueda de aceptación y reconocimiento. Pero el mensaje del cineasta es claro: la admiración no es lo mismo que el amor, y plantea la pregunta: ¿al final del día, cuál es más importante? Si de por sí los temas que aborda la relativamente sencilla trama son complejos y tienen muchas capas, la narrativa es relajada para el público aunque haya implicado retos técnicos para el realizador y su equipo. ¿En qué sentido? En primer lugar porque hay una meta lectura de la cinta. Tenemos como protagonista a Michael Keaton, quien al interpretar a un actor “ex superhéroe” se burla de su faceta como Batman. Interactúa a cuadro con Edward Norton, quien figura en el rol de un actor complicado, cuando en la vida real se sabe que es difícil trabajar con él por sus obsesivos métodos actorales. En segundo, porque la película a nivel visual fluye todo el tiempo. Da la impresión de que se compone de una única toma sin cortes, en donde la cámara de Emmanuel Lubezki (también mexicano) sigue en todo momento a los personajes, mientras se encuentran unos con otros o recorren los recovecos tras bambalinas. Pese a que su dinámica está perfectamente coreografiada, hay momentos en que la pantalla queda vacía a cuadro. No obstante, se aplaude la osadía. Y en tercero, porque esta elección narrativa, que ejemplifica cómo es en realidad la vida (no tenemos opción de cortes ni edición), requirió que González Iñárritu y su equipo innovaran en los terrenos del diseño de audio. Crearon un software especial para la mezcla sonora, porque a causa del constante movimiento de cámara se registraban todo tipo de audios y ruidos que debían “maquillarse”. Alfonso Cuarón había advertido que Birdman sería una obra maestra y tiene mucho de razón, no sólo por el loable trabajo técnico, sino por hacer de una trama sencilla una propuesta profunda. Ojalá se vea reflejado en las nominaciones al Óscar a principios de 2015.     Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere. @mabsalinas @EnLaButaca