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Ayudar sin sustituir (subsidiariedad)

GE
Por Gerardo de la Cruz · 4 min de lectura

*Cuatro principios frente a la IA

Imagina que en un partido de futbol un jugador se equivoca y el equipo pierde. El director técnico no puede decir que no es su responsabilidad: él eligió la estrategia, asignó las funciones y dirigió al equipo. Se puede delegar una tarea, pero no la responsabilidad.

Ahora imagina a ese mismo técnico tratando de indicarle por radio a cada jugador qué hacer con el balón en cada momento. Aunque supiera más de futbol que todos ellos juntos, tendría un equipo peor. El que está en la cancha ve la jugada, él no. Ahí están las dos caras del asunto: el técnico responde por el resultado y, justamente por eso, no toma las decisiones que le tocan a quien está más cerca de la jugada.

Algo parecido ocurre con la inteligencia artificial en las organizaciones. Puedes delegarle mil funciones, pero tienes que saber cómo las realiza, supervisar sus resultados y responder por sus consecuencias. La pregunta difícil viene después: ¿cómo saber qué conviene entregarle a la máquina y qué no?

¿Qué tiene que ver la subsidiariedad?

Este principio ordena las responsabilidades entre la persona, la familia, las organizaciones sociales y los distintos niveles de gobierno. Como resumía Carlos Castillo Peraza: “tanta sociedad como sea posible y tanto Estado como sea necesario”. El nivel superior debe prestar ayuda cuando hace falta, no en toda ocasión. Se trata de evitar el control total, por un lado, y de otorgar un auxilio (subsidium) a quien lo necesita, por el otro.

La subsidiariedad no va en contra de delegar tareas. Dice que no le quites a alguien lo que puede hacer, y que lo ayudes cuando no puede. No ayudar también viola el principio.

El principio se formuló en 1931 en la encíclica Quadragesimo Anno. ¿Por qué importa más hoy? Porque antes, aunque se pudiera juntar toda la información en un solo lugar, nadie podía revisarla. Decidir caso por caso exigía gente cerca de cada caso. La inteligencia artificial cambió eso: hoy sí se puede decidir a distancia, en volumen y en segundos. Y cuando algo era imposible, no hacía falta discutirlo. Ahora sí.

  • Subsidiariedad en el acceso

En el entorno laboral y educativo, la subsidiariedad aplica desde antes de la primera decisión: el manejo de la IA abre una brecha entre quienes la usan y quienes no. Los usuarios activos aprenden a ser más eficaces en sus labores, los demás acumulan una desventaja doble, laboral y de competencias generales. Aquí el Estado debería prever esa brecha y auxiliar a las familias a cerrarla.

  • Subsidiariedad en la decisión

¿Hasta dónde delegamos actividades y decisiones a la IA? Tres preguntas ayudan a resolverlo caso por caso.

  1. ¿Puede hacerlo bien quien está más cerca? Un diseñador que alcanza a sacar su trabajo no necesita delegar: hacerlo es una opción, no un deber. Pero según el magistrado presidente del tribunal de Querétaro, cada juez familiar de ese estado lleva unos 2,800 asuntos. Ahí ningún juez resuelve bien, por competente que sea, y la subsidiariedad no sólo permite la ayuda: la exige. Ese tribunal desarrolló su propio sistema, en servidores institucionales, y el juez revisa antes de firmar. Y hay un caso en el que el más cercano no es quien hace la tarea, sino quien la recibe: cuando lo que se decide es sobre una persona, nadie conoce su situación mejor que ella. Un aspirante al que le cancelan el examen no es un tercero afectado por una decisión ajena. Es el primer nivel y lo más común es que sea el único que no participó.
  2. Si delego, ¿puedo revisar y revertir? La UNAM sostuvo que la inteligencia artificial sólo emitía alertas y que las decisiones las tomaban personas. Es cierto y es insuficiente: con más de 158 mil exámenes, el humano revisa lo que la máquina marcó y la máquina ya decidió qué se mira. El reglamento europeo de inteligencia artificial le puso nombre: sesgo de automatización.
  3. ¿La delegación fortalece o atrofia a quien decide? El estudiante que entrega buenos trabajos hechos con IA y no aprendió a escribir. La herramienta funcionó, la persona no creció. Es la misma brecha del apartado anterior, pero al revés: no se abre por falta de acceso, sino por exceso de comodidad.

Ninguna de las tres preguntas se responde igual en todos los casos. Por eso la subsidiariedad no es una regla, es un criterio: obliga a juzgar cada situación en vez de aplicar una consigna. El técnico responde por el resultado del partido y precisamente porque responde, no puede jugarlo por sus jugadores.

* Primera entrega de cuatro.