Aprendizajes para defender el voto y fortalecer la democracia
Estoy convencido de que las derrotas enseñan lecciones que, en medio de una victoria, con frecuencia pasan inadvertidas. Cuando esas experiencias se analizan con honestidad y se convierten en aprendizaje institucional, ayudan a corregir el rumbo y a no perder la brújula cuando llegan los triunfos electorales.
La elección local de Coahuila 2026 dejó, en materia de capacitación electoral, aprendizajes relevantes. Ponerlos en práctica en futuros procesos puede contribuir no solamente a obtener mejores resultados, sino también a consolidar un sistema interno de formación que fortalezca la legalidad electoral y, con ello, la democracia en México. La experiencia permitió observar tres aspectos fundamentales: la utilidad de contar con un modelo común, la importancia de formar a quienes capacitan y el potencial de combinar herramientas tradicionales con nuevas tecnologías.
Un modelo común con capacidad de adaptación
El primer aprendizaje se relaciona con el modelo desarrollado por la Secretaría Nacional de Formación y Capacitación, en coordinación con la Secretaría de Elecciones del Comité Ejecutivo Nacional del PAN. Su propósito es establecer una base común para las capacitaciones electorales que se imparten en todo el país, de manera que las y los representantes generales (RG) y representantes de casilla (RC) reciban los conocimientos esenciales sobre el funcionamiento de la casilla, sus atribuciones y los procedimientos para vigilar y defender el voto.
Antes de contar con este marco, la organización de los cursos dependía en buena medida del criterio de cada persona capacitadora. Esto generaba diferencias considerables en la duración, los contenidos y los materiales: mientras en una entidad podía utilizarse un documento de tres páginas, en otra se recurría a una presentación de doscientas diapositivas. Esa dispersión implicaba el riesgo de omitir temas indispensables para la estrategia electoral y dificultaba evaluar si las personas representantes estaban recibiendo una preparación suficiente.
Estandarizar no significa ignorar las particularidades locales ni convertir la capacitación en un ejercicio rígido. Significa asegurar un piso mínimo de calidad, contenidos y metodología, susceptible de adaptarse a cada legislación, contexto y estrategia estatal. Este marco común permite saber qué se enseña y, al mismo tiempo, facilita evaluar, actualizar y mejorar los cursos. Pero su efecto más valioso ha sido elevar la preparación de quienes tienen la responsabilidad de impartirlos.
Formar a quienes forman
La capacitación electoral es una responsabilidad estratégica que no puede relegarse. Cuando se le resta importancia, no es posible garantizar que las personas representantes conozcan cómo defender la legalidad y los intereses de Acción Nacional. Incluso tareas básicas —como revisar el llenado de las actas, solicitar copias legibles, registrar un incidente o reportar oportunamente una irregularidad— pueden quedar sin atender.
El modelo comienza con la selección de las capacitadoras y los capacitadores electorales, a quienes en la Secretaría llamamos CAPELES. Las dirigencias estatales identifican y proponen a las personas que asumirán esta encomienda y su responsabilidad se formaliza mediante un nombramiento institucional. Así, cada CAPELE cuenta con el aval de su dirigencia y queda integrado a una estructura con funciones definidas.
La segunda etapa consiste en capacitar a quienes habrán de capacitar. Mediante el Curso Nacional de CAPELES y los cursos estatales, las personas participantes reciben conocimientos actualizados, herramientas pedagógicas y orientación sobre la estrategia, la metodología y los temas que deberán abordar. También se les proporcionan propuestas de manuales, materiales didácticos y recursos audiovisuales para los cursos dirigidos a RG y RC.
En otras palabras, se trata de profesionalizar la cadena completa de formación. No basta con reunir a las personas representantes y exponerles información: es necesario que quien conduce el curso domine los contenidos, sepa comunicarlos y pueda convertirlos en habilidades aplicables durante la jornada electoral.
Realidad virtual: de la explicación a la experiencia
La tercera etapa es la implementación de los cursos. En Coahuila, esta fase permitió incorporar por primera vez, dentro de la estrategia de capacitación del partido, ejercicios de realidad virtual. Se diseñó una agenda regional para que las distintas zonas del estado tuvieran acceso a esta herramienta. De 220 cursos que se impartieron, el 10 por ciento se impartió bajo este esquema y la recepción fue muy favorable.
La principal aportación de la realidad virtual fue acercar a las personas representantes a situaciones semejantes a las que podrían enfrentar durante la jornada electoral. A través de escenarios inmersivos, pudieron reconocer procedimientos, tomar decisiones y experimentar la presión propia de un incidente en casilla. El aprendizaje dejó de ser únicamente expositivo: las personas participantes ensayaron cómo responder y desarrollaron mayor seguridad para ejercer sus derechos y cumplir sus responsabilidades.
La evidencia disponible sobre capacitación inmersiva ofrece indicios alentadores. Un estudio de PwC sobre formación de habilidades blandas en entornos empresariales encontró mayores niveles de conexión emocional y confianza entre participantes capacitados con realidad virtual. Aunque ese estudio no se refiere a procesos electorales y sus resultados no deben trasladarse de manera automática a nuestro ámbito, sí respalda la pertinencia de evaluar con rigor el potencial pedagógico de esta tecnología.
Aprender para fortalecer la democracia
Más allá de los resultados electorales, la experiencia coahuilense permitió comprobar que el modelo avanza en la dirección correcta: contenidos esenciales compartidos, personas capacitadoras respaldadas y mejor preparadas, materiales adaptables e incorporación responsable de nuevas tecnologías.
La capacitación electoral no debe entenderse únicamente como una tarea para competir mejor. También forma ciudadanía. Cada persona representante que conoce la ley, documenta una irregularidad, exige que se respete el procedimiento y actúa con responsabilidad contribuye a la integridad de la elección.
Por ello, el compromiso trasciende una jornada y un resultado. Se trata de consolidar un sistema de capacitación que fomente la cultura de la legalidad, proteja la voluntad ciudadana y fortalezca la democracia en cada rincón de México. Las victorias importan; aprender, institucionalizar y estar preparados para defenderlas importa todavía más.