Anheló la democracia y amó al PAN. In memoriam, Fernando Estrada Sámano
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Fernando Rodríguez Doval.
Desde la propia fundación del PAN, Manuel Gómez Morin concibió al Partido como una empresa de largo aliento. En su profundo realismo, derivado de varios años en la primera línea de la política práctica, Gómez Morin sabía que el éxito electoral de Acción Nacional no sería inmediato y que, por lo tanto, era necesario que sus ideas permearan paulatinamente en la sociedad, a fin de formar una cultura democrática y ciudadana. En esta tarea de fondo, el PAN hizo suya una doctrina humanista que después fue desdoblada y teorizada por múltiples ideólogos.
Uno de ellos fue Fernando Estrada Sámano. Hijo de Miguel Estrada Iturbide, uno de los fundadores del PAN, Fernando Estrada Sámano fue un fiel seguidor de Efraín González Morfín y sus tesis solidaristas, aquellas que a fínales de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, en plena Guerra Fría y en un mundo dividido en bloques ideológicos, proponían el cambio democrático de estructuras para lograr, de forma integral y sin beneficiar ningún interés parcial ni de clase, una justicia social y un bien común del que son ajenos, por exclusivistas, tanto el individualismo liberal como el colectivismo marxista. A partir de estas ideas y bajo el liderazgo de Adolfo Christlieb, el PAN proyectó sus principios de doctrina en 1965.
En medio de esta efervescencia cultural y doctrinal, Fernando Estrada, quien contaba con una muy sólida formación académica en algunas de las mejores universidades del mundo, coordinó los trabajos de elaboración de la Plataforma Política del PAN para 1973 y fue electo diputado federal en ese mismo año. Las publicaciones de la época dan fe de que Estrada Sámano era el legislador de la precisión conceptual, de la exactitud estadística, de la oratoria culta y refinada.
Esa época convulsa fue también testigo de una de las crisis más dolorosas en la historia del PAN. Dos grandes liderazgos, Efraín González Morfin y José Ángel Conchello, diferían en las estrategias y estilos para combatir al régimen autoritario priista. Efraín pugnaba por un partido que ejerciera presión en favor de cambios sustantivos, no únicamente en las instituciones políticas sino, sobre todo, en las estructuras socioeconómicas; mientras no se corrigieran las graves injusticias sociales y no se educara a los pobres para la democracia, la utilidad del voto sería francamente menor. Conchello, más pragmático, consideraba que el descontento de los empresarios y el temor de las clases medias por las políticas socializantes de Luis Echeverría otorgaban al PAN la oportunidad de convertirse en una alternativa electoral, por lo que era necesario utilizar lenguajes nuevos y menos elitistas para ganar la simpatía de los inconformes y, de esa manera, ocupar espacios de poder. Fernando Estrada Sámano claramente se alineó con las posiciones de Efraín, de quien admiraba su brillantez intelectual, su preocupación social y su integridad personal.
Lo que hoy parecería un dilema salvable, en aquel momento generó un conflicto interno que ocasionó que el PAN no postulara candidato presidencial en 1976, así como la renuncia al Partido de Efraín González Morfín en 1978 cuando se aprobó la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE). A partir de entonces, Fernando Estrada se alejó varios años de la militancia activa en Acción Nacional y dirigió su talento hacia el ámbito académico.
Entre 1981 y 1986, Estrada Sámano fue profesor de tiempo completo en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), en donde fue jefe del departamento de Ciencias Sociales, así como director de su licenciatura. Desde esa importante responsabilidad, Fernando Estrada siguió promoviendo el cambio político en México: llevó a cabo diversas investigaciones; contrató como profesores del ITAM a politólogos destacados como Soledad Loaeza, Juan Molinar o José Antonio Crespo, y abrió espacios para el debate político en México, organizando mesas redondas con dirigentes de partidos, académicos y candidatos.
El arribo a la presidencia del PAN de Luis H. Álvarez en 1987 supuso el regreso de Fernando Estrada a la vida partidista activa, quien se convirtió en un asesor indispensable de Manuel Clouthier, primero en su campaña y después en el gabinete alternativo que conformó. En 1991, Estrada Sámano fue nuevamente diputado federal, en una legislatura verdaderamente histórica por la cantidad de reformas que se aprobaron y por la calidad de la bancada de Acción Nacional, coordinada por Diego Fernández de Cevallos. En 1992, Fernando Estrada fue candidato a la gubernatura de Michoacán y durante el resto de la década de los noventa tuvo una intensa vida partidista, tanto en el Comité Nacional como en el Regional del Distrito Federal.
Con el PAN en el Gobierno federal, Fernando Estrada Sámano se convirtió en uno de los diplomáticos más destacados. Fue embajador en El Vaticano, en Suecia y en Paraguay, así como cónsul en Boston.
El pasado 15 de diciembre Fernando Estrada Sámano compareció ante el Creador. No lo hizo con las manos vacías, sino con las alforjas llenas y la misión cumplida de haber impulsado el cambio político en México por medio del pensamiento y la acción, binomio inseparable para quien ha decidido hacer de la política una técnica de salvación, como diría González Luna. De él se refirió así Federico Estévez, amigo y compañero de sus épocas en el ITAM: “el anhelo por la democracia fue su gran e inapagable pasión, pero su gran amor, a veces interrumpido pero nunca vencido por el desamor, fue el PAN”. Mejor epitafio, imposible.
Fernando Rodríguez Doval es Secretario de Comunicación del CEN del PAN. Twitter: @ferdoval