Alonso Lujambio: de la transición a la consolidación democrática
Carlos Castillo.
Una última voluntad acompañó la prematura partida de Alonso Lujambio, en septiembre de 2012: convocar a quienes en algún momento de su vida lo acompañaron en sus distintos ámbitos de participación pública o privada, para que fuera ese grupo el que escribiera a propósito del trabajo realizado durante una vida que puede calificarse no sólo de ejemplar, dedicada y apasionada por el conocimiento sino, además, que bien creció y se desarrolló teniéndolo a él como actor y testigo de la transición y la consolidación de la democracia en México.
Es así como surge Constructor de instituciones. La obra de Alonso Lujambio comentada por sus críticos, coordinada por Horacio Vives Segl (Miguel Ángel Porrúa, 2014), donde 15 autores desarrollan en 14 textos una exposición clara, un retrato amistoso, un perfil intelectual, profesional y académico de los distintos intereses, de las muy variadas pasiones, los afectos y las acciones que distinguieron a Lujambio.
Cinco son los ejes en torno a los cuales se despliega esa labor: referencias bibliográficas; el Partido Acción Nacional; democracia mexicana; estudios legislativos y estudios jurídicos, componiendo un retrato que abarca una carrera profesional cuyo eje podría concluirse es el sistema político nacional, desde su arquitectura legal básica hasta sus componentes teóricos y su desarrollo en los años noventa y primera década del siglo XXI.
Lujambio tuvo, en ese sentido, un papel destacado en una etapa que, en pleno cambio de poderes en el Ejecutivo Federal –cuando la alternancia exigía instituciones compuestas por mexicanos a la altura de su momento histórico–, puso a prueba a un recién instalado Instituto Federal Electoral, del que él formó parte, y que llevó a buen puerto su misión de representar y hacer respetar la decisión ciudadana a través de las urnas; poco después, ya como comisionado y luego como presidente del IFAI, prosiguió con ese enorme aporte al sistema democrático, apuntalando las bases para que la transparencia y la rendición de cuentas fueran una herramienta ciudadana (hasta hoy subempleada) de control y supervisión de las actividades gubernamentales.
Cabe señalar que ambas etapas de su trabajo como servidor público, así como el espacio dedicado al entramado legal y al poder legislativo que acompaña toda democracia, son reseñadas por personajes igualmente trascendentes para aquellas instituciones: José Woldenberg, Jacqueline Peschard, Fernando Rodríguez Doval, Rafael Estrada Michel, Pedro Salazar Ugarte y Jesús Silva-Herzog Márquez, entre otros: un recuento que demuestra cómo aquella suma afortunada que tanto apasionó a Gómez Morin, donde la técnica y la acción se suman para transformar un país, se traduce en acciones efectivas, en decisiones cruciales y en acontecimientos que son parte ya de nuestra historia como nación en vías de consolidación democrática.
Por lo que toca a la pasión de Lujambio por la historia y, en particular, por la biografía, son el propio Vives Segl, así como Enrique Krauze y Soledad Loaeza, con quien debatió sobre el PAN en no pocas ocasiones desde las páginas de la revista Nexos, quienes terminan de dar forma a un mosaico que dibuja el perfil exhaustivo, como fue su vida, el retrato ampliado, como fue su entrega, y la figura clara, como fue su trabajo, de un mexicano que, como pocos hoy, ha entregado a México una parte indispensable del sustento sobre el que se levanta nuestro sistema político.
Una obra, en suma, digna de Alonso, fiel a su memoria, en la que puede leerse el desarrollo reciente de la democracia de nuestro país.
Carlos Castillo es Director de la revista Bien Común.