A 63 años del voto de la mujer
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Marcela Torres Peimbert.
Este 17 de octubre conmemoramos el 63 aniversario del voto de la mujer en México, lo que constituye una buena oportunidad para hacer un breve repaso a la lucha histórica que se tuvo que librar, con el objeto de que se nos reconociera este derecho político fundamental, así como los avances que, aunque todavía insuficientes, sin duda hemos logrado.
Hoy, nos parece de lo más natural acudir a las urnas a emitir nuestro voto e incluso a ser postuladas como candidatas a algún cargo de elección popular. Sin embargo, no siempre fue así, a pesar del importante papel que tradicionalmente hemos jugado en la sociedad y que se ha ido ampliando con el paso del tiempo.
Hace apenas algunas décadas, luego de la Revolución Mexicana donde la participación activa de las mujeres fue fundamental, se consideraba que nuestra atención tenía que centrarse en la familia; por tanto, no debíamos distraernos en asuntos políticos, como si no fuéramos capaces de desempeñar con la misma eficacia y el mismo nivel de compromiso distintos roles a la vez, tal y como ha quedado demostrado en múltiples ocasiones.
Es importante recordar que en el Plan de Guadalupe se pugnaba por “asegurar a todos los habitantes del país la efectividad y el pleno goce de sus derechos y la igualdad ante la ley”, pero al momento de redactar el artículo 34 de la Constitución de 1917 que se refería a la ciudadanía, se redactó en masculino con lo que los constituyentes nos negaron dicha calidad y la posibilidad de ejercer derechos políticos.
En respuesta, la maestra y destacada feminista, Hermila Galindo Acosta, se postuló como candidata a diputada en 1918, argumentando que la disposición constitucional debía interpretarse en forma genérica. Sin embargo, a pesar de que ganó la elección, el Colegio Electoral no le reconoció el triunfo.
Tuvieron que pasar cinco años para que en el estado de Yucatán se nos reconociera el derecho a participar en las elecciones, por lo que en 1923 resultaron electas tres diputadas, quienes tuvieron que dejar sus cargos tras el asesinato del gobernador Carrillo Puerto. Un año después también se otorgó el voto a la mujer en San Luis Potosí, pero al poco tiempo se dio marcha atrás.
En 1937, Lázaro Cárdenas presentó una iniciativa reconociendo la igualdad entre hombres y mujeres, pero a pesar de que se aprobó en el Congreso federal y en los Congresos locales, por tratarse de una reforma constitucional, se mandó a la congeladora legislativa y nunca se promulgó, evidenciándose las resistencias que siempre hemos tenido que vencer.
Tuvieron que pasar otros 10 años para que se aprobara el voto femenino a nivel municipal, en buena medida gracias a la iniciativa que presentó el PAN y que sirvió de presión para que el presidente Miguel Alemán también propusiera la suya.
El primer avance concreto se registró el 17 de febrero de 1947 con la publicación de la reforma constitucional, pero no satisfecho con ello, Acción Nacional insistió algunos años después para que se retomara la modificación que quedó inconclusa en la gestión de Lázaro Cárdenas y que otorgaba derechos políticos plenos a las mujeres. A finales de 1952, Adolfo Ruíz Cortines envió al Congreso una nueva iniciativa que se publicó el 17 de octubre de 1953 en el Diario Oficial de la Federación.
De esta forma, en julio de 1955 las mujeres pudimos ejercer por primera vez nuestro derecho al voto a nivel federal, lo que sin duda representó un logro importante pero que no deja de ser limitado, pues aún enfrentamos muchos obstáculos para acceder a los espacios de decisión.
A partir de esta realidad, la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing (1995) y que marcó un punto de inflexión en la agenda de igualdad de género, definió como uno de los principales objetivos adoptar medidas para garantizar igualdad de acceso y plena participación en las estructuras de poder y toma de decisiones, lo que a su vez provocó que gradualmente se establecieran cuotas de género en nuestro país y se cerrara la brecha que nos separa de los hombres.
Es justo reconocer que nuestro voto cada vez se vuelve más decisivo para el resultado de las elecciones, ya que representa casi el 52 por ciento de la población, además hoy tenemos garantizadas la mitad de las candidaturas. En 63 años hemos podido conquistar espacios que hace no mucho tiempo se percibían muy lejanos.
Por ejemplo, en la Cámara de Diputados las mujeres panistas ocupamos el 43.1 por ciento de las curules, mientras que en los Congresos de Baja California Sur, Coahuila y Tabasco logramos la paridad. En Chiapas, Nayarit y Campeche somos mayoría.
Debemos destacar también que a partir de este año encabezaremos las capitales de Aguascalientes, Chihuahua e Hidalgo, así como los municipios de Matamoros, Reynosa, Juchitán o Cozumel.
Puntualizamos que no se trata de que nos regalen nada, pues está demostrado que en Acción Nacional contamos con muy buenos perfiles en cuanto a trayectoria partidista, preparación académica y experiencia legislativa y de gobierno. Únicamente exigimos piso parejo para competir en igualdad de circunstancias y sobre todo que desterremos de una vez por todas la violencia política que aún padecemos en nuestro país. El camino todavía es largo, pero unidas, paso a paso, seguiremos avanzando.
Marcela Torres Peimbert es Secretaria de Promoción Política de la Mujer. Twitter: @Marce_Torres7