Yo no quiero que le vaya mal al Presidente
Publicada el Mie, Mar 25, 2020

 

Por Alan Ávila Magos.

Yo no quiero que le vaya mal al Presidente, aunque difiero con él en muchas cosas. No coincido con él en sus formas de entender la realidad, en combatir los problemas, en atender las urgencias… Insisto, no quiero que le vaya mal al Presidente, yo lo que quiero es que no le vaya mal a México. Lo que quiero es que se dedique a gobernar.

Lo natural y lo sano en cualquier democracia es que existan diferencias. Disentir permite fortalecer el debate, encontrar más alternativas, generar equilibrios ante las perversiones latentes que surgen desde el poder. Y en México, a 15 meses del gobierno de López Obrador, la realidad indica que no se puede disentir con su manera de gobernar.

No se puede por dos motivos: el primero, porque no hay gobierno. López Obrador no ha hecho su tarea como Presidente de México. Tal parece que sigue en campaña, culpando a todos sin asumir la mucha o poca responsabilidad que le toca, provocando una división en la sociedad como tal vez nunca habíamos vivido, ni siquiera en 2006 con una elección presidencial tan polarizada. Parece que los 30 millones de votos lo sacaron de quicio. A 15 meses no hay obras de trascendencia para la vida cotidiana de las personas; los hospitales sin medicamentos; los programas sociales sin reglas de operación claras; la ciencia, la cultura y el deporte sin apoyo. En este gobierno no hay estrategia, ni visión, ni voluntad, sólo obras que parecen más capricho, y proyectos que sólo fomentan la politiquería.

Y la segunda razón por la que no se puede disentir con la manera de gobernar de la 4T es porque pareciera que es el más grande de los pecados de los mexicanos. Fifís, conservadores, mezquinos neofascistas, vende patrias, agachados, prianistas… Así es como el Presidente y sus seguidores pueden llamar a todos aquellos que piensen diferente, que señalen, que cuestionen, que exigen, que piden resultados y no pretextos. Las descalificaciones pueden ser lo menos, cuando hasta amenazas se reciben cuando no se aplauden los discursos vacíos del Presidente.

Aun y con esos dos motivos pareciera que no se puede disentir con el gobierno, SE DEBE HACERLO. Se debe, porque Andrés Manuel debe entender que con los mexicanos, sus sueños, sus aspiraciones y su inteligencia, no se juega. Porque México no tiene rumbo, parece que no hay destino al que se pretende llegar y todos navegamos el barco, y eso tampoco lo ha entendido el Presidente. Nadie con el mínimo amor por México le desea que le vaya mal al Presidente, pues si le va mal a él, nos va mal a todos.

Se debe manifestar cuando uno no está de acuerdo, porque es la responsabilidad y la obligación de la oposición. Y aunque he escuchado por varias personas los comentarios: “al Presidente no se le debe criticar porque la gente lo sigue queriendo” o “no es políticamente correcto señalar los errores del Presidente porque perdemos simpatías de los ciudadanos”, yo creo que sí debemos ser una voz crítica y propositiva. Debemos mantenernos del lado de la congruencia, fieles a lo que creemos. Si el PAN ha trascendido en la vida pública y política por 80 años, es por su convicción democrática, de extender la mano solidaria a los gobiernos de otros partidos y por señalar aquello en lo que no coincidimos.

El presidente López Obrador no ha entendido que el 1 de diciembre él asumió ser el Presidente de todas y todos los mexicanos. Gobernar para los que votaron por él y para los que no. Su poca visión y nula tolerancia, no le han permitido encontrar en aquellos que pensamos diferente, la oportunidad de generar un gobierno que represente a todos. Y más bien, ha entendido esas críticas como las ganas de querer que le vaya mal.

Creo que el peor enemigo de López Obrador es el mismo López Obrador. Pues ni los enfermos, ni los emprendedores, ni las mujeres, ni los deportistas, ni los estudiantes, ni los empresarios, ni los pueblos originarios, ni los investigadores, ni los pobres, ni los adultos mayores son su prioridad. En realidad, parece que este gobierno no tiene prioridades. No hay proyecto, no hay visión, no hay estrategia, no hay voluntad. Si el Presidente no entiende que quienes disienten con él no son sus enemigos, no entenderá el verdadero reto de gobernar a este gran país tan plural, tan diverso, tan heterogéneo.

Insisto, no quiero que le vaya mal al Presidente, yo lo que quiero es que no le vaya mal a México. Lo que quiero es que se dedique a gobernar.

 

Alan D. Ávila Magos es Secretario Nacional de Acción Juvenil.

Twitter: @AlanAvilaMagos

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