…y después de la cuarentena, ¿qué?
Publicada el Mar, May 26, 2020

Por Alan Ávila Magos.

El coronavirus llegó para quedarse, sus secuelas son incalculables y la incertidumbre abrumadora. Mucho se dice de lo que será cuando concluya la cuarentena, principalmente en lo económico, pero poco se dice de cómo será nuestra convivencia cuando “volvamos a la normalidad”.

Hemos ido sobrellevando el confinamiento y esperamos con ansias el regreso a lo cotidiano. La historia ha marcado a cada generación con un acontecimiento que las ha obligado a reinventarse. Nuestro encuentro con la historia se llama COVID-19. Cuando la “normalidad” regrese, no seremos los mismos. En lo individual hemos cambiado, pero, nos hemos preguntado, ¿qué secuelas sociales nos dejará la pandemia?

Si tuviera que definir la pospandemia con un verbo sería: REPLANTEAR. Deberemos replantearnos nuestro comportamiento. Ninguna nación, gobierno o empresa, ni ningún hombre que se asuma todopoderoso, ha sido tan grande como para no someterse a un microscópico virus.

Durante la cuarentena vivimos una hipervirtualización que ha provocado que demos un enorme salto en las necesidades digitales. El derecho humano al internet será un tema prioritario para aquellos dedicados a su procuración. La comunicación remota se ha convertido en una herramienta básica para las relaciones personales, no involucrarse en ellas nos convertiría en seres ermitaños, por lo tanto, debemos pensar en acercar las tecnologías de información y comunicación a aquellos que no tienen acceso, para no propiciar mayores desigualdades. Debemos considerar al internet como necesidad y no como privilegio.

Autoridades, instituciones y empresas también deberán replantear sus procesos. La digitalización debe ser aprovechada para pagar y prestar servicios, agilizar trámites, ofrecer alternativas en línea e incluso para comenzar a practicar home office. Sus pérdidas económicas durante la cuarentena son, en gran medida, por no aprovechar los avances tecnológicos de los últimos años.

La educación y los instrumentos democráticos también están obligadas a replantearse. La visión errónea de entender a las nuevas tecnologías como una amenaza ante un posible reemplazo y no como la oportunidad de complementar a la educación presencial, ha causado que las instituciones educativas mermen en sus objetivos de trasmitir conocimientos.

Los institutos electorales vivieron un hecho histórico: posponer las elecciones en Hidalgo y Coahuila. ¿Qué hubiera pasado si la pandemia fuera en 2021, previo a la más grande de las elecciones federales intermedias de la historia? El reto para las autoridades electorales es grandísimo. El ejercicio del pleno derecho democrático y la garantía a la salud de los ciudadanos, no debe ser un dilema entre elegir una o la otra.

El patriotismo también se ha replanteado. Ya no sólo es patriota el que usa el arma para defendernos, sino también médicos y enfermeros, cajeros de supermercados, recolectores de basura, campesinos y todos aquellos que, en cumplimiento de su deber, exponen su vida para que los que podemos permanezcamos en casa.

El coronavirus llegó para quedarse. Estamos viviendo un escenario que no es apocalíptico, pero sí aleccionador. A todo esto, hay una pregunta obligada: como sociedad, ¿ya aprendimos lo suficiente y estamos listos para crear un mejor lugar para vivir? o necesitamos otra pandemia.

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