Vitalidad de Cambio democrático de estructuras
Publicada el Lun, Ago 28, 2017

Por Javier Brown César.

Cambio democrático de estructuras es un vital documento aprobado por la XX Convención Nacional, realizada del 7 al 9 de febrero de 1969. Su aprobación se dio poco tiempo después de los sucesos del 2 de octubre del año anterior, reprobados de forma unánime y abierta por los legisladores de Acción Nacional en el pleno de la Cámara de Diputados.

El 2 de octubre se evidenció el agotamiento del régimen y la necesidad de transformar el “orden” existente, a todas luces intolerable: la permanencia y prevalencia de un Estado represor, el patrimonialismo que confundía los recursos públicos con los recursos privados, la cerrazón de un partido oficial con aspiraciones de totalidad en un medio plural, el corporativismo vergonzante y sometido a inconfesables arreglos cupulares, la corrupción de la clase política, el personalismo presidencialista que exacerbaba la figura del jefe de Estado, de gobierno y de partido, el centralismo que ahogaba a los municipios causando ruina y miseria, la falta de legitimidad de la autoridad, la sumisión de los medios de difusión a los designios del poder, el fraude sistemático y violento.

Al lado de las grandes estatuas y monumentos edificados por el régimen, estaban las lacras de la injusta distribución de la riqueza, la acumulación de fortunas en manos favorecidas por el sistema, la exclusión de vastas mayorías de la prosperidad nacional; un México dividido y confrontado, cuya manifestación palpable fueron los 325 jóvenes -cifra que da por buena Octavio Paz en Postdata– cuya vida fue cegada aquel 2 de octubre.

Después de la represión del 2 de octubre, se buscó despresurizar al país con reformas constitucionales, sin embargo “el otorgamiento formal de la ciudadanía a los jóvenes de 18 años no será suficiente para apartar a la juventud del desaliento y de la atracción por la violencia, si subsiste el refinamiento, cada día mayor, en la falsificación de los resultados electorales”. Falsificación que está en la base de la crisis de representación, con instituciones que no fueron diseñadas para responder a las legítimas exigencias ciudadanas, sino a los intereses de grupúsculos depredadores del presupuesto público.

Del fuego destructor del descontento podría surgir una alternativa para la nación, una apuesta por el mañana que canalizara las inquietudes juveniles: “La protesta responsable no puede consistir en la manifestación ambigua de querellas imprecisas, sino que debe tener una justificación racional y moral para no convertirse en un nuevo elemento de la sociedad repudiada”. De ahí la necesidad urgente de constatar que la “reforma de las estructuras políticas, económicas y sociales hacia modelos más justos y humanos, siempre se ha promovido de abajo hacia arriba, por el impulso incontenible de los grupos humanos postergados, cuando se deciden a mejorar su propia vida”.

El cambio tiene que ser estructural, desde los cimientos, debido a que “el desorden y los desajustes sociales, se encuentran tan arraigados en la sociedad actual, que no es posible, sin un cambio profundo y substancial, modificar las estructuras con el fin de construir, con justicia y libertad, bases para una vida más humana de los miembros todos de la comunidad nacional”. Pero el cambio no puede estar sujeto a las veleidades de una clase política que vive en su esfera de confort, tiene que basarse en una propuesta transformadora, radical: “Acción Nacional se pronuncia en favor de una transformación revolucionaria, que con audacia y justicia promueva renovaciones reales y efectivas”.

La revolución que se propone, no es la de la vía violenta, se trata de la revolución de las conciencias, del cambio de actitudes; el uso de la fuerza había probado su abierta esterilidad, sus altos costos, de ahí que la violencia no sea la alternativa porque: “está en el seno mismo de las estructuras injustas: en el abuso del poder, en la explotación del hombre por el hombre, en las excesivas desigualdades entre los grupos sociales y en el injusto trato entre las naciones”.

Para impulsar las grandes transformaciones, hay que basarse en la técnica, que para Manuel Gómez Morin consistía en el conocimiento puntual de la realidad: “el cambio de estructuras debe iniciarse con un examen a fondo de las instituciones que establece el orden jurídico, para dar vigencia real a aquellas que respondan a los requerimientos de promoción humana y a las exigencias actuales de participación personal, y para modificar o suprimir aquéllas incapaces de cumplir tales fines”.

Cambio democrático de estructuras señala las lacras del pasado y apunta a un porvenir posible, a un programa alejado de toda verticalidad autoritaria, de la cooptación de los intelectuales, de la connivencia con quienes acumulaban riquezas desmedidas; presenta un programa de cambio, un proyecto basado en transformaciones en la política, el campo, la educación, en los medios de difusión y la economía a partir de la valoración de la función social de la propiedad.

En el plano ideológico, durante el siglo XX, los ideales de la Revolución Francesa que sedujeron a millones de personas fueron reducidos a dos proyectos antagónicos e inadmisibles desde una perspectiva humanista: el liberalismo salvaje y depredador y el socialismo opresor; uno negó la justicia en aras de la libertad, el otro acabó con las libertades en su búsqueda de la justicia; ambos olvidaron la fraternidad, vínculo que da sentido a la libertad y que concreta los altos ideales de la justicia: “Ni el individualismo ni el colectivismo de diversos matices agotan los caminos de transformación de las estructuras políticas y sociales. Frente a tales posiciones de principios, Acción Nacional sostiene el Solidarismo: participación responsable y solidaria de la Persona en la convivencia, y organización de la autoridad y las instituciones para promover y garantizar el orden, el progreso y la paz a la Persona, a la familia y a los grupos sociales”.

Por otro lado, la opción electoral no puede reducirse al simple relevo de oligarquías, tiene que conmover los cimientos de la propia Nación a partir de un proyecto que implique la plena vigencia de la democracia más allá de simulaciones y proclamas partidistas: “Los cambios de estructuras que pueden planear quienes se resisten a la renovación democrática de mentalidades y conductas, sólo conducen a un relevo de oligarquías”.

En la raíz misma de la democracia se encuentra lo popular por antonomasia: el pueblo, el demos. Sólo un partido democrático puede ser auténticamente popular sin precipitarse en los laberintos ruinosos del populismo. Para ello debe anteponerse el programa, la propuesta, sin él no puede haber participación responsable, sólo protesta organizada por mercenarios que se escudan en el argumento de la salvación de la patria y que sólo promoverán un “simple relevo de los equipos discriminadores y antidemocráticos que manejan las estructuras económicas, políticas y sociales”.

Cambio democrático de estructuras encarnaba el anhelo de cambio, ofrecía una visión esperanzadora de nuestras posibilidades y señalaba la ruta que al día de hoy sabemos que es la correcta, lo que implica transitar de la simulación de la democracia a la vigencia plena de los ideales democráticos: “Sólo la verdadera democracia, intensamente vivida en los ámbitos político, económico y social, puede dar respuesta adecuada a los anhelos de los jóvenes que deseen participación personal responsable, solidaridad social y justicia en las relaciones humanas”.

La vitalidad de Cambio democrático de estructuras fue demostrada por su autor, Efraín González Morfín, en la campaña presidencial de 1970. Enfrentado al candidato del sistema, Efraín fue capaz de encabezar las inquietudes de una generación que había sido agraviada y que se identificaba con las causas del movimiento de 1968; no en balde se le conoció como el candidato de los jóvenes, honor que nunca tuvo el representante del partido oficial.

 

Twitter: @JavierBrownC

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