Una visión vanguardista del Congreso de la Unión
Publicada el Vie, Feb 17, 2017

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Por Javier Brown César.

Manuel Gómez Morin invitó personalmente a Luis H. Álvarez para que fuera candidato a gobernador de su natal Chihuahua en 1956. Dos años después, Álvarez sería el segundo candidato de Acción Nacional a la Presidencia de la República.

De esta segunda y vigorosa campaña, ampliamente documentada por La Nación, data un singular documento que fue elaborado conjuntamente por el candidato y el fundador del PAN. El documento original se consigna en la correspondencia entre don Manuel y don Luis, y apareció en el número 860 de La Nación (6 de abril de 1958).

El artículo firmado por Luis H. Álvarez, el 30 de marzo de 1958, en Morelia, Michoacán, en plena campaña presidencial, se titulaba El Congreso y los “lacrados”. Este extraordinario documento ofrece una visión del Poder Legislativo que mantiene una actualidad pasmosa y que lo convierte en un clásico, injustamente olvidado.

 

Asamblea deliberante

En el artículo se señala que “una de las instituciones esenciales del sistema democrático, la que históricamente le dio nacimiento, es una Asamblea deliberante que genuinamente represente a la comunidad”. La falta de esta genuina representación es uno de los males endémicos de nuestro Congreso actual: hay una distancia cada vez mayor entre los trabajos desarrollados por el Poder Legislativo y los anhelos y aspiraciones del pueblo.

La representación parlamentaria es doble al encarnarse en un sistema bicameral: la Cámara de Diputados debe expresar de manera fiel la representación popular y la Cámara de Senadores la de las entidades federativas. De ahí que los intentos de legitimar al Congreso reduciendo el número de legisladores deban ser cuidadosamente valorados.

El problema de la representación no se debe reducir a algoritmos y números, es mucho más profundo y está estrechamente relacionado con lo que el Congreso hace y con lo que ha dejado de hacer. Ciertamente, se da la deliberación en ambas Cámaras, pero la cuestión de fondo no es que haya o no debate, sino sobre qué se debate.

El problema de la representación se vincula con el del origen de las candidaturas: si para ser candidato hay que ser parte de componendas vergonzosas y de sistemas de cuotas y cotos aberrantes, quien llegue al Poder Legislativo no representará los intereses y las esperanzas de la ciudadanía: “¿Cómo podría cumplir su misión ese Congreso que no representa al pueblo ni le debe nada y que estará formado por personas que empiezan por aceptar, para llegar al puesto, esas formas brutales de imposición y de falsificación y que, por lo tanto, nunca podrán alegar ante quien los nombró ilegítimamente, ni el respeto a la ley, ni la consideración moral, ni la voluntad del pueblo?”

 

Maquinaria de hacer iniciativas

Hoy día, existen incentivos perversos y una visión desvirtuada del quehacer legislativo, que implica la reducción de la función parlamentaria a la presentación de iniciativas de ley o decreto. Muchos supuestos expertos en el Congreso de la Unión “miden” la productividad de los legisladores en términos de iniciativas presentadas y han convertido a las Cámaras en una interminable hoguera de vanidades. En lo que va de esta Legislatura, que va a terminar su segundo año de ejercicio, cada legislador ha presentado en promedio casi seis iniciativas, lo que da un total de más de 3 mil 700 proyectos legislativos.

Esta “derrama legislativa” implica costos extraordinarios: el que conlleva elaborar el proyecto; el vinculado a la revisión que de él hacen los órganos especializados de los grupos parlamentarios; los trámites y procesos que se dan para que sea presentado; los turnos y trabajos que realizan las comisiones que dictaminan; los esfuerzos y afanes que se requieren para que sea discutido, y finalmente, la elaboración de discursos para presentar y discutir los dictámenes en los respectivos plenos.

Hoy día, hay más de 3 mil 700 iniciativas presentadas por los grupos parlamentarios en ambas Cámaras, tan solo en esta Legislatura, de las cuales, un alto porcentaje de las propuestas por los legisladores no se dictamina o se dictamina en sentido negativo, y de las aprobadas, un elevado porcentaje llega a la colegisladora para, como minuta, dormir justa o injustamente en la comisión o comisiones dictaminadoras. Sólo el Poder Ejecutivo es capaz de lograr que la mayor parte de sus iniciativas se conviertan en decreto, gracias a que cuenta con numerosos equipos técnicos que elaboran las iniciativas y porque ejerce presión inusual para que sean aprobados sus proyectos.

 

La agenda pendiente del Congreso de la Unión

El citado artículo de La Nación ofrece una visión puntual de lo que un Congreso vanguardista debe ser y hacer. Las funciones sustantivas de las Cámaras no están relacionadas solamente con el proceso legislativo, existen funciones de control, de importancia toral para prestigiar al Poder Legislativo, que han sido relegadas en aras del protagonismo y la popularidad.

Como afirman con contundencia Manuel Gómez Morin y Luis H. Álvarez en su revolucionaria propuesta al Congreso: “No sólo le incumben constitucionalmente funciones legislativas. Tanto o más importantes que éstas son sus funciones administrativas y políticas: la organización fiscal de la República, el empleo que se dé a los fondos recaudados del pueblo, el respeto a los derechos y a los intereses de las entidades federativas, el control de los programas de gobierno y de los proyectos concretos de ejecución, así como de los resultados y de las cuentas, el señalamiento de los errores y deficiencias y la denuncia y corrección de los abusos de la Administración ejecutiva, el constante cuidado de la vigencia de las instituciones, la exposición de las necesidades insatisfechas y la exigencia del correcto planteamiento y de la eficaz solución de los problemas nacionales”.

Retomar la esencia del Poder Legislativo como contrapeso eficaz y control valiente del Poder Ejecutivo es la agenda pendiente del Congreso de la Unión. Mientras no se den los pasos necesarios en este sentido, cualquier intento de prestigiar a la noble institución no tendrá los efectos esperados e incluso podría deteriorar aún más la crisis de representación y confianza.

 

Twitter: @JavierBrownC

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