¿Una Concertación para México?
Publicada el Mie, Jul 19, 2017

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Por Fernando Rodríguez Doval.

La situación que vive el país es muy grave. No se trata de exagerar ni caer en el alarmismo, pero lo que estamos viviendo en México quizá nunca antes había ocurrido: una corrupción descomunal, tanto a nivel local como federal; una violencia inédita –mayo ha sido el mes con más homicidios en la historia reciente del país; una situación económica preocupante con una inflación y pobreza crecientes; una autoridad inepta que no rinde cuentas ante tragedias tan lamentables como la del socavón de la autopista a Cuernavaca… A lo anterior hay que agregar un renovado autoritarismo, cuya más reciente muestra ha sido el documentado espionaje a periodistas, activistas críticos y políticos de oposición.

Esta realidad exige soluciones audaces y atrevidas. Lo peor que nos puede pasar es pensar que todo lo anterior es normal o que tenemos que resignarnos a que siga ocurriendo. En este contexto y con este propósito, se ha planteado la posibilidad de construir un gran frente opositor de cara a las elecciones federales del próximo año. Un frente que agrupe no solamente a diversos partidos, sino también a organizaciones de la sociedad civil y académicos, a partir de un proyecto que, parafraseando a Efraín González Morfín, logre un auténtico cambio democrático de estructuras en nuestro país.

Las alianzas entre actores que piensan diferente son la regla, y no la excepción, en cualquier democracia. Ejemplos abundan: conservadores y laboristas se unieron en Gran Bretaña en un gobierno de unidad nacional para hacerle frente a Hitler. Socialistas y populares formaron una coalición de gobierno en el País Vasco para desmantelar al nacionalismo etarra. Socialdemócratas y demócrata-cristianos llevan años gobernando juntos, y bien, en Alemania. Hay un caso que, por su significado y complejidad, me parece aún más emblemático.

En Chile, en 1988, de cara al plebiscito que decidiría la continuidad del general Augusto Pinochet como presidente, una gran alianza multicolor se conformó para promover el voto negativo. Formaban parte de esa Concertación (así se llamó) partidos que lustros atrás se habían combatido con todas sus fuerzas, pero que coincidían en la necesidad de transitar hacia un régimen democrático y garante de las libertades y los derechos humanos. La Concertación no se limitó a lo electoral, sino que perduró durante varios gobiernos y convirtió a Chile en el país con mayor desarrollo económico de toda América Latina.

¿No podemos pensar en algo parecido para nuestro país? En México hay un problema adicional: la ausencia de segunda vuelta, lo cual, aunado a la existencia de nueve partidos con registro y la posibilidad de candidaturas independientes, puede ocasionar una fragmentación tal del voto que nos lleve a un escenario en el que un partido o candidato que conjunte un rechazo superior al 60 por ciento se convierta, sin embargo, en la primera minoría y gobierne durante seis años sin el aval mayoritario de la población.

Un eventual Frente Opositor no eliminará las diferencias ideológicas entre sus miembros, sino que las canalizará a la arena correspondiente, la legislativa: cada partido tendrá su propia bancada a través de la cual impulsar agendas específicas que deberán conjuntar mayorías parlamentarias para convertirse en leyes. En los temas en los que haya consenso, como pueden ser los relacionados con libertades democráticas, cambio de régimen, respeto a los derechos humanos, lucha contra la corrupción y en favor de la transparencia, los partidos frentistas los impulsarán juntos en el Congreso, a partir de un convenio de coalición.

Sacar al PRI de Los Pinos vuelve a ser una necesidad histórica. Reemplazarlo por un gobierno honesto y de resultados, igual. Una Concertación para México puede ir en ese sentido.

 

Fernando Rodríguez Doval es Secretario de Comunicación del CEN del PAN.

Twitter: @ferdoval

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