Todavía es útil y necesario hablar de género
Publicada el Jue, Jun 15, 2017

equidad

P0r María Elena Álvarez de Vicencio.

En los años 80 se empezó a utilizar el concepto de “Género” en el campo de los estudios sobre la mujer. Se aplicaba para diferenciar lo biológico, que se refería al sexo, de lo que era aprendido, y que se le llamó género. Poco a poco el término fue penetrando en el análisis de las ciencias sociales y al mismo tiempo fue adoptado, con profusión, en el debate feminista.

México no fue la excepción y a partir de 1995, cada vez con más frecuencia, se empezó a utilizar el término en frases como: “perspectiva de género”, “teorías de género” y también “políticas y planeación de género”.

Después de varios estudios, de investigaciones y de formulación de teorías, hasta hoy nadie ha podido afirmar qué conductas humanas son aprendidas culturalmente y cuáles están genéticamente inscritas en la naturaleza de cada persona.

Ante esta realidad sería una afirmación sin fundamento científico, y por lo mismo irresponsable, asegurar qué parte de los comportamientos o conductas que desarrollan las personas son innatas y cuáles son aprendidas.

La polémica sobre el término “género” no aparece especialmente en el campo científico, tampoco en el de las acciones; la discusión surge por el uso que se le da al concepto para sustentar las demandas y preocupaciones de quienes no toman en cuenta que el término por sí mismo no constituye un marco analítico, ni mucho menos una teoría, y con su uso indiscriminado se pierde de vista que cuando la palabra género “sirve como sinónimo de mujer, de población femenina, de hombres y mujeres, de sus relaciones, de un modo de dominación y al mismo tiempo se utiliza para sintetizar una determinada postura ideológica o una manera de intervenir o de actuar”, el término género pierde su utilidad.

En México algunas investigaciones definen el término género como “el conjunto de atribuciones, ideas, representaciones y prescripciones sociales, que se construyen tomando como referencia la diferencia sexual”, definición con la que generalmente hay acuerdo. El desacuerdo surge en lo que cada quien entiende por “ideas, representaciones y prescripciones sociales”.

Esta falta de acuerdo origina que algunas instituciones, tanto públicas como privadas, no se decidan a aplicar medidas o programas que podrían ayudar a resolver las grandes desigualdades que todavía existen en perjuicio de las mujeres, porque consideran que no son tales. Si son varones ven con naturalidad las diferencias o no las perciben. Como el que a ellas se les pague menor salario que a los varones por trabajo de igual calidad.

Ha sido también impedimento para actuar en favor de las mujeres, que no se ve con claridad, o no se quiere ver, que la pobreza afecta en mayor medida a las mujeres, tanto en lo urbano como en lo rural; ellas primero atienden a la comida de los niños y del esposo que a la suya, y lo mismo pasa con la salud, son las ultimas en atenderse y en ocasiones ya es tarde. La tasa de analfabetismo también es mayor entre las mujeres. Las niñas se emparejaron cuando las becas de primaria se dirigieron específicamente a ellas, pero entre las mayores no se dio y ahora está creciendo también entre las niñas, por haberse cambiado el enfoque de las becas.

Muchos de los mexicanos, hombres y mujeres, no caen en la cuenta de que las políticas públicas se tienen que enfocar, “intencionalmente”, a los apoyos a las mujeres. Esto es lo que se quiere decir: “hacerlas con perspectiva de género”, porque la tradición las consideró inferiores y todavía no están convencidos de que debe haber igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y distribución equitativa de las responsabilidades familiares entre ambos. El gobierno y la sociedad, cada uno en su campo, podrán lograr que esto suceda para bien de todos.

 

María Elena Álvarez de Vicencio es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.