Simone de Beauvoir: mucho más que una frase
Publicada el Mar, Jun 23, 2020

Por Carlos Castillo.

La obra de Simone de Beauvoir marca un punto de partida en la historia de las ideas: es ella quien nombra por primera vez la construcción histórica de un sistema que se determina a partir de las características, los atributos y las formas de dominio del varón, y al que nombró androcentrismo.

Es a partir de su libro El segundo sexo, publicado en 1949, que desentraña la forma en que ese modelo impuso desde la visión masculina lo que se asumió como el ser y deber ser de la mujer, con sus estereotipos, sus “funciones”, sus roles familiares y sociales: una construcción que, siguiendo los pasos dados 150 años antes por la inglesa Mary Wollstonecraft, concluye que lo que se considera “natural” no es sino una cultura, un modo de desenvolverse en la comunidad.

Este hallazgo representó uno de los impulsos más sólidos que ha tenido el feminismo como movimiento social de los siglos XX y XXI, y que permitiría a la postre construir toda una base teórica para estudiar al género como forma de dominación, al patriarcado como esquema de poder y de violencia, a través de herramientas analíticas como la perspectiva de género, que permite detectar y ahondar en las causas que originan y perpetúan situaciones de injusticia que quedaron instaladas tanto en los marcos de la tradición como en las normas y leyes de la humanidad.

Reducir, no obstante, el aporte de Beauvoir a uno solo de sus libros es cometer la injusticia de encerrar a una filósofa en una sola de sus obras o, más grave aún, en una sola frase (“No se nace mujer, se llega a serlo”) con la que se suele intentar reducir la complejidad de su pensamiento; la pereza intelectual que acompaña esa operación es, además, el camino más corto para construir argumentos incompletos que evitan el debate profundo y complejo que exige cualquier intercambio de ideas.

Para contribuir a rescatar a la filósofa francesa de ese cautiverio simplista que se le ha querido imponer, Sami Naïr escribió Acompañando a Simone de Beauvoir. Mujeres, hombres, igualdad (Galaxia Gutenberg, 2019), texto que mezcla el análisis de cada una de sus obras con un recorrido biográfico por sus años de formación, juventud y madurez, sus grandes aciertos y sus errores (muchos, reconocidos por ella misma), sus debates académicos, sus luchas sociales, los grandes tópicos de sus teorías, el entorno intelectual de la posguerra que marca a una generación que asistió y fue testigo de un tiempo de incertidumbre y radicalismo, fruto de un mundo donde dos modelos buscaban imponerse por la vía del pensamiento, de la acción política o la fuerza.

El estudio de Naïr, de este modo, se adentra en los llamados Cuadernos de Beauvoir, que lejos de ser el mero recuento de las etapas de su vida son la interpretación propia de sucesos decisivos, de las rupturas con los estereotipos de clase y de género, la búsqueda de sí misma a través de la mirada crítica que se posa y desentraña reflexiones existenciales, revelaciones que dejan las lecturas, relaciones que la acompañan, hechos que se miran bajo la lente de quien ahonda en las raíces propias.

Hace lo propio, asimismo, con su obra novelística, de la que destacan La invitada, Los mandarines, La sangre de los otros o La mujer rota, que el autor analiza para extraer aquellos hilos comunes que nunca abandona su escritura: la igualdad y la libertad. Y lo mismo con aquellos ensayos en los que, fruto de viajes y de su convivencia con el círculo existencialista de París, se adentra en el desarrollo de un pensamiento que libro tras libro va develando las formas de opresión y desigualdad que padecen las mujeres, las minorías sexuales, los afroamericanos en Estados Unidos… Un abordaje en el que el Otro es considerado como ajeno y tratado de manera diferenciada por parte de mayorías que se imponen desde la fuerza, desde las costumbres, desde las leyes: relaciones asimétricas en sociedades que, el mayor número de las veces, se rigen por los valores democráticos de la pluralidad e igualdad, pero no alcanzan siquiera a vislumbrar las injusticias que en nombre de la tradición o un supuesto “orden natural” son cotidianas e históricas.

La invitación que hace Naïr es a releer a una autora clave del siglo XX por lo que representó en los debates filosóficos, en las relaciones de género, en las polémicas donde los absolutos debatían y ceder era una derrota; pero clave también porque esos hilos de la libertad y la igualdad que acompañan toda su obra siguen siendo, tanto para las mujeres como para las minorías, cuestiones pendientes en una época que mira uno a uno los rezagos de las certezas que sirvieron para construir un hoy frágil y cada vez más injusto orden social.

 

Carlos Castillo es Director de la revista Bien Común.

Twitter: @altanerias

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