Sanguinaria crisis política en Nicaragua
Publicada el Vie, Sep 21, 2018

Por Maricarmen Rizo.

La brutal represión que el presidente autoritario nicaragüense, Daniel Ortega, ha tenido contra su pueblo tiene al país sumido en una crisis política que lo mantiene confrontado con la sociedad civil, empresarios, estudiantes, la Iglesia católica y algunos países que han pedido el cese a la masacre.

Desde que las protestas antigubernamentales iniciaran el pasado 18 de abril contra la reforma a la seguridad social que derivó en la demanda política para la salida del presidente, Daniel Ortega, y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, más de 400 opositores han muerto violentamente en manos de paramilitares del gobierno, además de que hay más de 2 mil 800 heridos y 500 personas desaparecidas, de acuerdo a cifras de organizaciones internacionales de derechos humanos como la OEA o Human Rights Watch. Una cifra alarmante para cualquier nación, más para Nicaragua que sólo cuenta con 6 millones de habitantes.

Ortega, quien hace 40 años luchó contra el gobierno de Anastasio Somoza, en la revolución sandinista hoy es él quien pisotea la democracia y mantiene a Nicaragua en la crisis política más sangrienta de América Latina.

Para Sergio Ramírez, escritor, periodista, político, abogado y Premio Cervantes 2017, la utopía de la revolución sandinista llegó a convertirse en distopía. “La Nicaragua de paramilitares encapuchados y jóvenes asesinados por francotiradores o secuestrados de sus casas nunca lo hubiéramos imaginado cuando luchábamos por la utopía de la revolución”, considera en un artículo titulado “Nicaragua hoy” publicado en la revista Nexos, edición 489.

Y recuerda que en el 2000, tras las derrotas electorales de los 90, Daniel Ortega pactó con el ex presidente liberal, Arnoldo Alemán, una reforma Constitucional que rebajaba al 35 por ciento los votos para ser electo en primera vuelta. A cambio, le abrió a Alemán las puertas de la cárcel, condenado por lavado de dinero y corrupción.

Luego, “aunque la Constitución le prohibía reelegirse, hizo que sus fieles magistrados de la Corte Suprema decretarán que semejante prohibición era inconstitucional. Es decir, la Constitución fue declarada inconstitucional”.

Cuando en 2006 ganó otra vez la presidencia se prometió que nunca volvería a perder, recuerda Sergio Ramírez, quien lamenta el poder absoluto del mandatario gracias a los “centenares de millones” provenientes del petróleo de Venezuela, con los que compró a las instituciones gubernamentales y a algunos empresarios.

“Este poder absoluto, sin paralelos en la historia de Nicaragua, se consolidó a lo largo de los últimos 11 años. Ortega ha sido electo tres veces a la presidencia, la última acompañado de su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta, con lo que se repite el modelo familiar al que pusimos fin a un costo de miles de vida en 1979”, lamenta.

Sin embargo, para el autor del libro “¿Te dio miedo la sangre?”, tras la reciente represión brutal a las protestas masivas todo ese poder absoluto, pensado para siempre, se ha disuelto. “En contra suya tiene hoy a la Iglesia católica, el gran capital y las cámaras empresariales, los pequeños y medianos productores, la sociedad civil, la juventud, la gente de los barrios, los campesinos, mientras el Ejército se ha resguardado en la proclama de la neutralidad. Y su aislamiento internacional es cada vez más creciente. Sólo puede contar con Cuba, Venezuela y la lejana Rusia”.

Por su parte, el sociólogo e investigador social nicaragüense, José Luis Rocha, señala en la misma edición de Nexos bajo el título de “El juicio de la historia”, el deterioro de la reputación de Ortega.

“En abril, sangres mil. En abril de 2018 asomó el rostro más sangriento del tirano devorador de jóvenes. Abril de 2018 es también el gran parteaguas en la historia del FSLN, porque a partir de entonces no tiene sentido distinguir entre orteguismo y FSLN. Daniel Ortega no hubiera podido ejecutar 448 muertes sólo con su Policía Nacional. Necesitaba de miembros del FSLN que se toman la militancia como una vinculación religiosa y entienden los dictados del caudillo como un dogma sobre el que no cabe consultar sus conciencias”.

Considera que ningún otro partido hubiera conseguido que sus mujeres partidarias golpearan e insultaran a obispos y sacerdotes. Las del FSLN lo hicieron en Diriamba y Jinotepe.

Pese al clamor popular y las críticas dentro y fuera de Nicaragua, el régimen de Ortega asegura que el conflicto es provocado por terroristas y golpistas, y se niega a adelantar para 2019 las elecciones programadas para 2021, a lo que diversos analistas consideran que lo que en realidad busca es perpetuarse en el poder.

Ortega reconoce la muerte de “unas 198 personas a causa de actos cometidos por terroristas”, en un supuesto “golpe de Estado” que es auspiciado por Estados Unidos. En tanto miles de nicaragüenses huyen de su país.

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