Salvar a México desde el municipio
Publicada el Vie, Sep 21, 2018

Por Javier Brown César.

El PAN nació con una irrefrenable vocación municipalista. En el ensayo Salvar al municipio, tarea inmediata para la renovación política mexicana Manuel Gómez Morin decía que: “Para el Partido, desde su nacimiento, el tema municipal ha sido básico. De hecho, el primer folleto de propaganda que el Partido editó en 1939, fue el que, bajo el nombre de La Ciudad, planteó desde entonces el tremendo desastre del municipio en México, sus posibilidades inmensas y la premiosa urgencia, por tanto, de una acción municipal como base de un programa de renovación de nuestra vida pública; como medio, el mejor, más llano y más adecuado para la formación ciudadana; y como cumplimiento de un propósito superior que es el de fortalecer la pluralidad de comunidades naturales intermedias entre el hombre y el Estado, para adecuar verdaderamente la estructura jurídico-política de la Nación a su estructura social genuina y para hacer posible, a la vez, la instauración de la autoridad en la amplitud de su carácter propio y la defensa eficaz de las libertades humanas esenciales frente al asalto repetido de las fuerzas que hipertrofian al Estado”.

Incluso antes de fundar el Partido, Gómez Morin decía que: “El progreso, la educación y la transformación política de nuestro país dependen de organizar la nueva comunidad a base del Estado municipal”. En los Principios de doctrina de 1939 se estableció como tesis fundamental que “La base de la estructuración política nacional ha de ser el Gobierno de la Ciudad, del Municipio”, y más adelante se agregaba que el gobierno municipal debe “ser autónomo, responsable, permanentemente sujeto a la voluntad de los gobernados y a su vigilancia, celosamente apartado de toda función o actividad que no sea la del municipio mismo”.

Para el fundador de Acción Nacional el municipio era central: “apenas un grado más allá de la familia en la preciosa lista de las comunidades intermedias, es el punto en que se opera la intersección trascendental entre la vida privada y la pública: es todavía el hogar, pero es ya la Patria”. Desde sus primeros gobiernos municipales, el Partido apostó por un modelo de desarrollo basado en la pluralidad y la inclusión, la rendición de cuentas, la mejora de los espacios públicos, la profesionalización de los servidores, la dignificación de la administración y la permanente participación social.

El municipio es la primera comunidad viva más allá de la familia, es el gobierno próximo a la ciudadanía, el que conoce mejor las necesidades y el que puede dar respuesta al dolor humano que se puede y debe evitar. Si el municipio fenece, la patria fallece, porque es, ante todo, comunidad cultural viva, por ello, debe “proteger, amparar y fomentar los valores de la convivencia local”. Para Efraín González Morfín, el municipio tiene incluso una misión pedagógica de primer orden: “La primera escuela formadora de personas con conciencia social es la familia, y el municipio debe continuar esa formación en vez de destruirla y convertirla en pesimismo y desesperanza por ineptitud y corrupción”.

De la misión pedagógica del municipio deriva el contenido fundamental de su programa: “política democrática, administración honesta y apta, y escuela viva de formación de virtudes cívicas y de conciencia social, y no tanto por prédicas o escritos, sino por ejemplo convincente”. Y concluía González Morfín en la “Necesidad de atender al Municipio Libre, no con ánimo de ruptura y de división, sino de sana integración en el bien común del país; de tal manera que con naturalidad de veras el ayuntamiento sea gobernante de un Municipio Libre, y el municipio integrante de entidades federativas que constituyan la República Federal, con complementariedad escalonada, con respeto, con voluntad de cooperación para el bien común de cada nivel político y de toda nuestra patria”.

La violación sistemática del orden subsidiario fue una de las principales razones por las que Efraín González Luna afirmaba que la “obra municipal de la Revolución se encierra en dos palabras: caciquismo y mugre”. Durante buena parte del siglo pasado, el municipio fue un apéndice vergonzoso de las estructuras de poder central: el federalismo fue ficticio y el centralismo fue lo real. Con la reforma constitucional de 1983 comenzó a cambiar el régimen municipal y gradualmente se fortalecieron las capacidades recaudatorias y las potestades reglamentarias. Pero a pesar del fortalecimiento de los gobiernos municipales todavía prevalece en muchos gobiernos una grave fragilidad institucional.

En la Proyección de principios de doctrina 2002, el PAN centró sus tesis en la idea de consolidar un auténtico sistema federal, y así, se afirma que “El respeto a la autonomía municipal es el fundamento de un orden subsidiario, solidario y responsable que el gobierno federal y los gobiernos estatales deben garantizar”. La defensa de la autonomía municipal, y la conquista de nuevos esquemas de relación entre los tres órdenes de gobierno, fue un logro histórico de Acción Nacional durante el siglo XX. Cualquier intento de regresión autoritaria y centralista atenta directamente contra la autonomía municipal, vulnera el orden nacional y destruye el sistema federal.

En su defensa del municipio, Efraín González Luna decía que: “La municipalidad es casi todavía el hogar mismo, abiertas a las puertas a la presencia circulante de otros hogares ligados con aquel en la comunidad civil originaria. Es la primera formación social envolviendo inmediatamente, como la piel al cuerpo, la carne viva, el tesoro entrañable de nuestro propio ser y de nuestra familia. Es el último reducto de la preservación de las esencias inviolables de la persona y de la familia. Es también el primer peldaño en la subida hacia la plenitud social: la Nación. Con la municipalidad se salvan o se pierden todos estos valores”.

La siempre viva doctrina de Acción Nacional tiene como un eje principal, en materia de orden político, la vigencia plena de la autonomía municipal, la necesidad imperiosa de que el municipio sea el auténtico cimiento de la vida nacional, porque para la Nación representa el eje mismo de la prosperidad, el orden y la paz. Para el PAN, el municipio es, como la democracia, huella original, impronta indeleble que nutre su acción en toda la República, por ello Carlos Castillo Peraza afirmaba que: “Ningún partido político tiene –como Acción Nacional– inscrito al municipio en su acta de nacimiento”. Y Daniel Kuri Breña decía con contundencia: “Al formular sus Principios de Doctrina –códigos de las ideas fecundadas del Partido– Acción Nacional estableció claramente la trascendencia de la institución municipal y la urgente necesidad de renovar su funcionamiento y de acabar con su vergonzosa decadencia”.

El pensamiento municipalista fue un eje principal de las reflexiones de nuestros fundadores, ellos percibieron claramente la importancia de defender la autonomía municipal. En congruencia con la centralidad del municipio Efraín González Luna afirmaba que la mejor fórmula para el fortalecimiento nacional es “la que preconiza una vida municipal sana, auténtica y libre; son los buenos municipios los que salvarán a México y, en cambio, jamás será posible tal salvación por medidas periféricas que no remedien la mortal descomposición de las unidades vitales que son precisamente las municipales”.

 

Twitter: @JavierBrownC

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