Rostros y lugares: el antropocentrismo de Agnès Varda
Publicada el Jue, Abr 26, 2018

Por Mabel Salinas.

Ya tiene 84 años, pero Agnès Varda no es únicamente una figura mítica en el cine. Por el contrario, su lente y visión como realizadora se mantienen firmes pese a los problemas de salud que enfrentan sus ojos. Si bien ya no puede andar con la misma soltura que antes, en sus películas aún es visible su humanismo, su antropocentrismo. Eso es justamente lo que ocurre en su más reciente obra: Rostros y lugares (Faces, Places), nominada al Oscar como Mejor Documental.

Pese a haber estado casada con el cineasta Jacques Demy y haberse rodeado de grandes realizadores de cine de autor como François Truffaut o Jean-Luc Godard –dos de las voces más célebres de la nueva ola francesa, movimiento que ella misma influyó– es hasta ahora que por primera vez en su carrera codirige un filme. Lo hace de la mano del artista urbano y fotógrafo JR en un documental donde ambos comparten su pasión por la fotografía, más puntualmente por el retrato. Y, obviamente, por el cine.

La dupla, compuesta por la octogenaria y el hombre de gafas oscuras que se rehúsa a mostrarle sus ojos, viaja por distintos poblados franceses donde dialogan con sus habitantes, los retratan y aumentan el tamaño de sus fotografías para decorar diversas edificaciones: graneros, paredes, fábricas, en una clara esgrima de la identidad. Aquellas paredes –algunas viejas, otras en estado inmaculado y otras más derruidas, pues pertenecen a inmuebles abandonados– guardan diferentes significados para los hombres, mujeres y niños que retratan. Algunos lo ven como una experiencia catártica, una hazaña de unificación o un simple divertimento pueril.

En uno de los momentos más emotivos del documental, el rostro de una mujer mayor pende de la pared de su domicilio. Ella es la ultima habitante de una zona donde solían vivir mineros, de hecho, su padre se había dedicado a esa profesión. Es la casa donde creció, en donde los recuerdos de su infancia, de sus padres, de su vida aún respiran… Y quieren que se marche para derruir aquellos muros y reducirlos a escombros. Su retrato se alza fuerte, imponente, poderoso y melancólico. La experiencia le da fuerza para permanecer. Como el de ella hay muchos testimonios más. Trabajadores que por un momento hacen equipo para ser retratados; una mesera que se convierte en atracción turística… Personas de a pie que de pronto se convierten en protagonistas de la imagen estática y en movimiento.

El documental es un sensible caleidoscopio de personas cuyas vidas, por unos instantes, se ven envueltas en un doble proceso artístico: los montajes que JR ha perfeccionado con el tiempo y la creación de un documental en el cual una leyenda viviente del cine forma parte. Son rostros de belleza cotidiana, que presumen orgullosamente sus arrugas, dolores, ingenuidad, su vida. Rostros comunes que reavivan lugares a veces abandonados y los convierten en una obra de arte viviente.

Con Rostros y lugares, Varda y JR ponen al ser humano y sus vicisitudes como epicentro artístico, a la vez que dotan de identidad al creador. Su coqueta y juguetona presencia en el metraje humaniza a ambos artistas. Hay destellos sobre sus pasados, sus visiones, sus vulnerabilidades (físicas o emocionales). Así como se exploran los problemas de salud de la cineasta francesa, el dolor que aún emana de su luto, su expectativa en torno a las viejas amistades; también se nos presenta a la abuela del joven artista, su reticencia para despojarse de sus lentes, su compañerismo ante las tristezas de su amiga. Todo ello a través de un perfecto equilibrio entre el juego y el respeto por sus musas –o sus contrapartes masculinas– y por ellos mismos.

Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere.

@mabsalinas @EnLaButaca

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