Roma: eternas similitudes con el México actual
Publicada el Mar, Dic 11, 2018

 

Por Mabel Salinas.

Dice el dicho que “todos los caminos llevan a Roma” y, en el caso de Alfonso Cuarón, las experiencias colectivas ganadas con sus filmes anteriores lo forjaron de tal manera que pudo obsequiarnos su película más personal hasta el momento: una que engloba un pedacito de su infancia. Sin embargo, Cuarón no es el protagonista, es un personaje secundario en la historia de alguien más: un homenaje a su nana Libo, quien lo cuidó y crió junto a sus hermanos.

En el argumento, Libo se transforma en Cleo, la brillante y natural actriz Yalitza Aparicio. Es una empleada doméstica encargada de las labores del hogar junto con otra chica de tez morena como ella. Trabajan para una familia de clase media alta de la colonia Roma, y desde la primera toma el director nos adentra en su rutina. Cleo lava el piso del patio, tarea que emulará al día siguiente y al siguiente… en una rítmica monotonía sin fin, por paradójico que pueda sonar.

La vemos atender a los niños -entre ellos el pequeño Alfonso-, lavar trastes, ropa, “hacer ejercicio”, prepararle té al “señor” de la casa y guardarse unos pequeños momentos para su vida personal, la cual eventualmente se roba la película y va in crescendo hasta llegar a un clímax brutal. Roma a veces es dulce y en otros momentos atroz en el retrato político y social que hace del México setentero; pero lamentablemente en muchos aspectos estamos estancados en la misma vorágine de corrupción y podredumbre humana.

Sí, tal vez el PRI ya no está en el poder por un sexenio más -a diferencia de su latente presencia política a lo largo de la cinta, gracias al agudo diseño de producción del ganador del Oscar Eugenio Caballero-, pero continúa la inestabilidad política y la rebatiña por el poder, los actos de campaña vacuos y la compra de acarreados. Tal vez las calles de Neza ya cuentan con pavimento, pero la zona sigue siendo marginal y desatendida. Puede que los estudiantes no sean asesinados en matanzas orquestadas por el presidente y Gobernación, pero ahora son desaparecidos por las autoridades, el narco o usados como chivos expiatorios. El sistema de salud sigue igual de colapsado que entonces. En resumen, muchas de las cosas más escalofriantes de la cinta han mutado, empeorado o nos mantienen estancados.

Pero si bien todos estos son comentarios alternantes, Cuarón concentra su lente y magistral fotografía en el papel de la mujer, ya sea como ama de casa, colaboradora del hogar, responsable de la crianza y su fuerza para seguir pese a las flaquezas masculinas. Al mismo tiempo. nunca es quien controla su propio destino, es una figura que responde a la partida que la vida le lanza. Acentúa los machismos que provocan esta situación y la misoginia pulsante que, sí, también se mantiene vigente aunque el debate se haya vuelto más abierto.

Sin embargo, pese a todas sus proezas, la película trastabillea al generar una conexión emocional superflua entre Cleo y los niños, no profundiza más allá de algunos “te quieros” esparcidos a distintas alturas de la historia; otros filmes -como Historias cruzadas- han desentrañado mejor las relaciones entre nanas y niños. Incluso algunas escenas que refieren momentos particulares de la historia nacional podrían parecer fortuitos o forzados para embonar en la narrativa.

Cuarón también hace de Roma su filme más ecuánime, tanto por su ritmo -muchas tomas son largas, fijas o se auxilian de pequeños paneos para seguir la acción- como por la delicadeza y meticulosidad con que se registraron las imágenes. Por eso no ha pasado desapercibido en la ya iniciada temporada de premios y al momento cuenta con tres nominaciones al Globo de Oro en las categorías de Mejor Director, Guion y Película en Lengua Extranjera. Me atrevo a decir que será el primer Oscar para México en la categoría foránea.

 

 

Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere.

@mabsalinas @EnlaButaca

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