Recordar en política, ¿tiene alguna utilidad?
Publicada el Mar, Jul 23, 2019

Por María Elena Álvarez Bernal.

En 1988 se celebraron elecciones federales, acababan de pasar y se pudo comprobar que el sistema priista empezó a dar muestras de debilidad. Don Luis Álvarez propuso realizar un ejercicio de ingeniería estratégica para analizar el futuro del PAN y las posibilidades de ganar por primera vez una gubernatura en las entidades que tendrían elecciones el siguiente año.

Se formó un grupo de trece personas, algunas invitadas por don Luis y otras representantes de los estados que tendrían proceso electoral. Luis Felipe Bravo propuso que la reunión fuera en un sitio tranquilo, en donde no se pudieran tener interrupciones ni distracciones. Decidieron hacerlo en alta mar, en las tranquilas aguas de La Paz, Baja California, en el hermoso yate “Santa María” que ofreció Maquío.

Las deliberaciones empezaron y después de varios días aparecieron las primeras conclusiones. Todos estaban de acuerdo en que Baja California era el estado con más posibilidades de triunfo. Entre los asistentes estaba Alfonso Becerril, Secretario del Comité de Mexicali, en representación del Jefe Estatal, Jesús A. Rivera, quien no pudo asistir porque le tenía miedo al mar[1].

Maquío, al ver que todo apuntaba a que Baja California tenía posibilidades de triunfar, dijo: “Todos hablamos de Baja California y su representante no ha comentado nada”. Alfonso Becerril, Secretario de Mexicali, intervino para decir que “estaba muy asustado porque él conocía la situación del Partido y siendo honesto se podían contar con los dedos los panistas que realmente le meterían ganas. No tenemos dinero, ni estructura partidista”; lo único que reconocía es que sí había un posible y buen candidato que tenía mucha empatía con la gente. Se refería a Ernesto Ruffo.

Fue entonces cuando intervinieron todos, empezando por Luis Álvarez, para decirle que contaran con él y con el CEN. Maquío agregó que él podía participar donde fuera necesario y que además ayudaría a conseguir recursos para la campaña. Todos los asistentes se fueron comprometiendo en la medida de sus posibilidades.

Fue así como se hizo realidad lo que parecía un sueño: la primera gubernatura de un estado, además se ganaron varios municipios y también la mayoría en el Congreso local.

No se llegó a la obtención de estos triunfos sólo por la reunión en alta mar. Desde 1945 y 1948 los primeros panistas fundadores, pioneros del entonces Territorio Norte, y desde 1952 en Baja California, dieron testimonio de congruencia y generosidad, enfrentando la intolerancia y la barbarie electoral del sistema político corrupto que no sólo arrebataba al PAN sus legítimos triunfos, sino que perseguía a los panistas como delincuentes, además de difamarlos en la prensa aliada de los opresores.

Baja California fue uno de los estados en donde el PAN encontró los mayores obstáculos para su fundación y desarrollo, y también fue el estado donde los panistas lo dieron todo, sin esperar nada personal, sólo para lograr implantar la democracia.

En la disolución de un mitin panista se usaba a los bomberos con sus mangueras, los intoxicaban con gas lacrimógeno, atacaban con culetazos, balazos, incendio de viviendas, encarcelamientos. Las agresiones produjeron gran número de muertos y heridos, las casas de los candidatos panistas eran atacadas a balazos. Pero todo esto no disminuía la asistencia a los mítines semanales del PAN y muchos se ofrecían como voluntarios para participar, a pesar de los riesgos.

En 1959 fue candidato a gobernador Salvador Rosas Magallón, conocido como “el abogado del pueblo” por sus brillantes defensas de las víctimas de los abusos gubernamentales. La represión en la campaña fue terrible. Hubo más de 60 heridos con macanas y 20 con bala, además el encarcelamiento de dirigentes y candidatos.

El 2 de agosto de 1959 fueron las elecciones, secuestraron a docenas de representantes de casilla y a muchos más les impidieron cumplir con su misión. Pese a todo, la votación fue abundante.

Después del cierre de las casillas una multitud se dirigió a las oficinas del PAN, allí llegaron los vehículos del Ejército cuyo altoparlante anunció: ¡Tienen cinco minutos para desalojar la calle y las oficinas del PAN, después abriremos fuego! La ciudad quedó en estado de sitio, patrullada por el Ejército y cientos de militantes panistas llenaban las cárceles[2].

Este pasado doloroso no paralizó al Partido, fue el cimiento que en 1988 fructificó con el triunfo de la primera gubernatura panista con Ernesto Rufo. El recordar ahora estos hechos habrá de servirnos para que al conocer ese heroico pasado, nos ayude a poner más de nuestra parte y para decidirnos a trabajar con entrega y generosidad, sin esperar nada que no sea el bien de nuestra Patria.

 

María Elena Álvarez Bernal es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.

[1] Adalberto Balderrama Fernández. Presentación Oct 19-2006. B.C.

[2] Alfonso Becerril Sánchez. “Memorias de las Trincheras Azules” B.C.

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