Racismo: Baltimore y Americanah
Publicada el Vie, May 15, 2015

portada time

Por Carlos J. Guízar.

El pasado 19 de abril falleció Freddie Gray, un joven afroamericano de 25 años quien se encontraba en el hospital después de que el 12 de abril fue detenido y cayó en coma debido a las fuertes lesiones que tuvo por al abuso que sufrió en custodia de policías de Baltimore, Maryland. En la detención hubo irregularidades desde el inicio y de acuerdo con los reportes oficiales y testimonios el joven fue golpeado de tal manera, en el arresto como en su traslado, que su vida le fue arrebatada, por lo que los seis oficiales involucrados fueron acusados por cargos que van desde indisciplina y asalto en segundo grado hasta homicidio imprudente e involuntario.

Estos hechos llevaron a protestas en la ciudad después del funeral de Gray y a disturbios de tal magnitud que obligaron a la imposición del toque de queda y la llegada de la Guardia Nacional, mismos que hicieron que la revista Time recordara las manifestaciones violentas en contra del racismo en Estados Unidos, tras el asesinato de Martin Luther King en 1968, por lo que la publicación cuestiona cuáles son las diferencias entre aquel año y la actualidad, si la población afroamericana todavía es presa de discriminación y continuas violaciones a sus derechos, tanto en ese estado como en otros de la Unión Americana, resaltando que la alcaldesa de Baltimore ha tenido que desembolsar alrededor de 6 millones de dólares para indemnizar a más de un centenar de víctimas que han sufrido la brutalidad policial.

Hace más de cinco décadas en la Marcha sobre Washington, Martin Luther King decía en su discurso “I have a dream” o “Tengo un sueño” que tenía la esperanza de que en un futuro su nación se levantara y viviera el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”…(y en la que sus hijos)…vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.

Lo que pasó en Baltimore nos indica que tristemente ese sueño todavía está muy lejos de alcanzarse, no nada más porque los afroamericanos siguen siendo segregados y en muchas ocasiones sufren violaciones a sus derechos humanos –lo mismo que pasa con otras minorías como los latinos- sino también porque la desigualdad continúa siendo otro factor que fomenta la discriminación en aquel país, pues un año antes de la muerte de Luther King, en 1967, dicha población ganaba el 55 por ciento del equivalente a los ingresos de los blancos, mientras que hoy en día esta cifra sólo ha subido 4 puntos, para estar en 59 por ciento y, por otro lado, tienen 13 por ciento menos posibilidades de obtener un título universitario, aunque el número de aquellos que terminan la universidad subió del 5 al 38 por ciento en los últimos 50 años.

La discriminación se da por la falta de oportunidades y también porque es un tema cultural y más si vemos la imagen que circuló en redes sociales y que enseña el sentir de distintas poblaciones y cómo perciben su realidad, al decir que si un crimen es de un afroamericano se le considera violencia de pandillas, si es de un árabe terrorismo, de un hispano inmigración ilegal y de un blanco defensa personal, por lo que la fotografía nos señala el sentir de muchas de estas minorías, tanto así que hasta Barack Obama en un discurso de campaña señaló que hay que “erradicar la difamación que dice que un joven negro con un libro está actuando como blanco”.

La reflexión principal, como bien me señaló una persona muy querida hace unos días tras leer la novela Americanah de Chimamanda Ngozi –que trata de la vida de una inmigrante nigeriana en EEUU y que a pesar de tener oportunidades de desarrollo se siente frustrada por la discriminación que sufre, tanto así que dice sentir “cemento en su alma”-, es que el racismo está presente, no sólo en Estados Unidos sino también en México y que es importante que lo señalemos y no dejemos que siga anidando en nuestras sociedades porque de una forma u otra cualquiera puede ser presa de actos que violen su dignidad humana y consecuentemente sus derechos.

Siguiendo con la reflexión que me compartió, vemos que no sólo se trata de clases sociales sino especialmente de razas y que si permitimos la discriminación o el racismo desde un chiste, un comentario o la más mínima acción, contribuimos para que la sociedad sea excluyente y menos tolerante con quienes son distintos en cualquier manera y que, siempre y cuando no atenten contra las libertades de otros, tienen el mismo derecho de expresarse y desarrollarse para alcanzar su felicidad, a pesar de que no siempre tengamos que estar de acuerdo porque ahí comienza el respeto.

Twitter:@carlosjguizar

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