¿Qué pasará con la corrupción?
Publicada el Jue, May 24, 2018

Por Salvador I. Reding Vidaña.

La corrupción en los gobiernos se ha convertido en una de las grandes pesadillas y amenazas a la sociedad, junto con la inseguridad. Pero siempre ha existido corrupción, tanto en negociaciones gubernamentales como en el uso de dineros y bienes del Estado.

¿Nada nuevo? Sí, por una parte, al irse trasparentando las compras del Estado, y mayor rendición de cuentas, los casos de corrupción se han ido evidenciando más que antes. Además, el descaro en la desviación multimillonaria de fondos ha aumentado por la impunidad también descarada que reina. Roban, se sabe, y casi no pasa nada.

Y ahora la presión social para terminar con la corrupción es crítica para la clase política. Combatir y acabar con la corrupción en el Estado es entonces bandera de gobiernos y campañas políticas. Las promesas de acabar con ella son diarias. Pero, ¿realmente acabarán con la corrupción? La respuesta es: NO. Y es no porque se realiza en muy diferentes formas y oportunidades.

¿Qué podemos esperar como sociedad? Que los actos de corrupción, en especial en negociaciones y compras, así como el saqueo de dineros, se vayan reduciendo por mayor trasparencia, denuncias y, sobre todo, menor impunidad. Mientras los ladrones vean que para efectos prácticos no pasa nada, seguirán robando y repartiéndose botines. Con impunidad, mayores penalizaciones no sirven de nada.

Para efectos prácticos, solamente cuando los precios pagados son exorbitantes respeto a los rangos que privan en los mercados, detectar que hay un “moche” de parte de los proveedores es muy difícil, tanto de detectar como de probar en juicio. Y el reparto de moches y saqueos directos del erario se vuelve difícil de rastrear.

Algo más, extensas redes de complicidades, entre ladrones y quienes están a cargo de controles y auditorías, dificultan la detección, prueba y consignación de corruptos. Pero los funcionarios honestos, controladores y auditores tienen también presión y amenazas para que se callen la boca. Y a eso se suma la posible incompetencia o desdén para encontrar los robos. Los buenos auditores y procuradores tienen muchas dificultades para cumplir su encargo.

Lamentablemente la corrupción, la incompetencia y el desinterés alcanzan a autoridades de procuración de justicia y al poder judicial. No es que todos sean corruptos, incompetentes o desinteresados, pero hay demasiados que lo son. Y también a veces amenazas graves contra los honestos.

Esto no es fatalismo es una descripción de la realidad, y no es “algo que sólo pasa en México”, sino en la mayoría de las naciones. Las autoridades de todos los niveles deben poner el mayor esfuerzo en lo que sí es posible: reducir la corrupción. Esto es lo que razonablemente la sociedad debe exigir y puede esperar: una reducción, lo mayor posible, de la corrupción dentro del Estado.

 

Salvador I. Reding Vidaña es Coordinador del Consejo de Plumas Azules.

Twitter: @siredingv

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