Que gane la vida
Publicada el Vie, Ago 28, 2020

 

Reflexiones en torno a una batalla exitosa

 

Por Cecilia Romero Castillo.

El júbilo desbordó las redes sociales, llenó de alegría a los que estuvimos pendientes del debate, dio un respiro a las organizaciones provida, motivó a los activistas que coordinaron esfuerzos. ¡Ganó la vida! se repetía una y mil veces, una vez que los Ministros de la Primera Sala de la SCJN concluyeron la sesión, con una votación de cuatro a uno, rechazando el proyecto presentado por el Ministro González Alcántara Carrancá.

No pretendo abundar sobre los antecedentes de ese debate del 29 de julio que se originó en el Congreso local de Veracruz. Tampoco argumentar sobre las razones que tuvo cada uno de los cuatro Ministros que rechazaron el dictamen, ni en las que el Ministro ponente esgrimió.

Solamente diré, para los efectos de las reflexiones que me propongo compartir, que de haberse aprobado el dictamen como se presentó, se habría sentado un gravísimo precedente de invasión de poderes: el Judicial ordenando al Legislativo local legislar sobre un determinado asunto. Además, se habría abierto la posibilidad de que en el resto de la República se siguieran los pasos dados en Veracruz, lo que llevaría en la práctica a una despenalización del aborto en todo México.

La lucha por el respeto a la vida no inició con esta batalla y tampoco terminó ese día. La defensa de la vida, desde la concepción hasta la muerte, no terminará nunca. Tiene sustento en la dignidad de la persona, encuentra asidero legal en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y en la Convención Americana sobre los Derechos Humanos. Está profundamente enraizada en nuestra cultura y consagrada en las Constituciones de veintiún estados de la República.

Esta convicción se visibiliza prioritariamente en dos momentos: en la expresión ‘desde la concepción’ y por lo tanto la defensa de los no nacidos. Y en la reacción decidida ante los intentos de legalizar el aborto. Esta lucha es imprescindible, pero no lo es todo.

Mi reflexión atiende a la inmensa gama de necesidades que existen en todo el espectro vital de una persona. Defender la vida es velar por la mujer embarazada – independientemente de sus circunstancias -, considerar al padre y sus responsabilidades, facilitar los trámites de adopción, acoger a quien haya abortado, buscar alternativas que la eximan de la pena de prisión.

Defender la vida es legislar a favor de los niños y las niñas, por su educación, salud y seguridad, alimentación y esparcimiento. Defender la vida es diseñar políticas públicas para que sea posible y hacerlo con perspectiva de familia, para privilegiar este espacio de intercambio generacional y desarrollo personal, ciudadano y trascendente.

Defender la vida es promover la participación paritaria de la mujer, buscar medios de atención a los vulnerables, apoyar a quienes pierden su empleo, facilitar acceso equitativo a programas sociales, privilegiar el enfoque subsidiario en políticas públicas. Defender la vida es buscar acceso a vivienda digna, agua potable, cultura y crecimiento personal.

Sí ganó la vida en la batalla que libramos los mexicanos organizados en la sociedad civil, y que el PAN apoyó en congruencia con sus principios de doctrina. Sí ganó la vida, nos dio nuevo ánimo, reforzó nuestra convicción, comprobó que la coordinación es necesaria y útil, demostró que una inmensa mayoría de mexicanos somos provida, en la más amplia y adecuada acepción de la palabra.

Esta fue una batalla, no terminábamos de felicitarnos, cuando la embestida en contra de nuestro éxito se dejó sentir violenta y resentida. Vendrán muchas más y hay que enfrentarlas privilegiando las acciones positivas y propositivas, esgrimiendo clara y abiertamente nuestras convicciones, dialogando con todos a partir de nuestra identidad.

Que gane la vida desde la concepción hasta la muerte. Que gane la vida siempre, en todo momento, en toda circunstancia, en todo lugar.

 

Cecilia Romero Castillo es Secretaria General Adjunta del PAN.

Twitter: @CeciliaRomeroc

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