Problemas de México y sus soluciones
Publicada el Jue, Abr 26, 2018

Por María Elena Álvarez de Vicencio.

Muchos son los problemas que requieren urgente solución en nuestro país, como la violencia, los bajos niveles educativos, el narcotráfico, el desinterés por la comunidad y la pobreza. Los gobernantes, de todos los niveles, en su toma de posesión ofrecen darles solución, pero el resultado ha sido que sigan igual y en ocasiones que se agraven. Algunos investigadores han llegado a concluir que la pobreza es la generadora de la mayor parte de esos problemas.

En México casi la mitad de la población vive en situación de pobreza y todo lo que hasta ahora se ha hecho para abatirla sólo ha logrado disminuirla en muy pequeña proporción. Sería lógico afirmar que las políticas públicas realizadas con ese propósito no han sido las adecuadas o son insuficientes.

La existencia de la pobreza en México también podría ser analizada desde el punto de vista del desarrollo democrático nacional. La democracia mexicana no surgió como un propósito buscado, planeado e instrumentado racional y técnicamente. La democracia se fue dando poco a poco y contra corriente, y con el propósito, no confesado, de no llegar a ella, la pobreza y la ignorancia del pueblo “lo justificaba”.

El caudillismo posrevolucionario generó división entre los mexicanos y para encausarla fue útil el lema “Sufragio Efectivo no Reelección”, pero su cumplimiento se dio a través de la simulación de “elecciones democráticas”. Esto que al principio se concibió como emergencia pasajera se estabilizó por siete décadas y para su conservación fue de gran ayuda mantener la pobreza material e intelectual de los ciudadanos.

Todavía hoy nos preguntamos si la pobreza existente no será la continuación de ese propósito no confesado, pero que podría explicarlo, ya que es ilógico el que no se hayan tomado las medidas capaces de abatirla y que los costosos programas sociales sirvan para mantenerla. Así se explicaría que las políticas públicas hayan ido más en la línea de dádivas: comedores comunitarios, pensiones alimentarias, cuotas para adultos mayores, salario rosa, tarjetas a cambio de votos, etcétera. Son ayudas paliativas que mantienen a las personas en su misma situación de pobreza, sólo logran evitar que mueran de inanición y que vivan agradeciéndolo al gobierno.

Sería deseable que los candidatos le dieran vuelta a la página y no se lancen a competir para ver quién va a dar más de lo mismo: más sacos de cemento, más despensas, más tarjetas de todos colores y más promesas.

Urgen nuevas políticas públicas y un nuevo enfoque de los presupuestos. Una nueva política sería la descentralización de algunas oficinas de la administración pública, federal y estatal, para ubicarlas en estados y ciudades de provincia. El costo inicial del cambio se recuperaría con creces al llevar una derrama de empleos y servicios educativos, y de salud a ciudades deprimidas. Sería una forma de hacer una distribución de los recursos más justa y equitativa.

Los inversionistas nacionales y extranjeros tendrían nuevos polos de atracción para sus inversiones. Además, se le permitiría a la Ciudad de México desarrollar al máximo su vocación turística, se bajaría el costo que implican los servicios de transporte en la capital y el de traer agua (cada vez de más lejos). España es un buen ejemplo de esta descentralización.

Otra política pública, urgente, es el ampliar la educación media y superior de calidad a todos los rincones del país. El nivel educativo de los mexicanos debe aumentarse y ampliarse, esto es indispensable para que la juventud de las zonas rurales pueda mejorar su calidad de vida; además, reduciría el deseo de emigrar a las ciudades del país más desarrolladas como al exterior. Se emigraría con el propósito de superación personal y no buscando subsistir. Se lograría, además, que México dejara de tener ciudadanos de segunda, todos serían de primera.

Las actuales candidaturas al poder Ejecutivo Federal y Estatal tienen la responsabilidad de ofrecer y planear una nueva y creativa distribución de sus presupuestos, considerando criterios y propósitos capaces de romper la tradicional pobreza.

María Elena Álvarez de Vicencio es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.

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