Porque los rusos, incluso ahora, son los malos
Publicada el Mar, Jul 23, 2019

Por Mabel Salinas.

Donald Trump guarda en su agenda muchas narrativas, una de ellas se anida en la concepción de Rusia como una de las villanas de su cuento. Sin embargo, aunque se trata de una vieja tradición dentro del cine y la televisión, la cual vio su época de mayor plenitud en los años 70 y 80, no parece exigua ante nuestros ojos. De hecho, la rivalidad entre Estados Unidos y el país del vodka sigue alimentado todo tipo de historias, y desde distintas aristas y latitudes. Incluso, de un tiempo a la fecha ha pululado con más frecuencia en la cultura del entretenimiento y el arte.

Un ejemplo es la popular serie de Netflix, Stranger Things, ambientada en los 80, cuando la guerra contra los comunistas aún estaba en su apogeo. Desde la primera temporada vemos cómo los experimentos acarreados dentro del laboratorio de Hawkins utilizaban a Eleven (Millie Bobby Brown), una niña de 12 años, como arma contra los “rojos”. Las tensiones fueron escalando y las teorías de la conspiración se magnificaron en la segunda temporada, hasta que en la tercera los arrebatos contra los compatriotas de Chéjov y Dostoyevski son completamente descarados.

Otra reciente producción estadunidense que generó escozor del otro lado del planeta, fue la producción de HBO, Chernobyl. La miniserie explora la catástrofe nuclear vivida en la ciudad de Pripyat con un delicado horror en el que se empalman bellas imágenes con otras desgarradoras. Creada por Craig Mazin, enfatiza el cúmulo de yerros humanos y mentiras estatales que llevaron al estallido del Reactor número 4 de su Central Nuclear, lo que dejó una pérdida incalculable de flora, fauna y seres humanos. En Rusia no disfrutaron los señalamientos y la televisión estatal anunció el lanzamiento de una serie donde se explique cómo un agente de la CIA estuvo ese 26 de abril de 1986 en el reactor y estuvo involucrado en la explosión.

A la pantalla grande recién llegó Leto: un verano de amor y rock. En ella el director ruso Kirill Serebrennikov repasa el inicio de la esfera roquera en Leningrado en los años 80, cuando un gobierno represor vigila las letras y a los individuos que con sus guitarras, teclados, baterías y voces entretienen a su juventud. Para ello subvierte los códigos de los rebeldes, de vestimentas desaliñadas, largas cabelleras y lentes oscuros, quienes “doblan las manos” y obedecen a la autoridad con tal de cantar alguna versión de su música. En medio del contexto se nos ofrece la historia real sobre cómo la banda Kinó llegó al estrellato, al menos en su país de origen. La cinta, si bien es una producción rusa, revela el cautiverio artístico al cual son sometidos sus protagonistas. En más de una ocasión desvela cómo los rusos de a pie ven con recelo a Estados Unidos, su enemigo ideológico, e incluso condenan que estos “haraganes” canten sus canciones.

A principios de año, Guerra Fría de Paweł Pawlikowski mostró otra cara de este episodio histórico y su repercusión directa en la vida sentimental de una pareja: Zula y Wiktor, aprisionados por el esquema de la Polonia comunista de los años 50. Como Leto, este filme aprovecha un lustroso y eminente blanco y negro para embellecer una situación donde el libre albedrío es un lujo, y la pobreza un común denominador.

Este año también llegó a cartelera una historia imaginativa que lleva el conflicto entre Estados Unidos y Rusia hasta Cuba. Ahí, un hombre llamado Sergio se comunica por radio con Sergei, un astronauta ruso varado en el espacio. Pese al espionaje boyante, Sergio se las ingenia para conseguir ayuda “yanqui” y así salvar a su amigo. La historia se centra en la carrera armamentista, sí, pero al menos desde una óptica humana.

En el lado contrario de la balanza, Atentado en el estadio regresa a las tramas maniqueas de los años 70 y 80. Dave Bautista confronta a un grupo de terroristas rusos en busca de un fugitivo de sus líneas y quien se encuentra en un estadio viendo un partido de futbol. Es un canto a la fuerza bruta y las rencillas añejas, lo cual la vuelve plenamente obsoleta.

Sin importar cuánto tiempo haya pasado desde la Guerra Fría, esta historia está lejos de acabarse, al menos en la Meca del cine y en las noticias diarias.

 

Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere.

@mabsalinas @EnlaButaca

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