Por la vida y la salud de las mujeres
Publicada el Vie, Ago 28, 2020

“La acción expresa las distintas prioridades”.

Mahatma Gandhi

 

Por Adriana Aguilar Ramírez.

La primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación desechó el proyecto para despenalizar el aborto en el estado de Veracruz el pasado miércoles 29 de julio: una resolución judicial en la que, es importante señalar, las y los ministros que votaron en contra no se pronunciaron respecto del fondo sino de la forma del proyecto presentado por Juan Luis González Alcántara Carrancá, a partir de que la recurrente se inconformó sobre el valor normativo de ciertos instrumentos, entre ellos, los tratados internacionales en materia de derechos humanos de las mujeres y las acciones obligatorias derivadas de la declaratoria de alerta de género.

No obstante, las y los juristas han votado en sentido negativo bajo el argumento de que la quejosa reclama “una omisión legislativa” relacionada con la interrupción legal del embarazo, ante lo cual han esgrimido que la situación se encuentra expresamente regulada en el Estado con un sistema de causales, por lo que desestimaron la omisión legislativa, arguyendo que en todo caso se trata de una norma “discriminatoria porque no incluye la causal que, a decir de la quejosa, le permitiría la interrupción del embarazo en estadíos tempranos” (Ministra Norma Lucía Piña Hernández), y va más allá al cuestionar el hecho de conceder el amparo contra normas positivas que no han sido reclamadas.

Lo anterior refiere en resumidas cuentas a que el criterio que predominó se basó en una consideración procedimental. Al respecto, es importante no perder de vista que si bien la resolución ha impedido que se despenalice (legalice) el aborto en el estado de Veracruz, ello no significa que se haya priorizado la “cultura de vida”; antes bien, sólo da un compás para seguir pugnando por la cultura de prevención y de respeto por la vida y la integridad de las mujeres, en el entendido de que la protección de la vida no es nugatoria de derechos, y sí, por el contrario, los protege y les da sentido, ya que sin vida no hay derechos. En ese sentido, el derecho a decidir no debe traer aparejada acciones que expongan la vida y la salud de las personas.

En un contexto tan complejo ante el cual nos ha colocado la llegada del COVID-19, se ha puesto de manifiesto la importancia de la prevención, del auto cuidado y de la responsabilidad personal que no emanan de ningún mandato sino de un instinto de supervivencia, de preservar la vida: un criterio ético antes que normativo; un criterio de responsabilidad, corresponsabilidad y solidaridad antes que una ordenanza legal.

Hoy celebramos que se protegió la vida y nos pronunciamos por un ejercicio responsable de los derechos sexuales y reproductivos. La salud sexual es vida, la procreación responsable es vida, disfrutar de la sexualidad es inherente al goce y ejercicio de los derechos y las libertades a la luz de los derechos humanos y nos hace disfrutar asimismo de la vida.

Sumar estas consideraciones que pasan por la prevención y abarcan el autocuidado y la solidaridad resulta fundamental para enriquecer un debate que no puede simplificarse ni reducirse a un sí o un no: se trata, precisamente, de la vida entendida de manera integral, y esto exige de capacidad y disposición para comprender a fondo las cuestiones en torno a los derechos, los argumentos que una y otra parte presentan, la complejidad de las posturas que se desarrollan y en las cuales se resuelve la pluralidad de ideas que enriquecen a un país.

Adriana Aguilar Ramírez es Secretaría Nacional de Promoción Política de la Mujer del PAN. Twitter: @adrixaguilar

 

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