Paraguas y democracia en Hong Kong
Publicada el Mie, Oct 29, 2014

PARAGUAS HON KONG

Por Carlos J. Guízar.

Cuando caminas por las calles de Hong Kong te das cuenta que los 150 años de su época colonial británica, que se fortalecieron en 1989 con la firma de la Convención de Pekín que les arrendó Kowloon y la isla Stonecutters por 99 años, resultan fundamentales para comprender la combinación entre China y Occidente que no tiene otra ciudad o región del país asiático, aunque se le compare con la moderna y abierta Shanghái.

Desde 1997, año en el que Hong Kong dejó de ser una colonia británica para convertirse en parte de China, regido por el principio de “un país, dos sistemas”, notamos que ese sincretismo entre lo oriental y lo occidental se vuelve más fuerte, porque ven hacia el futuro como parte de la potencia asiática pero tratando de conservar los beneficios que les representó el Estado de Derecho, sistema legal y demás características propias que les trajo la colonia británica.

Como tal, es que podemos comprender mejor la magnitud de las manifestaciones de estudiantes que se han dado en Hong Kong en las últimas semanas, mismas que, a pesar de que han perdido fuerza, resultan un parteaguas, tal vez no en el corto plazo para la China continental, pero sí para la Región Administrativa Especial de Hong Kong.

Además de ver a jóvenes que se caracterizaron por sus paraguas, mismos que servían para protegerlos de los gases lacrimógenos, las manifestaciones que tomaron Hong Kong tuvieron gran simbolismo y demostraron que la democracia es un bien que se debe preservar y proteger, entre otros aspectos, por medio de una ciudadanía fuerte, participativa, informada y corresponsable, como lo expresaron con acciones los miles de manifestantes en las calles de la ciudad, quienes no sólo recogían la basura que tiraban sino que hasta hacían la tarea sentados en la acera.

Pero ¿qué buscaban los manifestantes? El gobierno de China se comprometió a permitir el sufragio universal en Hong Kong después de 2017, sin embargo, una nueva reforma proveniente de Pekín sí permitía este derecho, pero lo debilitaba al sólo permitir que los candidatos que aprobaran ciertas características establecidas por el gobierno central, fueran avalados para ser elegidos por los ciudadanos, lo que le quita la posibilidad a la ciudadanía de hacer sus propias propuestas.

Este hecho llevó a las calles a decenas de miles de manifestantes, quienes buscaban revertir dicha reforma y así lograr una democracia más plena para 2017, teniendo, como ha pasado en muchos otros casos en el mundo, a la tecnología y redes sociales como su principal instrumento. En el caso de Hong Kong se le conocía como el FireChat, una aplicación que les permite comunicarse sin señal de internet por medio de Bluetooth o radiotransmisores en una distancia menor a los 200 metros, esto porque es conocido que en China se restringen las principales redes sociales y más en dicho contexto.

La “revolución de los paraguas” ha perdido su fuerza aunque el gobierno aminoró sus ataques de los primeros días contra los manifestantes, quienes se distinguieron por su resistencia pacífica; aun así, vemos que sus demandas, como la renuncia del presidente ejecutivo Leung Chun-ying, no se convertirán en una realidad y tendrán que seguir negociando para que el voto universal pueda ser efectivo, al tener candidatos sin filtro y que sean propuestos por la ciudadanía.

Ante esta situación, podemos pensar que los 7 millones de habitantes que tiene Hong Kong posiblemente no tendrán la democracia que esperaban, sin embargo, en realidad han tenido un gran resultado: demostrar que la disciplina, la corresponsabilidad y la ciudadanía han podido aminorar la represión en el país que, aunque no fue en China continental, representa un avance democrático.

Los jóvenes no sólo tuvieron que lidiar con el gobierno sino también con muchos habitantes, quienes argumentaban que más allá de la política y la democracia, Hong Kong ha florecido por su comercio y fortaleza económica, puesto que es el séptimo exportador mundial, con el 2.7 por ciento de las exportaciones en todo el mundo y cuenta con la segunda bolsa de valores más grande del planeta, cotizando entre sus principales empresas un valor de 3.1 billones de dólares.

Es cierto, Hong Kong es sinónimo de desarrollo, comercio, tecnología y crecimiento económico, no obstante, es su Estado de Derecho, estabilidad política y reglas claras y transparentes, la que le brindan certidumbre a los empresarios e inversionistas, especialmente, si se les compara con las condiciones de la China continental.

Así pues, Hong Kong seguirá fortaleciendo esa dualidad entre su régimen chino tan particular y los valores de la democracia, porque tiene una generación joven, pujante, participativa y corresponsable, pero también a una población que hoy en día prefiere mantener el status quo para que la región siga siendo próspera, pero es en realidad, dentro de esos principios democráticos que se promovieron con un paraguas y un libro en la mano, los que han permitido que Hong Kong sea lo que es y lo que le permitirá seguir floreciendo, porque la democracia significa, entre otros, certidumbre al tener reglas claras, Estado de Derecho, transparencia y protección a las libertades políticas y derechos humanos de los habitantes.

Twitter: @carlosjguizar

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