PAN: la necesaria actualización programática
Publicada el Mar, Ene 22, 2019

Por Fernando Rodríguez Doval.

Carlos Castillo Peraza, uno de los pensadores más ilustres del PAN, estableció una interesante y muy útil distinción entre doctrina e ideología. La doctrina es una filosofía que debe ser enseñada, sus principios son afirmaciones universales y originarias que deben ser desarrolladas y continuadas. La ideología es, precisamente, el desarrollo programático de los principios de doctrina; es decir, la forma en que éstos se desdoblan en políticas públicas, leyes y decisiones de gobierno.

Desde esta perspectiva, la ideología no tiene un sentido peyorativo, es decir, no se considera un sistema cerrado de creencias preconcebidas y con un alto componente utópico, sino como el conjunto de ideas coherentes que se derivan de una cosmovisión doctrinaria y que llaman a la acción.

Existen partidos totalitarios que convierten sus propuestas ideológicas en verdaderos dogmas, por lo que no se permite la disidencia y solamente el líder máximo puede interpretar su ideología; estos partidos suelen funcionar de manera parecida a las sectas y la discusión democrática no tiene cabida. En el otro extremo, existen también partidos absolutamente pragmáticos y oportunistas, que simplemente se colocan en donde las encuestas dicen que están la mayoría de los electores; estos partidos lo mismo pueden ser de izquierda o de derecha, conservadores o progresistas, con tal de ganar el voto popular. Frente a estos dos extremos, igualmente perniciosos, están los partidos programáticos, que son aquéllos que tienen una base doctrinaria de carácter general, universal e inmutable, pero que permiten la deliberación interna a fin de interpretar cómo estos principios se adecuan a cada situación específica y concreta. Acción Nacional ha pretendido ser un partido con estas características.

La doctrina del Partido Acción Nacional fue definida por Efraín González Luna como humanismo político. Hunde sus raíces en la noción occidental y cristiana de la persona humana como ser único e irrepetible, con alma espiritual y cuerpo material, con inteligencia y voluntad, sujeto de derechos y deberes derivados de su eminente dignidad. A partir de esta visión sobre la persona, se afirma que la razón de ser del Estado y de la comunidad política es el bien común, entendido como el conjunto de condiciones materiales y espirituales que permiten el óptimo desarrollo de todos los individuos. En el humanismo político se reconoce que la persona cuenta con una sociabilidad natural que la lleva a formar comunidades –la primera de ellas, la familia– que se encuentran entre la propia persona y el Estado, y que contribuyen a su formación y desarrollo. Las relaciones que se desarrollan entre las personas y comunidades deben ser de solidaridad, ya que forman parte de la misma comunidad política cuyo fin compartido es el bien común. La participación del Estado en la vida social debe estar regida por el principio de la subsidiariedad, es decir, debe ocurrir únicamente en aquellos casos en los que la comunidad inferior no pueda desarrollar plenamente su función con autonomía, pero sin absorber nunca la iniciativa de cada individuo ni violentar su libertad.

A partir de estos principios generales, es imprescindible que Acción Nacional actualice su programa de acción política. El que está vigente data de 2004, cuando recién llegó al Gobierno federal y la situación de México y el mundo era diferente. ¿Qué tanto debe intervenir el gobierno en temas como la educación o la salud en el México de aquí y de ahora?, ¿qué facultades deben estar reservadas a la Federación y cuáles a los estados y a los municipios?, ¿cuántos impuestos y a quiénes se deben cobrar para poder garantizar ciertos bienes y servicios públicos?, ¿cuáles son los bienes y servicios que debe proveer el Estado y cuáles pueden quedar en manos de los particulares?, ¿cuáles son las medidas más eficaces para combatir la pobreza y la desigualdad?, ¿cómo compaginar el desarrollo económico con el cuidado del medio ambiente?, ¿qué posición deben tener los gobiernos panistas frente a los fenómenos migratorios?, ¿cuáles son las mejores instituciones jurídicas para proteger a la familia?, ¿qué posición asumir frente a nuevas ideologías como la de género o el animalismo?, ¿cómo debe ser la participación de las fuerzas y cuerpos de seguridad en la lucha contra la violencia?, ¿cuál es la política exterior que más conviene a los intereses del país?

Responder estas preguntas es tarea apremiante para todos los militantes de Acción Nacional, pero también para todos los ciudadanos mexicanos. Los partidos políticos son entidades de interés público que se financian con los impuestos de los contribuyentes, pero además son el instrumento a través del cual las demandas sociales se llevan a las instituciones.

Los partidos políticos son expresiones de una cultura, salvo aquellos que solamente existen por cuestiones de oportunismo político a fin de obtener el poder por el poder mismo; pero eso, incluso, es también una cultura (o anticultura, como podría ser el caso del PRI). Por eso no da lo mismo que gobierne un partido u otro, o que los parlamentos estén configurados aritméticamente de una u otra forma. La lucha política es, sobre todo, una lucha cultural e ideológica, es una lucha por convencer a las personas de que las ideas propias son mejores que las del adversario y que por eso merecen ser adoptadas y apoyadas en el espacio público.

Esto lo ha entendido bien Andrés Manuel López Obrador. A partir de una utilización masiva de símbolos y de una estrategia de comunicación omnipresente, ha logrado que al día de hoy una proporción importante de mexicanos simpaticen con sus ideas. La mejor manera en la que el PAN puede combatirlo y convertirse en una oposición que le sirva al país, es teniendo ideas y propuestas claras, distintas y distinguibles, que tengan la capacidad de convencer a los mexicanos de por qué nuestra opción es mejor. De ahí la necesidad de emprender un esfuerzo institucional por actualizar nuestro programa de acción política, que es el fundamento ideológico de nuestra participación en la vida de México.

 

Fernando Rodríguez Doval es Secretario de Estudios  y Análisis Estratégico del PAN.

Twitter: @ferdoval

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