Otro reencuentro con nuestra historia
Publicada el Mar, Sep 29, 2020

Por Alan Ávila Magos.

Mientras el mundo convulsionaba por el conflicto entre las potencias del eje y los aliados, que provocaría la Segunda Guerra Mundial, en México un grupo de notables se reunía para darle forma a un nuevo instituto político. Lo que se constituía en el Frontón México, ubicado frente a la Plaza de la República de la colonia Tabacalera en la Ciudad de México, no era otra cosa que la institución que desde la oposición, ante un gobierno hegemónico, centralista y autoritario, empujaría la democratización de México.

Los notables que cruzaban los pasillos del Frontón eran personas destacadas y distinguibles, con diferencias, por supuesto, pero con una ferviente coincidencia: la de la construcción de un México con instituciones sólidas que abonaran a la reconstrucción de la vida pública del país.

Quizá Gómez Morin, González Luna, Preciado Hernández, Gutiérrez Lascuráin, Estrada Iturbide y todos aquellos que se reunieron para darle forma al Partido Acción Nacional no dimensionaron lo trascendente de su esfuerzo inicial. Por supuesto que su visión y su intención en todo momento fue construir un partido que sobreviviera a las coyunturas y a las inestabilidades del momento histórico que se vivía, y que más bien se mantuviera en el tiempo. Por la época, era complejo, se requería paciencia y una tenacidad que se mantuvo avante desde el inicio.

Desde entonces se han escrito 81 años de historia. Como cada septiembre, los panistas nos volvemos a encontrar de frente con el pasado y el porvenir de nuestro Partido. Un pasado que nos hace sentir orgullosos de nuestro origen, por las razones que se ha fundado y la lucha incansable de tantos hombres y mujeres que jamás se rindieron cuando de trabajar por el México de nuestros ideales se tratara.

Un pasado que nos recuerda las derrotas y las victorias, pero también los momentos de prudencia, como en 1976, en donde se prefirió no enviar candidato a la Presidencia de México que traicionar la propia esencia. Un pasado que nos recuerda los errores y los aciertos, esos que nos han obligado a replantearnos si estamos haciendo lo correcto, pues incluso en los momentos de triunfo se puede perder el rumbo.

Un pasado que provoca que nuestra sangre hierba de alegría y la piel se erice por los discursos valientes y firmes, cuando no era una elección lo que se disputaba, pues la derrota estaba garantizada, sino era la vida misma la que estaba en juego. Siendo incómodos, bravamente incómodos, pero con la tranquilidad que solo la autoridad moral puede dar. Lo admirable es que esas ideas plasmadas en los discursos siguen tan vigentes en nuestros tiempos.

Los días que ahora a nosotros nos tocan vivir parecen muy distintos a los que vivieron nuestros fundadores y los hombres que continuaron en la brega de eternidad durante las décadas posteriores. Lo que no es nada distinto es el hambre y el dolor evitable que millones de mexicanos siguen viviendo. No es distinta la frustración de la injusticia, el miedo provocado por las desigualdades, la violencia y las enfermedades, pues el Estado no ha sido capaz de proteger las garantías individuales de sus ciudadanos.

La historia nos vuelve a encontrar a los panistas una vez más, como cada septiembre. Nuestro Partido no fue fundado en 1939 creyendo que, en 2020, 81 años después, la justicia fuera un circo y que la justicia fuera dirigida por la frustración y ejercida a través de consultas populares. No fue creado para doblegarnos ante los caudillos ni sucumbir ante quienes atentan contra la democracia, las instituciones y el Estado de Derecho.

El prestigio de nuestro Partido vuelve a exigirnos la mejor versión de cada uno de sus militantes. Nos exige la confrontación de ideas y de la unidad genuina, de la deliberación y de la generosidad, de la valentía y de la prudencia.

El PAN nació cuando aún ni la democracia existía. Hoy, México nos pide que entendamos que hoy está en juego, algo incluso superior a nuestro propio Partido, y es la democracia misma. No existe receta mágica y el camino se hace al andar. La realidad también es que no necesitamos buscarle cinco pies al gato. Habremos de volver a encontrar guía en la tempestad, cuando cada uno de nosotros, los panistas, recordemos cuál es nuestro origen. Nuestro faro está en nuestra doctrina misma.

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