Estamos a unas cuantas semanas de una elección verdaderamente histórica. Quizá nunca antes una elección intermedia para renovar la Cámara de Diputados había recibido tanta atención. Las circunstancias así obligan: estamos ante el premeditado intento de instaurar un régimen autoritario con un profundo componente ideológico de tipo social-populista. Por lo tanto, la elección legislativa puede ser la gran oportunidad –quizá la última— para colocar un muro de contención a un presidente verdaderamente enloquecido y que no escucha razones.

En un escenario de tanta polarización, en donde existen dos bandos perfectamente bien definidos –o se está con la autodenominada “Cuarta Transformación” o se está frente a ella— es difícil permanecer neutral. Apelar a un ambiguo “centro” frente a quienes pretenden destruir instituciones democráticas y manejar la economía de una forma torpe y peligrosa, no solamente no es posible, sino que puede ser profundamente irresponsable. Frente a los aspirantes a tiranos, los demócratas deben colocarse enfrente con firmeza y valentía. Y también, ciertamente, con inteligencia.

En este escenario, el Partido Acción Nacional ha emergido como el gran articulador de los esfuerzos opositores. Como el puente entre diferentes partidos y la sociedad civil organizada. Como el referente de quienes quieren una alternativa distinta y mejor.

Ahora bien, es pertinente preguntarnos en qué consiste esta alternativa. Un riesgo que corre el PAN en este ambiente de polarización es que la ciudadanía tenga claridad en lo que se opone, más no en lo que propone. ¿Cuál es el México que quiere el PAN?, ¿existe una propuesta panista ante esta elección?

El PAN es quizá el único partido de México que tiene claridad en su modelo de país. Su doctrina fue definida por Efraín González Luna como “humanismo político” y hunde sus raíces en la noción occidental y cristiana de la persona humana como ser único e irrepetible, con alma espiritual y cuerpo material, con inteligencia y voluntad, sujeto de derechos y deberes derivados de su eminente dignidad. A partir de esta visión sobre la persona, se afirma que la razón de ser del Estado y de la comunidad política es el bien común, entendido como el conjunto de condiciones materiales y espirituales que permiten el óptimo desarrollo de todas las personas. En el humanismo político se reconoce la sociabilidad natural de la persona, que la lleva a formar comunidades -la primera de ellas, la familia- que se encuentran entre ella y el Estado, y que contribuyen a su formación y desarrollo. Las relaciones que se desarrollan entre las personas y comunidades deben ser de solidaridad, ya que forman parte de la misma comunidad política cuyo fin compartido es el bien común. La participación del Estado en la vida social debe estar regida por el principio de la subsidiariedad, es decir, únicamente en aquellos casos en los que la comunidad inferior no pueda desarrollar plenamente su función con autonomía, pero sin absorber nunca la iniciativa de cada individuo ni violentar su libertad.

El PAN defiende la vida desde el momento de la concepción, porque es el primer derecho humano sin el cual los demás no pueden existir. Cree en la familia como escuela de convivencia y espacio para la formación de las personas. Cree en la propiedad privada y en la libertad económica, a fin de atraer inversiones, crear empleos, generar riqueza y desarrollo, pero también está convencido de que el Estado debe intervenir de manera subsidiaria para garantizar igualdad de oportunidades, y una vida mejor y más digna para todos. Se debe erradicar la pobreza con políticas que aumenten las capacidades de las personas. El PAN promueve la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres. El PAN está convencido de que un régimen democrático es el que mejor garantiza la defensa de las libertades y el equilibrio y contrapeso entre los poderes. El PAN cree en el federalismo como fórmula territorial que debe buscar la eficiencia administrativa. El PAN postula que la actividad política es una actividad ética y que debe diseñarse un entramado institucional para prevenir la corrupción. El PAN está convencido de que la seguridad de las personas es una de las razones de ser del Estado, y que éste no debe claudicar ante los que pretenden quitarle el monopolio de la fuerza física legítima. El PAN apuesta por el desarrollo humano sustentable, como garantía de que las próximas generaciones podrán gozar de los mismos recursos naturales que las actuales. Por eso es que el PAN cree en las nuevas tecnologías, las energías limpias y renovables. El PAN defiende una visión de política exterior activa, del lado de los países democráticos frente a las dictaduras.

El PAN es un partido con causa y de causas. Tiene doctrina y tiene propuesta. Las alianzas lo fortalecen, no lo desfiguran, precisamente porque tiene claridad de hacia dónde ir.

 

Fernando Rodríguez Doval es Secretario de Estudios y Análisis Estratégico del CEN del PAN.

Twitter: @ferdoval