Al cierre de esta edición la economía moral que presume el gobierno, el nuevo modelo que supuestamente sustituye al neoliberalismo, generó cuatro millones de nuevos pobres, anuló el aumento a los salarios mínimos y desató una carestía nunca vista en el presente siglo.

La voracidad del gobierno causa carestía. El gobierno exprime cada día más a los consumidores y a los contribuyentes cautivos. Los impuestos especiales son una fórmula para exprimir a los mexicanos, especialmente en el caso de las gasolinas.

Con esos impuestos especiales, el gobierno quita a los mexicanos el pan de la boca y todo el dinero que recauda lo tira en obras sin sentido como Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya.

El gobierno actúa con maldad y con dolo. Conoce la solución, pero no la aplica. En campaña prometieron desaparecer los impuestos especiales a las gasolinas, es hora de que lo cumplan.

Los combustibles son uno de los detonadores más importantes de la inflación. Solamente por impuestos especiales, el gobierno se embolsa cinco pesos por cada litro de gasolina y seis pesos por cada litro de diésel. Ofrecieron la gasolina a 10 pesos, pero el litro de Magna ya está en 25.

En este sentido, el presidente miente descaradamente cuando dice que las gasolinas no subirán más que la inflación. El año pasado, la inflación fue del 7.3 por ciento, pero la Premium subió 20 por ciento y la Magna 13 por ciento.

El gobierno quita con una mano lo que da con la otra. Las dádivas electorales no alcanzan para compensar el aumento en el precio de los alimentos. Cada día son más los trabajadores que no ganan lo suficiente para comprar la canasta básica alimentaria. El 2021 cerró con cuatro de cada diez trabajadores condenados al hambre y la miseria.

A cuatro de cada diez trabajadores no les alcanza para tortilla, pasta para sopa, pan blanco, pan de dulce, arroz en grano, cereal, bistec, jamón, pescado, yogur, huevos, papa, cebolla, chile, frijol, azúcar, jitomate y refrescos.

Por cada litro de refresco, el gobierno se embolsa un peso y 40 centavos por “impuestos especiales”. Lo mismo pasa con la energía eléctrica. En tres años del gobierno de López Obrador la luz ha aumentado casi cuatro veces lo que aumentó en todo el sexenio anterior.

Pero lo peor está por venir. La contrarreforma eléctrica anunciada por el gobierno espanta inversiones, paraliza operaciones y propicia la fuga de capitales. Esto se reflejará en mayores precios de la luz para todos.

Sólo el año pasado, por pérdida de confianza, los inversionistas en deuda del gobierno sacaron del país más de 250 mil millones de pesos, la fuga de capitales más alta en los últimos 30 años.

Además, el gobierno no tiene dinero para invertir en infraestructura eléctrica, mucho menos tiene de dónde sacar los 400 mil millones de pesos que se perderían en litigios con la contrarreforma eléctrica.

Acción Nacional quiere que la gente pague menos por la energía eléctrica y eso sólo se consigue con la competencia. El monopolio es carestía.

Queremos energías limpias porque son más baratas y no dañan la salud, como la contaminación provocada por el uso de carbón para producir electricidad.

Queremos paneles solares en la casa de cada familia mexicana, porque así el precio de la luz bajará de manera drástica, porque el aire y el sol son gratis. Queremos un Estado de derecho donde las inversiones privadas no estén sujetas al capricho del presidente.

Queremos un país de instituciones. El sueño infantil de abolir el neoliberalismo por decreto ha generado más pobreza, más desigualdad y más violencia. Ha generado también la mayor inflación y carestía en lo que va de este siglo, afectando gravemente a las familias mexicanas.

Al cierre de esta edición sigue la pandemia, tenemos que seguir cuidándonos, ya algunos países ven la luz al final del túnel. Es deseable que esto sea confirmado muy pronto por la ciencia.

 

Felipe de Jesús González Castañeda es Secretario de Comunicación del CEN del PAN.

Twitter: @Felipe0465