De todos es conocido que las mujeres, por su función reproductora, fueron excluidas de la creación de la riqueza, no sólo en la producción directa de mercancías, también lo fueron en toda una red de instituciones y servicios sociales como los medios masivos de comunicación, hospitales y universidades, que sostienen de alguna manera todo el aparato social y sirven para mantener y reproducir la fuerza de trabajo.

La mujer fue por mucho tiempo un engrane más que carecía de poder. La maternidad determinaba los objetivos sociales y económicos, y servía para excluir a las mujeres de la producción y de la vida pública. La mujer era la encargada de la reproducción y el hombre transformaba y conquistaba el medio ambiente.

Tenemos conocimiento de la lucha que emprendieron las mujeres para que les fuera reconocido el derecho a votar y a ser electas, pero no son muchas las que se han enterado del esfuerzo de muchas mujeres para lograr el ser contratadas en puestos de trabajo, que sólo tenían los varones y por obtener los mismos salarios por el mismo puesto de ellos.

Las mujeres solteras de clase media, rezagadas dentro del ámbito doméstico, se empezaron a movilizar para lograr ser admitidas en la vida profesional, que hasta entonces no estaban acostumbradas y eran consideradas estorbos dentro de su grupo familiar.

El acceso de las mujeres de la burguesía a la educación, les permitió tener acceso a cargos de enfermeras y maestras, pero las mujeres trabajadoras que no tuvieron acceso a la educación fueron obligadas a incorporarse al sistema fabril en situación desventajosa y en condiciones extremas.

Las mujeres reaccionaron, unas por exceso de tiempo y otras por carecer del mismo y con enorme carga de trabajo, lucharon por mejoras y por su inclusión en el aparato productivo, en condiciones de igualdad con los varones. Los cambios en las estructuras de clase propiciaron transformaciones en el interior de las familias, consideradas como mediadoras entre las mujeres y sociedad.

Los movimientos feministas que comenzaron a aparecer tuvieron objetivos principalmente económicos. Además, las mujeres exigían tener acceso a trabajos considerados exclusivamente masculinos. Las mujeres casadas pedían tener derecho a administrar sus propios ingresos.

Otra de sus luchas fue el lograr la admisión de las mujeres a las universidades, ellas querían participar en actividades profesionales y lograr el nivel necesario para manejar mejor sus asuntos domésticos y financieros.

Una vez que la mujer se incorporó a los asuntos domésticos y financieros, a la educación y a las actividades que les permitieron su manutención, los movimientos feministas tomaron otro giro. Adquirieron una dimensión moral que buscaba abolir la prostitución, generalmente regulada por el Estado y a eliminar el alcoholismo. Para lograr lo anterior recurrieron a la persuasión moral y a movilizar la opinión pública, que contradictoriamente siempre combate lo que afecta al ámbito moral y a las buenas costumbres de la sociedad.

En todos los países de Europa y América del Norte, el paso siguiente de las integrantes de los movimientos feministas sería el demandar el derecho a votar y ser electas, lo cual unificó al mayor número de mujeres.

 

María Elena Álvarez de Vicencio es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.