En el último tramo de las campañas estamos a días de la cita electoral, quizá la elección más atípica y definitoria de las que hemos vivido en la era democrática. Hasta antes del dos mil, salvo raras excepciones, las elecciones eran trámites para la definición de autoridades, después fueron el instrumento para conocer la decisión ciudadana, cada vez con mayor equidad y mayor número de opciones.

Ahora lo que está en juego es si continuamos con un sistema democrático, siempre perfectible, o regresamos al autoritarismo y concentración de poder. Paradójicamente, en la elección con mayor número de partidos contendientes, sólo hay dos opciones: validar la democracia o rechazarla.

Proceso electoral que se da dentro de una pandemia que ha cambiado nuestra forma de vivir y que afortunadamente va menguando, pero las normas sanitarias harán más lento el proceso de votación con las graves consecuencias que de ello derivan. Un proceso electoral donde el presidente en clara violación a la ley, interviene y reconoce que lo hace porque “sus valores” están por encima de la ley.

Durante el proceso no sólo hemos tenido mayor uso de poder del presidente en favor de sus candidatos, sino también un mal humor presidencial que a muchos hace suponer que no cree obtener, a la buena, resultados favorables. Y para colmo la tragedia de Tláhuac y la pésima reacción presidencial que muestra su desprecio por el dolor ajeno y desnuda la incapacidad de MORENA y sus gobiernos.

Hace tres años, el propio día de la elección nadie esperaba los resultados avasalladores que le dieron triunfos a MORENA en todo el país, hace apenas tres meses los pronósticos eran muy favorables al partido del gobierno y sus aliados, de los 15 estados que renuevan gubernatura, salvo Querétaro, en todos los demás se predecía el triunfo de MORENA; hoy día confiamos en que MORENA no tenga más de un tercio y en la Cámara de Diputados de mayoría calificada ahora la moneda está en el aire para ver quien constituye mayoría.

Buena parte de este cambio en la realidad ha sido la constitución de la alianza “Va por México”, que permitió visualizar a la ciudadanía con mayor claridad lo que está en juego en esta elección, sólo dos alternativas, democracia o autoritarismo. Contra las predicciones de quienes se oponían ha habido muy buen grado de cohesión en la batalla entre las tres fuerzas.

Cuando en el PAN, a partir de los resultados de elecciones anteriores y de las encuestas que disponíamos, vimos que sin alianza no había un solo escenario donde MORENA no tuviera mayoría en la Cámara de Diputados, y en algunos supuestos ganaba mayoría calificada, nos quedó claro que ir solos era, en los hechos, darle el triunfo al autoritarismo.

Desde luego que siempre hemos estado consientes de los riesgos posteriores a la elección, como que nuestros hoy aliados, pacten con MORENA votaciones clave para la nación, o que diputadas y diputados que con nuestros votos les daremos el triunfo, luego traicionen y se cambien de filas, si se vuelven realidad sólo recordemos que de no haber ido en Alianza le daba casi en automático la mayoría a MORENA.

De aquí a la elección, el día de la jornada y después, el presidente usara de manera ilegal todos los recursos a su alcance para presionar en favor del autoritarismo, no debemos bajar la guardia ni dejarnos sorprender, son y serán días claves en nuestra historia nacional.

Independientemente del resultado de la elección, la lucha por un mejor país se mantiene, sólo el trabajo en favor del bien común, el diagnóstico correcto de los problemas que vivimos y en consecuencia las propuestas de políticas públicas que los resuelvan, el interés genuino por la gente y la empatía con sus circunstancias, sólo así, con esta brega de eternidad avanzaremos en nuestros propósitos.

 

Héctor Larios Córdova es Secretario General del CEN del PAN.

Twitter: @LariosHector