Nuestra democracia, los partidos políticos y el PAN
Publicada el mar, Dic 11, 2018

Por María Elena Álvarez Bernal.

Después de la Independencia y de la caída del imperio de Iturbide en 1812, los Borbónicos y los Republicanos encontraron cauce a sus inquietudes políticas en la mazonería e integraron las logias de los Yorkinos y los Escoceses, que eran una especie de partidos.

De 1823 a 1860 se disputaban el poder federalistas y centralistas, los cuales se hacían llamar Partidos Liberal y Conservador, pero en realidad no eran partidos sino clubes políticos o movimientos en torno a caudillos.

Con el porfiriato se eliminó la formación de clubes y partidos, desaparecieron los Constitucionalistas y los Liberales, y también el Club de Obreros Antirreleccionistas. La meta porfirista era “poca política y mucha administración” con su lema orden y progreso.

En 1892 surgió la Unión Liberal, que era una asociación de intelectuales y profesionistas connotados como Justo Sierra. Los Científicos, con su jefe Limantour, también formaron su asociación. En 1901 nació el Club Liberal Ponciano Arriaga, el cual no aludía a partidos políticos y sus miembros elogiaban las libertades pisoteadas por el porfiriato, exigían el cumplimiento de la Constitución de 1857. En 1909 Francisco I. Madero, para lanzar su candidatura a la Presidencia, formó el Partido Nacional Antirreleccionista, aun cuando no lo incluía ninguna legislación.

Finalmente, la Ley Electoral de 1918 consagró la figura de los partidos políticos como elementos importantes del proceso electoral, con lo cual se alentó su creación. Calles formó el Partido Nacional Agrarista. También surgieron partidos regionales en Campeche y Tamaulipas, cuyos documentos y organización sirvieron, según Portes Gil, como modelos para la creación del PNR que posteriormente sería el PRI.

Después de la Revolución la competencia por alcanzar la silla presidencial se volvió una lucha a muerte. Los generales que habían arriesgado su vida en ella se sentían con derecho a ocuparla y en esa competencia perdían la vida.

En 1928, Calles trató de remediar tal situación y se propuso pasar del modelo de caudillos al de las instituciones. Para lograrlo formó el Partido Nacional Revolucionario (PNR). Lázaro Cárdenas fue el primer candidato postulado por ese partido y gobernó de 1934 a 1940. Durante su gobierno transformó al PNR en PRI e integró en él a los ciudadanos por medio de los sectores obrero, campesino, militar y el popular en el que cabrían todos los demás Para la designación del siguiente candidato se dejaron de usar las armas y el partido empezó a utilizar la negociación y los acuerdos.

Se creó además otro partido, el Auténtico de la Revolución Mexicana, en el que se integró a todos los generales sobrevivientes y por medio de él obtenían cargos de elección o puestos en el gobierno.

La naciente izquierda mexicana también encontró un sitio con la creación del Partido Popular Socialista que formó Vicente Lombardo Toledano. México había entrado a la modernidad y los procesos electorales dejaron de ser luchas a muerte.

Los grupos de las facciones revolucionarias se habían asegurado en el poder con la formación del partido oficial y de los otros partidos que algunos llamaban “paleros”, ya que postulaban siempre al mismo candidato presidencial del PRI.

Toda acción de la ciudadanía fue mediatizada con la integración de los sectores en el partido. El pueblo era considerado como masa y la nación como patrimonio del Estado. Los ciudadanos que no se sentían integrados en los sectores del partido oficial carecían de espacios para la vida pública. Esto generalizó la apatía y el desinterés por la actividad política de los ciudadanos independientes y los procesos electorales fueron controlados por el gobierno y su partido oficial.

Fue en estas circunstancias cuando el Partido Acción Nacional surgió con el propósito de dar con su doctrina una respuesta ideológica al pragmatismo de los gobiernos revolucionarios. Quería ofrecer a la ciudadanía que había sido desplazada, un instrumento y un cauce para su participación en la vida pública. El PAN sería una organización para que los ciudadanos, a través de ella, pudieran ejercer sus derechos y cumplir sus obligaciones, permanentemente y no sólo con el fin de apoyar candidaturas coyunturales.

Acción Nacional se proponía, ante todo, formar la conciencia ciudadana y reivindicar para la sociedad sus derechos políticos y su capacidad de asociarse en organizaciones independientes del gobierno.

Se proponía también la reforma de las estructuras sociales y políticas, y movilizar a la sociedad para que se mantuviera vigilante de ellas. El Partido sería un impulsor del cambio social con un Modelo de Nación que respondiera al sentir de un gran número de mexicanos que no habían sido tomados en cuenta para decidir el rumbo por el que se estaba llevando al país. Ese Modelo de Nación tendría como premisa el respeto a la dignidad de la persona humana y al ejercicio de sus derechos, con la responsabilidad común de la tarea política para la consecución del Bien Común como finalidad nacional.

Esto fue el origen y los propósitos de la fundación del PAN, que hoy atraviesa por una crisis, no de su esencia doctrinaria como la tuvo en otras épocas, sino debida a la superposición y alteración de valores que ha hecho privilegiar los intereses particulares, olvidando el Bien Común y los otros fines del Partido.

Durante sus primeros cincuenta años el PAN no obtuvo puestos de poder importantes, pero fue una oposición responsable, asertiva y propositiva, congruente con su doctrina. Su rectitud fue valioso impulso para formar la conciencia ciudadana y despertar el interés por participar en la vida pública.

El desempeño de las primeras legislaturas panistas tuvo gran influencia en la transformación democrática de México. El comportamiento de toda la dirigencia y militancia panista del país fue poderoso ejemplo de lo que deben ser los verdaderos líderes nacionales y miembros de un partido político.

Todos los panistas, dirigentes y militantes tenemos hoy la obligación de marcar un alto a estos desvíos y reflexionar sobre lo que procede hacer para devolverle al Partido su esencia, su unidad y su propósito original. Muchos mexicanos que valoran al PAN lo están esperando.

Además, por el momento que vive el país se requiere un partido como fue el PAN cuando el gobierno y su partido eran una mayoría aplastante, sin posibilidad de que se aprobara nada que él no propusiera. La oposición inteligente, responsable y capaz que el PAN supo ejercer durante más de 50 años, en donde ganaba los debates, pero perdía las votaciones, fue capaz de mover la conciencia ciudadana y de romper el monopolio del partido oficial que parecía invencible.

El secreto estaba en la fuerza moral que los movía, los panistas lo daban todo sin esperar nada personal. Su meta era el Bien Común, el cumplimiento estricto de las leyes y las normas del Partido, e inspirados en la solidaridad alcanzar la democracia. Hoy, México requiere a ese PAN para avanzar por el camino correcto.

 

María Elena Álvarez Bernal es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.

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