Vicencio Tovar: el Presidente de la unidad
Julio 2026
Javier Brown César
Dicen que el dicho: “Ojalá vivas tiempos interesantes” es en realidad la adaptación inglesa de una maldición china, que refiere a tiempos turbulentos, de cambios abruptos y crisis. Este contexto altamente conflictivo y arduo fue el caracterizó el inicio de la presidencia de don Abel Vicencio Tovar.
En el crucial año de 1978 el PAN se encontraba al borde de la extinción después de una profunda crisis entre grupos antagónicos con posturas irreconciliables. Los partidarios de Efraín González Morfín, los efrainistas, estaban confrontados con los partidarios de José Ángel Conchello Dávila, los conchellistas. Para muchos panistas el Partido no tenía futuro, mientras que, en el fuero interno de otros, se pensaba que lo mejor era desaparecerlo, al considerar que Acción Nacional había dejado de ser un instrumento útil a la sociedad mexicana.
En este difícil escenario de profunda crisis interna Abel fue electo como nuevo presidente del PAN, no sin rispideces ni disidencias, ya que varios muy destacados panistas declinaron ser parte del nuevo Comité Ejecutivo Nacional. El reto que Abel enfrentaba era enorme, pero él era la persona indicada para sacar a flote al Partido que se hundía: tenía el temple, el temperamento, los valores acendrados, las convicciones profundas y la energía extraordinaria que se requerían para comenzar a navegar hacia nuevos horizontes.
Abel inició la reconstrucción de un PAN que lo había llevado dos veces a la diputación federal, dedicándose a la reorganización del Partido con la convicción de que la “mejor defensa de la institución es buscar sanamente una reconciliación entre nosotros”. Abel actuó con mano firme y pasión por la política, a la que consideraba un auténtico apostolado; en sus decisiones, en ocasiones molestas para ciertos sectores de la militancia contó con el apoyo de panistas de cepa como Rafael Preciado Hernández y Juan Landerreche Obregón, así como de su secretario general Alfonso Arronte Domínguez.
A Abel le tocó el primer y ríspido debate que había desatado la reforma electoral de 1977 y que consistía en la posible aceptación de las primeras prerrogativas para los partidos, las que incluían apoyo económico a candidatos, conceder franquicias postal y telegráfica y papel para las publicaciones. Para el PAN, un partido acostumbrado a vivir de exiguos recursos propios, obtenidos con el sudor y la sangre de su militancia, la aceptación de prerrogativas era como un anatema. Doña Lidia Torres, viuda de Gómez Morin, le había dicho a María Elena Álvarez, esposa y compañera indispensable de Abel, que “si mi esposo viviera, en este momento volvería a morir”. Después de intensos debates, se aceptaron las prerrogativas, menos el dinero de candidatos, lo que provocó disgustos y renuncias, como la del candidato a diputado Jesús Martínez Gil.
Durante su primer trienio, Vicencio Tovar dio pasos determinantes hacia la modernización de Acción Nacional: se creó el Instituto de Estudios y Capacitación Política, a cargo de Carlos Castillo Peraza, que se constituyó no sólo como un semillero de formación panista, sino como un think tank partidista, el primero de la historia. Además, se creó una Comisión Promotora para La Nación, órgano vital y fundamental para el PAN, y se profesionalizó la Comisión de Promociones Económicas, órgano partidista fundamental para hacerse con recursos vía cuotas y rifas de automóviles. Se creó el Centro de Información y Comunicación, con una biblioteca extraordinaria y un archivo histórico único, así como la Comisión de Propaganda. Además, restableció la organización de la Sección Femenina designando para tal efecto a Florentina Villalobos, quien puso los cimientos para que en 1980 se creara la Secretaría de Promoción Femenina.
En su informe al Consejo Nacional de finales de 1978, don Abel afirmó: “el Partido no puede quedar estático en medio de un mundo de dinamismo; la pluralidad que impone el crecimiento de un partido político que como el nuestro... está llegando a su madurez, implica la actuación en su seno de diversas posiciones, de diversas corrientes que deben ser no solamente toleradas sino bienvenidas y aprovechadas en tanto que no constituyan rompimiento con la esencia de los principios doctrinarios: a todos los necesitamos”.
Abel viajaba a todos los rincones, visitaba comités, se reunía con el panismo y en todo momento buscaba la conciliación y la unidad. Su titánico trabajo político unió a un PAN antes confrontado y dividido, y le dio nuevos ánimos y aliento a la organización. Parte de este esfuerzo fue la aprobación del tercer programa de acción política en la historia de Acción Nacional: el llamado Programa Básico 1979. Un aspecto fundamental de la fuerza doctrinal del Partido se plasmó en la extraordinaria Plataforma Legislativa 1979-1982, elaborada por Carlos Castillo Peraza, la cual estructuró con base en cuatro derechos fundamentales: a la vida, a la verdad, a la justicia y a la libertad. En junio de 1980, se realizaría la Primera Reunión de Diputados Locales, hoy una rica tradición panista.
Al final de su primer trienio, el PAN estaba en franca recuperación. Abel fue reelecto para un periodo más. De cara a la campaña presidencial de 1982, Vicencio dio muestra indudable de su extraordinaria visión política: en lugar de postularse prefirió mantenerse en su responsabilidad al frente de la organización, a la cual siguió fortaleciendo durante su segundo mandato. Con Pablo Emilio Madero como candidato presidencial, el PAN demostró su fuerza: se lograron 3.6 millones de votos, una votación histórica.
Hacia el final de su gestión, don Abel reivindicó el papel del Partido como factor determinante de cambio: “es necesario reivindicar el derecho que nos corresponde: ser factores en las decisiones que dentro del gobierno y para sustentación del Estado se tomen y manteniendo impoluto nuestro papel de oposición, lo hagamos más efectivo al aprender a ser señores dentro de nuestra propia casa”.
Abel consolidó la unidad del PAN y sentó las bases de la modernidad partidista. Su talante humano lo demostró en más de una ocasión, basta mencionar que, aquejado por la enfermedad que lo llevaría a la tumba, no pudo asistir al cierre de campaña de Pablo Emilio Madero; pero días después, dolorido y en silla de ruedas acudió a votar, dando ejemplo de la férrea voluntad que lo caracterizó a lo largo de toda su vida. En 1988, ya como coordinador del Grupo Parlamentario en la Cámara de Diputados, tuvo el temple y los arrestos para evitar que hubiera una confrontación letal entre diputadas y diputados electos, y los militares que resguardaban los paquetes electorales. Esa fue una muestra más de su fortaleza y temple. Don Abel falleció el 26 de noviembre de 1994, pero su legado ha trascendido y su memoria y obra perdurarán por siempre.