Epígrafe.

Venezuela declaró su independencia de España el 5 de julio de 1811. Tierra de Simón Bolívar, el prócer que tuvo como edecán al hijo de Agustín de Iturbide, convocó al Congreso de Panamá de 1826 para proponer la Anfictionía de Naciones Latinoamericanas.

 

Asentada sobre anchísimos yacimientos petroleros de excelente calidad para refinación, Venezuela nos presenta una historia como la de muchos países de nuestro continente: de rudas dictaduras militares que, en lugar de ser el medio para rescatar a su pueblo mestizo de la pobreza, convirtieron sus envidiables recursos en enriquecimiento personal en contubernio con el dominio extranjero.

El primer golpe de Estado fue de José Antonio Páez, que en 1830 disolvió la Gran Colombia ideada por Simón Bolívar. Seguirían otros. La dictadura de Juan Vicente Gómez, que comenzó en 1908 y duró 27 años en el poder, fue la más larga de su historia. Hacendado ganadero trató al país como patrimonio propio con fuerza política y militar hasta su muerte en diciembre de 1935.

En 1914 se descubrió petróleo de alta calidad y Gómez atrajo a empresas británicas y estadunidenses con amplias concesiones de explotación. Para 1929 el país era el segundo productor de petróleo mundial y Caracas se convirtió en imán de titánicas luchas por explotar sus generosos pozos. Gulf Oil y Standard Oil de Estados Unidos y la Royal Dutch Shell, inglesa, controlaron más del 95 por ciento de la producción. El famoso Calouste Sarkis Gulbenkian, “Mister 5%”, cobraba de la Anglo-Iranian Oil la inaudita comisión con la que amasó la fabulosa fortuna que hoy sostiene la fundación social y cultural que lleva su nombre.

Muerto Juan Vicente Gómez no cambiaron ni la propiedad del petróleo ni el corto grupo de beneficiados. Venciendo a los que intentaron democratizar al país, Marcos Pérez Jiménez derrocó en 1945 a Isaías Medina Angaritia y a Rómulo Gallegos en 1948, para encabezar una dictadura de 1952 a 1958; una huelga general en la que convergieron partidos, juntas ciudadanas, estudiantes, empresarios y grupos culturales lo derrocó. Vivió luego en Madrid gozando de su enriquecimiento ilícito. Murió en septiembre de 2001.

Los siguientes años, los de “Punto Fijo”, se dieron con los partidos Acción Democrática y Social Cristiano-Copei con alianzas sindicales que atendieron necesidades populares. Las inquietudes por las caídas en los ingresos petroleros provocaron el rechazo a ese esquema y fue derrocado Carlos Andrés Pérez, dando la victoria electoral al militar Hugo Chávez que de inmediato introdujo una nueva constitución caracterizada por frecuentes consultas populares directas.

Hugo Chávez, en 1999, prometió el fin del régimen de corruptos abusos petroleros, decretando que la renta petrolera pasaría a ser de verdadera utilidad pública y se entregó a la tarea de fundar la República Socialista Bolivariana que cambió todos los aspectos de la vida nacional.

La dictadura de Chávez, que Maduro perpetuó después de su muerte, hundió a Venezuela en el marasmo actual de confusión y desastre económico.

Conforme pasa el tiempo, Nicolás Maduro sigue aumentando su poder en el puesto presidencial como su propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente y un nuevo Tribunal de Justicia compuestos por sus compañeros de partido. Se han realizado dos protestas cívicas contra del presidente Maduro, en 2014 y 2017, que fueron reprimidas causando cientos de muertes y heridos.

Pese al apoyo popular al candidato de oposición, Juan Guaidó, las elecciones presidenciales de 2018 se anunciaron como la victoria de Maduro. Más de 50 países, la OEA, Unión Europea, el Grupo de Lima y el Grupo de los 7 desconocieron este proceso electoral, lo calificaron como fraudulento e ilegítimo por no cumplir con parámetros internacionales. En enero de 2019 Guaidó se proclamó presidente legítimo respaldado por la Asamblea Nacional que entonces tenía la oposición.

Administraciones torpes y egoístas a lo largo de más de cien años han ofrecido al pueblo una ficticia prosperidad petrolera con un nivel de vida sin sustento. La explotación petrolera ha sido desordenada y dispendiosa.

Un primer intento de conciliación se hizo en Oslo con la ayuda de Barbados, pero fracasó. El segundo se hizo en República Dominicana. Después de que los cuatro partidos de oposición decidieron reanudar la Mesa de Unidad Democrática y aceptaron participar en las elecciones regionales y municipales del 21 de noviembre próximo, se han reanudado en la Ciudad de México, como anfitriona, las negociaciones facilitadas nuevamente por Noruega, acompañadas por Rusia y Países Bajos con una delegación oficial y el representante de Juan Guaidó.

En un acto público en el Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México, el representante de la delegación del gobierno de Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez, y el de la oposición, Gerardo Blyde, firmaron un documento en que ambas delegaciones mostraron su disposición a “acordar las condiciones necesarias para que se lleven a cabo los procesos electorales consagrados en la Constitución, con todas las garantías y entendiendo la necesidad de que sean levantadas las sanciones internacionales”.

Maduro reaccionó adjudicándose el mérito de acabar con el bloqueo electoral y de las negociaciones calificó a la oposición de representar a Estados Unidos, además de mandar iniciar un proceso contra Guaidó al que acusa de delitos financieros.

“Venimos a trabajar para buscar acuerdos que alivien la grave crisis humanitaria que sufre el pueblo de Venezuela, cuyo único responsable es el régimen, que ha impuesto un modelo generador de miseria”, afirmó Blyde en entrevista en la cancillería mexicana y añadió que “…los venezolanos sabemos que no habrá solución a nuestra profunda crisis económica mientras no haya democracia, lo que significa instituciones autónomas, respeto a los derechos humanos, regreso al orden constitucional, reglas claras de convivencia y que los venezolanos pueden elegir libremente su destino. Con ellos, Venezuela se reinsertará en el concierto de naciones, recuperará la confianza y avanzará hacia una recuperación económica sostenible”.

 

Julio Faesler Carlisle es integrante del Consejo de Plumas Azules.