Soluciones, no ideología
Julio 2026
Fernando Rodríguez Doval
En días pasados, el Partido Acción Nacional presentó 111 soluciones concretas a los problemas del país. Su presidente nacional, Jorge Romero, aseguró que esas soluciones no se basan en dogmas ideológicos, sino en medidas que pueden transformar la vida de las personas.
Lo mencionado por Romero es de la máxima importancia, ya que la política tiene sentido cuando mejora la vida de las personas. Esa debería ser la medida con la que se evalúe a cualquier gobierno o fuerza política: no la pureza de sus postulados ideológicos, ni la intensidad de sus discursos, sino su capacidad para resolver los problemas cotidianos de los ciudadanos.
México atraviesa una etapa harto complicada. La inseguridad continúa siendo la principal preocupación de millones de familias; el crecimiento económico es insuficiente para generar los empleos que demanda la población; la educación enfrenta un profundo rezago; el sistema de salud no ha logrado recuperarse de los errores de los últimos años, y el costo de la vida sigue presionando el bolsillo de los hogares. A lo anterior hay que agregar una involución autoritaria que ha afectado gravemente la calidad de nuestra democracia.
Ante esta realidad existen dos maneras de hacer política. La primera consiste en observar los problemas con objetividad, escuchar a los ciudadanos, analizar evidencia y diseñar soluciones concretas, aunque ello implique corregir viejas ideas o abandonar prejuicios ideológicos. La segunda consiste en interpretar la realidad a través de un dogma, intentando que los hechos se adapten a la ideología y no al revés. Lamentablemente, esa segunda ha sido la ruta elegida por Morena.
Durante los últimos años, muchas de las decisiones más importantes del gobierno federal han respondido más a convicciones ideológicas que a criterios técnicos. El mito ha matado al dato. La desaparición de organismos autónomos, la concentración de poder en el Ejecutivo, el debilitamiento de los contrapesos institucionales, la desconfianza sistemática hacia la inversión privada y la militarización de funciones civiles han sido justificadas como parte de un proyecto político, aun cuando diversos especialistas han advertido sobre sus riesgos y costos.
En materia económica ocurre algo similar. Mientras numerosos países buscan incentivar la inversión, facilitar la apertura de empresas y fortalecer la productividad, en México persiste una visión que suele considerar al empresario como un adversario y al mercado como un problema, cuando la experiencia internacional demuestra que el crecimiento económico sostenido requiere reglas claras, competencia, certeza jurídica e inversión pública y privada.
Frente a ello, el Partido Acción Nacional ha comenzado a construir una agenda distinta: una agenda centrada en soluciones.
Reducir el IVA para aliviar el costo de vida de las familias; disminuir el IEPS en los combustibles para abaratar el transporte y los costos de producción; exentar del ISR a quienes perciben los ingresos más bajos para fortalecer su poder adquisitivo; crear un régimen fiscal ultra simplificado que facilite la formalización de millones de pequeños negocios; impulsar la inversión y el empleo mediante certeza jurídica y menos burocracia; fortalecer la educación y la seguridad como condiciones indispensables para el desarrollo. Son propuestas que buscan responder a la pregunta sobre las necesidades de la sociedad mexicana.
La diferencia entre una política basada en soluciones y otra basada en dogmas radica en que la primera está dispuesta a cambiar cuando la evidencia demuestra que existe un camino mejor; la segunda permanece aferrada a sus postulados aun cuando la realidad los contradiga.
México necesita menos debates ideológicos estériles y más capacidad para resolver problemas concretos. Las familias preguntan si vivirán más seguras, si tendrán acceso a una buena educación, si encontrarán mejores empleos, si podrán pagar la gasolina, los alimentos o la renta, y si sus hijos tendrán un futuro con mayores oportunidades.
La política debe volver a poner a las personas en el centro. Gobernar es resolver. Y cuando la ideología impide encontrar soluciones, deja de ser una herramienta para transformar la realidad y se convierte en un obstáculo para el desarrollo del país.