Sheinbaum, la científica que desprecia el método de la verificación
En Palacio Nacional no gobierna una científica, sino una política.
Mayo 2026
Redacción
“Claudia Sheinbaum ha sido la única graduada en ciencias que ha llegado a la Presidencia de México. Obtuvo un doctorado e hizo carrera académica durante varios años”, expone Jesús Silva-Herzog Márquez en un artículo publicado en Reforma.
Añade que, con dichos antecedentes, no era absurdo esperar que esa formación dejara en ella sobriedad y rigor; algunos la llegaron a comparar con la canciller alemana Angela Merkel, de quien se dijo aplicó el método científico como proceso de gobierno.
El periodista y escritor mexicano subraya que Merkel se rodeaba de expertos y no llegaba a la conclusión antes de explorar la vastedad de las alternativas. Sin embargo, el colaborador de Reforma, tras esta comparación entre la ex mandataria alemana y la actual presidenta mexicana, señala que Sheinbaum no incorpora en lo más mínimo su experiencia académica y profesional a la práctica de gobernar.
Silva-Herzorg Márquez, en los primeros párrafos del citado artículo, reitera que, si Sheinbaum Pardo en algún momento proyectó imagen de seriedad por su contención y disciplina, hoy queda en evidencia que su administración da tumbos entre las deudas que se siente obligada en pagar, los compadres que la acompañan, los dogmas a los que sigue aferrada y las ocurrencias con las que sale al paso de las emergencias.
“En su sentido más elemental la ciencia exige desconfianza, desconfianza del conocimiento heredado, desconfianza del prejuicio propio, desconfianza en la intuición, desconfianza en todo lo que no descansa en demostración. La disposición intelectual de Sheinbaum es exactamente la contraria: fidelidad sectaria, lealtad ciega al patriarca y repetición a crítica de un ideario hecho de consignas”, expone.
Jesús Silva-Herzog exhibe que Sheinbaum Pardo es devota del continuismo, que no ha estado dispuesta a escuchar más que a los afines. Tras señalar las reformas que más han impactado de manera negativa a nuestro país, el periodista lamenta que la científica repita los lemas del apóstol como si fueran demostraciones.
Y, en este marco, cuestiona: ¿qué seriedad puede haber en una presidenta que cierra los ojos a la montaña de evidencia que la refuta?, ¿qué queda de una científica que desprecia el método de la verificación y se entrega por completo a la servidumbre de la palabra revelada?
El articulista subraya dos casos que pintan la falta de seriedad en su gobierno: la crisis que tiene Pemex y el recién nombramiento como director de una persona falta de experiencia, pero que es amigo de la UNAM, y la crisis diplomática con el vecino país del norte, con un representante diplomático carente de preparación para la labor a desempeñar.
Jesús Silva-Herzog Márquez concluye su análisis periodístico con la afirmación de que en Palacio Nacional no gobierna una científica, sino una política que en lugar de razones ofrece consignas, que desentiende las evidencias que en el momento le estorban y que prefiere la certeza del dogma a la exigencia de la prueba.